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deliteraturayalgomas

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No hablaron una palabra

el anfitrión, el huésped

y el blanco crisantemo.

  MATSUO BASHO

Japón, 1644-1694

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              (a Carlos e Isabel)

    ¡Y qué somos,

Dios,

sino ayeres en movimiento;

aguas del río

que marchan

fatalmente

hacia su destino

de sal!

   ¡Ay de quienes,

desde su barca

observan

los horizontes lejanos,

transpuestos allá lejos

alguna vez

y anhelan virar su proa

hacia el reverbero

que, a la distancia,

los fascina…!

   Vana porfía:

las aguas

insenescentes

sólo habitan

en la represa

de la memoria.

  ORESTE ABIATTE

 Argentina, 1921-1999

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         De literatura y algo más

   Lectores, esta página editorial los recibe con dos poemas:  un haiku de un japonés célebre que lo admiro desde la primera vez que lo leí, y un poema de un santafesino sin fama y reconocido ampliamente por quienes lo leyeron, como excelente escritor.

   Gracias por compartir, ojalá les agrade.-

                             Betty Badaui

 

                             Raúl Astorga,   Rosario

Colaboradores:

                             Lily Chávez,    Córdoba

 

Contacto:  betty.badaui@gmail.com

 

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CUIDEMOS  EL  PLANETA

 

 

 

        

Poema: Yoli Rotenberg

Poema: Yoli Rotenberg

 

 

 

 

                     E X T A S I S

 

Ahora que la tarde ya se vistió de invierno

y el frío se estremece detrás de nuestro ardor,

mientras al aire vibren acordes de Beethoven

y en arco iris ardan las leñas del hogar,

habrá en mi voz un ronco murmullo de alboradas,

será la alfombra roja un tálamo ritual.

 

 

Desplaza en cada hueco, por todos mis rincones,

tus labios y tu lengua desmayados de amor.

Registra aquellos pliegues ocultos, misteriosos,

con tu cálido aliento, con tu roce sensual.

 

 

Divídime en retazos, en flecos, en encajes,

que cuando al fin mi centro, sucumbe ante tu empuje,

y desborde en gemidos, y te bañe de miel...

intregraré mi cuerpo, mi corazón y alma,

y seré golondrina que regresa a su fuente

para beber en ella, la paz de la verdad.

 

 

             YOLI  ROTENBERG

 

Falleció Renzo Antonelli

Falleció Renzo Antonelli

Acá la tristeza, con Renzo el amor total.

 

Bienvenido, Jhon Francis Peña Arévalo

Bienvenido, Jhon Francis Peña Arévalo

IDEOLOGÍA

Respirar sobre el aliento de la vida.

Comer los pétalos de alguna flor en primavera.

Tomar de bruces el sol,

sobre la pista de cualquier ciudad.

Me llamarían loco, pues tienen razón.

Estoy loco por disfrutar de mí.

Dormir con un gato sobre mi pecho.

Correr desnudo en la madrugada,

mientras todo el mundo duerme.

Escribir un poema, sin saber que escribir.

Pintar la ira con una protesta en las calles.

Gritar en alguna esquina lo que siente un vagabundo.

Me tildarían de insurgente,

yo contestaría que lo aprendí del Che Guevara.

Caminar con un perro en cualquier playa solitaria.

Ayudar al pobre y al rico, que es el más pobre.

Regalar todo lo que tengo, hasta quedarme sin mí.

Dejar que un niño me recete

algún medicamento en contra de la depresión.

Dirán que soy un soñador

o que sufro de delirio de grandeza.

Respondería que todo lo que existe

ha comenzado en un sueño.

 

Jhon Francis Peña Arévalo (Chulucanas – Perú, 1984).

Ha publicado un libro de cuentos “Hablando con la Soledad” – 2011 editorial J&M. y en el 2012 ha ocupado el tercer lugar en el “I concurso de microcuentos Lebu en pocas palabras” – Chile. Se ha reeditado dos poemarios, Dos lunas, O editores – 2007, y  Psicoanálisis de un poema, O editores – 2008, y por último, se menciona el galardón en el I Concurso de Poemas Temáticos en la Red Social de Poesía: "El mar".

