Betty Badaui

Cuando hallé mi propio silencio encontré tu voz.-
betty badaui
El adiós a Carlos Loiseau

Con tinta, con papelitos, con sonrisas...
Y con dolor también.
Así te despedimos, Caloi
Poemas: Gustavo Tisocco

SOY MORTAL
Me nutro de la caricia
que nace de océanos impetuosos.
Me construyo desde las tonadas
que esbozan mis valles.
Soy mezquita de un tiempo de cadencias,
eterno epitafio que nadie recuerda.
Soy mortal,
he visto en mis ojos una lágrima.
000000000000
Inertes
las sábanas
cubren
terremotos.
Entre ellos
no hay abismos.
Después de los gemidos
el silencio
parece inmenso
GUSTAVO TISOCCO
Poemas: Lilí Muñoz

Árbol polvo de luz
Reverbero de grises y esmeralda
atardecer sauzal entre alamares
ribera en Patagonia
en raíces de sur
está creciendo
árbol del norte
aquí
azul y polvo
menuco
rizoma de los mares
un otro árbol
nadie lo ha mirado
ni ve
solo yo
nosotros
fugaz nidal
tus ojos
refugios pendulares
árbol de luz el árbol
esfumó
transmutó en nieblas y ranura
caudal huecuvu
demoró en el desierto
vos y yo
hambre de azahares
encintrados
sorbimos la derrota.
000
Árbol de ojos umbríos
La seda de tus hojas
ennovió entre lunarios
lluvia risa de mayo
azuleador temprano
correntoso en la sed
y los albores.
En el país durmiente
árbol de ojos umbríos
mecen quietas riberas
espinilla la sombra
y es tu palabra apenas la que cruje de sol.
Si acaso nos hallamos
des/templarios des/tiempos
¿intentaremos ambos hasta agostar el mar?
Lilí Muñoz. Ciudad de Neuquén.
Haikus: María del Carmen Reyes

Sombra y vigilia.
Centinela en la noche,
un búho mira.
000
Rito estival.
Un grillo desvelado
sorbe la noche.
000
A cielo abierto
huérfana de paisaje.
Nada es eterno.
000
Amanecer.
Un pálido milagro
la flor del lirio.
000
Vítreo rumor.
Me regresa a la infancia
la voz del río.
000
A la intemperie.
Despojada de azul
y sin estrellas...
000
No son vivencias
son aquellas imágenes
que hoy regresan.
000
Sonido extraño
el eco de tu voz
en otro espacio.
000
A pleno sol.
Esta tarde, tus huellas,
ensombrecidas.
000
a mi mamá
Jazmín
Blanco silencio.
Inaugura el jardín
un ángel nuevo.
MARÍA DEL CARMEN REYES
Rosario - Argentina
Fuente: A CIELO ABIERTO, libro que presenta cincuenta haikus, he transcrito diez sin seguir lineamiento alguno ni preferencias emotivas ya que la totalidad del libro me atrae por igual y se pueden interpretar independientemente a cada uno de ellos; aunque debo aclarar que algunas frases y títulos nos acercan más al pensamiento de la autora.-
Edición Artes Gráficas Villarruel, año 2002, Rosario.
Relato: Raúl Astorga