 

 

Bienvenida: Beatriz Elías

Bienvenida: Beatriz Elías

-Cuando escribir abre caminos-

 

Algo que me encanta vivir es el momento en que una persona se acerca al taller y comenta que nunca o, en todo caso, muy pocas veces narró una historia escrita. Detrás de esa confesión se esconde el secreto que necesita esa magia que es capaz de unir algunos elementos que permite avanzar dentro de una aventura que, por suerte, nunca se sabe dónde va a terminar ni cómo va a terminar. Esos elementos que necesita la magia para convertir una idea en literatura son: imaginación, constancia, lecturas y muchas, pero muchas tachaduras y correcciones interminables que hay que aprender a intuir dónde alcanzaron su fin. Y la consecuente prosecución de ejercicios que permiten visualizar lo que antes pasaba de largo.

Con Beatriz Elías ocurrió eso, y por eso ya está involucrada en este viaje sin paracaídas que la llevará a donde ella quiera ir, contando todo lo que quiere contar y diciendo todo lo que quiere decir con el incomparable sabor de todo lo nuevo que se comienza sin saber cuándo ni dónde culminará.

Aquí, sus primeros pasos en cuanto a publicación. A disfrutarlos.

 

Raúl Astorga

 

 

 

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-Relato de Beatriz Elías (Tallerista de "Otro cielo")-

 

Nuevas experiencias

Después de largos debates, discusiones interminables, campañas de proselitismo a favor de una u otra opción , comparación de presupuestos, solicitudes de autorización denegadas y aprobadas que pusieron de relieve la eficacia de nuestra pequeña máquina burocrática y desnudaron antiguas rivalidades y enconos entre los protagonistas, ganó la consigna ¡arriba la fibra, abajo la tiza! Y llegué yo, el nuevo pizarrón del aula. Pocos soberanos y estrellas de cine pueden presumir de mejor recibimiento. No hubo profesor que no suspirara de alivio ante mi presencia, agradeciendo al cielo, al destino, a los ángeles, al Dios de su preferencia mi tan demorada adquisición. Tan auspicioso comienzo auguraba una ardua y prolífica tarea. Me desvío del relato para develarle un secreto que sólo yo y el administrador sabemos, no soy nuevo. Fui rescatado a precio irrisorio de una escuela, que por falta de presupuesto cerrò. Esa circunstancia de mi vida me permitió compartir momentos con viejos camaradas jubilados que en nuestras largas horas herrumbrados en el rincón del sótano me hablaban sobre los antiguos buenos tiempos. Y detallada, repetidamente me contaron lo aprendido. Mi expectativa por ende, era grande ¡cuànto iba a aprender acà! Sin embargo, todo fue diferente. Lejos de los esperados debates y nuevos conocimientos, sorprendido escucho que ante las preguntas del docente, no saben quiènes fueron las damas mendocinas, no escucharon hablar de Hitler ni mucho menos Urquiza, que afortunadamente , sí saben que es una calle. De golpe me siento extraño porque soy yo el que no conoce esos pequeños aparatos que teclean a diario, a veces disimuladamente, otras con descaro. -Ustedes especularán que tanto desgano y apatía se deben a mi mala suerte, imaginando que mi destino fue un aula de escuela secundaria rodeado de aburridos adolescentes agobiados o en el otro extremo infantes que aterrorizan a su maestra. Lamento decepcionarlos. Estoy en un aula de nivel terciario en una universidad privada.-

Beatriz Elías

 

 

 

 

 

 

Para niños: Raúl Astorga y María del Mar Pérez López

Para niños: Raúl Astorga y María del Mar Pérez López

Cuento: NO HAY FIN DEL MUNDO (Diciembre de 2012)
Por Raúl Astorga. Rosario, Provincia de Santa Fé, Argentina
Ilustración de María del Mar Pérez López (Didi), Guadalajara, España



Analí, Dadita y Raly eran tres primos que se habían preparado mucho para el fin del mundo. A tal punto se habían preparado que hacía como un mes no dejaban de hacer cálculos y de buscar herramientas y bolsos y alimentos para sobrevivir a la catástrofe.

El 20 de diciembre, penúltimo día del calendario maya, ya tenían todo listo para el viaje. Habían lavado sus bicicletas, habían cargado sus pertenencias más entrañables: sus libros, sus juguetes diarios, sus ropas preferidas y sus chocolates y galletitas que podrían extrañar.