-Caminar y dormir:
Sabía que la tarde era como esos programas malos de televisión, volvería, indefectiblemente, al día siguiente. Mientras tanto, Andrés, sabía que su divorcio lo llevaría a una rutina que tenía que ver con lavarse la ropa al llegar del trabajo y prepararse algún sánguche que alimentara de verdad o pareciera que alimentara de verdad. Tomate, mayonesa, algún bife a la plancha, un vasito de vino tinto barato y el silencio nocturno. Andrés sabía que la noche tenía su propia música que venía de instrumentos tan rústicos como el colectivo, el camión de la basura, las motos de adolescentes sin rumbo ni destino cierto. Entonces, intentaba corregir la anticadencia de algunos acordes encendiendo la radio para escucharla hasta quedarse dormido. De lunes a viernes, se dormía más temprano, pero los viernes y los sábados se quedaba hasta las cuatro o las cinco. Hacía tres semanas que cuando ya creía que había alcanzado el preciso instante de dormirse, se levantaba sobresaltado por un sueño que, si bien no era recurrente, sí lo era la persona con la que soñaba. Andrés sabía que esos sueños le impedían desempeñarse en el trabajo con la exactitud que requería su oficio. Trabajaba en un taller de costura, donde la mayor parte de las empleadas eran mujeres mayores en edad de jubilarse que cosían pantalones de trabajo. Andrés enhebraba las agujas de las máquinas, y recibía las más enérgicas protestas de las costureras cuando, por las horas de sueño perdidas, no embocaba el hilo en el ojo indicado. Él se defendía recordándole a ellas que cobraban su magro salario en negro y que eso era más grave que el hecho de que se demorara un par de minutos, o cinco minutos, o veinte, a veces, intentando denodadamente enhebrar la aguja respectiva. Andrés sabía que era inútil explicar que no era fácil soñar con Amanda Peet, quien se presentaba en distintas circunstancias, a veces como promotora de una pre-paga, a veces como vendedora en una heladería, a veces como una bruja malvada que le leía cartas oscuras que le vaticinaban un futuro para nada venturoso. Lo cierto es que una vez que Andrés se despertaba, encendía la radio y no se podía dormir más. Además, de nada servía explicarle a sus compañeras de trabajo quién era Amanda Peet, que había sido la novia de Seinfeld, que hizo un papel pequeñísimo en aquella película donde actuaban Michelle Pfeiffer y George Clooney, y que en los sueños le hablaba en un castellano doblado en un estudio con óptimo equipo de sonido. Aquel sábado decidió no salir, aunque había recibido propuestas diversas de amigas que deseaban sacarlo del pozo que le había excavado el divorcio reciente. Se puso a escuchar la 8, un programa donde los conductores discutían acerca de Cole Porter y de Dizzy Gillespie, otro hablaba de Grace Kelly en manos de Hitchcock, otro hacía referencia al art decó en Rosario, y una oyente de allende el Paraná solicitaba la presencia de un ignoto escriba que, parece, viene a leer sus cuentos de tanto en tanto. Andrés se reía de los resultados didácticos de la discusión, mientras entibiaba, para combatir su gastritits, una taza de leche a la que agregaba dos cucharaditas colmadas de Toddy. Estaba en eso, disfrutando como nunca de esa música, cuando alguien le golpeó la puerta. Un frío le recorrió la espalda, aunque de inmediato, se entusiasmó pensando que podía ser Peny, la artesana que conoció en la peatonal Córdoba una mañana de huelga de inspectores municipales, y que, de vez en cuando venía a dormir con él porque no soportaba los ronquidos de su padre, un jubilado tabacalero que tenía los pulmones destrozados. Apagó la cocina y caminó hacia la puerta. Abrió el postigo y se encontró con el rostro amigable de un hombre que se quitó el harapiento sombrero que llevaba, para saludarlo. Hola, amigo, le dijo, no es mi intención molestarlo a estas horas, pero escuché su radio, justo cuando me disponía a recostarme junto a su ventana. Ajá, dijo Andrés, que no tenía palabras para ese momento. Reconocí algo de Porter, y no pude evitar, ejem, ¿podría pasar a escuchar? En realidad, yo escucho siempre el programa pero hace unos días un tipo que doblaba con su Audi por Avellaneda, lo hizo tan cerrado y distraído, hablando por su celular, que me asustó, se me cayó la radio y le pasó por encima. Desde ese momento, vivo sin información, sin música, ni nada, y créame que es peor que no comer varios días. Andrés miró hacia el cielo, le pareció que estaba plomizo, midió que después de su divorcio en que ella le llevó todo menos la radio, qué podía llevarle el tipo éste, y lo invitó a pasar. Andrés le dijo que le parecía extraño que un hombre como él gustara de esa música, de la radio en general y de la información. No sea prejuicioso mi amigo, dijo el hombre que se presentó como Horacio, yo también tuve mundo. Estuve en Perú, en México, en Finlandia y en Nueva York, canté boleros y toqué el saxo hasta que una mujer me quitó todo y desde entonces ando en la calle durmiendo en cualquier parte y despierto soñando con la negra Bozán. Una vez que aparece en mi sueño la negra Bozán, puede pasar de todo hasta que me despierto y camino, porque mi vida se divide en caminar y dormir, y escuchar este programa en la madrugada del domingo. Usted me salvó la noche, si me deja escuchar el programa, le canto “La distancia”. Andrés lo miró y le preguntó qué quería tomar, mientras bajaba una taza blanca de la alacena. Algún mate cocido, dijo Horacio. Andrés puso la pava con agua, escogió un saquito de una lata herrumbrosa que había en un rincón de la alacena. Esperó el primer hervor, muy atentamente porque la pava no poseía silbador. Cuando estaban sentados, esperando, escuchando jazz, como dos personajes de una rayuela del nuevo siglo, se miraron a los ojos. Usted tiene una mirada triste, dijo el recién llegado. Andrés suspiró hondamente y dijo que, tal vez, la causa era la situación de su equipo de fútbol en la tabla de posiciones. No hubo más preguntas, sólo un instante de silencio que fue roto por Horacio cuando dijo: ¿si llamamos para ver si podemos ganar el libro? Tengo el teléfono inhibido. Me pueden llamar, pero yo no. Una pena, hace rato que quiero leer ese libro. Probaron sendos sorbos de sus tazas, mientras el conductor le preguntaba al operador si había mensajes grabados. Sí, los había: ...Andrés, si estás escuchando, soy Peny, necesito verte, mañana voy para tu casa, muy bueno el programa, anótenme para el libro, por favor. Andrés sonrió. La mañana siguiente fue distinta a la de los últimos días. Cuando Andrés se levantó, a eso de las once, salió del baño secándose la cara, caminó por el comedor pensando en Amanda Peet hasta que se sobresaltó cuando se tropezó con el pie de Horacio que caía en pendiente desde el sofá. Lo despertó y escuchó una voz adormilada que dijo: ¿ya pusiste el fuego para el asado?
Raúl Astorga
Delfina Acosta

EL BOSQUE DE LA VIDA
Busqué la guía de los hombres. Fui
por el carril del mundo pero igual
salieron a mi encuentro fogonazos
y lámparas portadas por personas
que erraron el camino y me pedían
la dirección exacta de la Cruz del Sur.
Volviéronse en mi contra las señales.
Las puertas que buscaba se ausentaron.
Y enfermas de silencio las aldabas
no respondían nunca a mis urgencias.
Pero las garzas me indicaron tibias
pisadas en las playas y los búhos
caída ya la noche con chistidos
al bosque de la vida me llevaron.
Allí sentí el aliento del lucero.
Y el beso de una estrella abrió mi boca.
DELFINA ACOSTA
Este mail fue enviado desde el WEBMAIL de ABC Color
Vicente Aleixandre

ADOLESCENCIA
Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
-El pie breve,
la luz vencida alegre-.
Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.
VICENTE ALEIXANDRE
Sevilla, 26 de abril de 1898
Madrid, 13 de diciembre de 1984
Breves

Ríe, y el mundo reirá contigo; llora, y llorarás solo.-
ELLA WILCOX
Corriendo en pos del placer se tropieza con el dolor.-
MONTESQUIEU
Nos encontramos en una corriente donde debemos remontar la marea. La tristeza también es una ola.-
RAINER MARÍA RILKE
Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.-
MARTÍN LUTHER KING
“Mi mayor reto diario es aprender a disfrutar de las largas horas de mi duro trabajo”.-
WHITNEY HOUSTON
deliteraturayalgomas

Cierta vez le preguntaron a BILAC (poeta brasileño): "Por qué vosotros fundasteis un club (la Academia Brasileña de Letras) y pasaron a llamarse inmortales? ¿Qué arrogancia es esa?". BILAC, que adoraba ironías, le dijo una respuesta que me pareció muy adecuada: "No es arrogancia, no, somos inmortales porque no tenemos donde caer muertos".
ANTONIO CALLADO
BRASIL - 1917/1997
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DE LITERATURA Y ALGO MAS
OLAVO BILAC fue un poeta brasilero (1865-1918) fundador de “la Academia Brasilera de Letras” y autor de la letra del “Himno a la Bandera Nacional” de Brasil.
Como orador público se destacó por sus respuestas rápidas e ingeniosas.
Transcribí la anécdota que sobre BILAC cuenta el periodista y escritor ANTONIO CALLADO para recordarlos antes de agradecer a quienes han participado en este sitio.
Feliz Día del Trabajador.-
BETTY BADAUI
Colaboradores: RAÚL ASTORGA, Rosario
LILY CHÁVEZ, Córdoba
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