Con todo el cargamento a cuestas, el 21, antes de que salga el sol, fueron hasta la montañita que estaba en el parque del pueblo. Desde allí partirían hacia la salvación. La idea era hacer un conjuro con todas sus fuerzas para lograr que sus bicis volaran hacia la Luna. La frase principal del conjuro era: E.T., E.T., ayúdanos a volar de una vez.

Empezaron a practicar la frase, a decirla a coro y con todas las fuerzas del corazón, sin darse cuenta de que los tres ya estaban volando hacia el espacio sideral. Con algo de temor, mientras miraban hacia atrás, y veían que la esfera donde habían vivido toda su vida se alejaba cada vez más, se hablaban de bici a bici, sin escucharse, hasta que Raly alunizó dando tumbos similares a los que daba cuando atajaba en el equipo de la escuela.

Los tres ya habían alunizado cuando se dieron cuenta de que como no había demasiada gravedad, comenzaron a flotar las galletitas y los chocolates, y los libros y los bolsos y mientras se preocupaban por atraparlos, el día 21 fue pasando: la tierra ya había dado una vuelta sobre sí misma desde que ellos se habían ido de allí.

El día 22, desde la estación central de la NASA, verificando que todo estaba normal en el espacio visible desde la tierra, con un telescopio muy potente, los científicos se asombraron al descubrir que tres niños, bah, dos niñas y un niño, hacían señas con los brazos en alto, como diciendo: hey, ¿no nos ven? ¿Pueden venir a buscarnos? ¡¡Queremos volver a casa!!

El director de la NASA dio la orden: Bueno, gente, ya que no hay fin del mundo, preparen el transbordador SIGLO XXI, hay que ir a rescatar a esos chicos.


 

Narrativa: Gonzalo Salesky

Narrativa: Gonzalo Salesky

ROSAS ROJAS

 

 

En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que le aplicaban en el rostro.

Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz –que por su ropa parecía ser el taxista– le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.

Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.

Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.

 

 

Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho.

Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes...

Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.

Entramos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada.

Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.

Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

Habló como si estuviera leyendo mi mente.

No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.

Se desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.

Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.

En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba.

Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

 

 

Ya en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.

Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.

Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.

Pero no iba a poder hacerlo.

 

 

Unos minutos más tarde estaba camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.

Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.

Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.

Les agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.

 

 

Después de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas.

Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.

 

 

Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.

Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.

Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.

Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.

Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.

Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que aceptara.

Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…

Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo.

Nos refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.

Caí sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.

 

 

Gonzalo Salesky

 

Poema: Víctor Hugo Tissera

Poema: Víctor Hugo Tissera

    EL AMOR, NO ES POCA COSA

 

        En las entrañas del ocaso

los violines ejecutan la danza del milagro.

   Una flor, nacida del destiempo

          suelta la lágrima,

   y cae en el ardor de una herida.

         Eternidades de soles

          tejen equinoccios

       en la urdimbre de la noche.

       En ese arrullo de sinfonías

    late la vida su costal sagrado,

          en esta existencia,

          demencial y breve.

      Así la noche se va pariendo

  con galanteo de siembra frutecida,

 y la mañana despierta en llamaradas

con sueños tatuados entre las sombras.

  La vida cobra esplendor de aurora,

        y vuelve todo a renacer.

          El hombre entonces

     puede encontrase con la cordura

  y comenzar de nuevo desde su piel intacta,

porque sabrá que llega el instante de la muerte

    y si apostó al amor, no ha sido poca cosa.

 

   VÍCTOR HUGO TISSERA

 

Fuente: DETRÁS DE LA MIRADA  -  Poemas

Editorial DUNKEN  - 

Ilustración de tapa: Rosa Lía Cuello

Foto: Dr. Norberto García

Publicación, año 2005

Fallecimiento, año 2009

 

 

 

 

Miguel Ángel Migliarini

Miguel Ángel Migliarini

         NOSTALGIA PIANÍSTICA

 

   En el campo de la música, hago un viaje retrospectivo y me parece cada vez más habitar el mundo de la nostalgia, pese a que a diario sigo escuchando muchas grabaciones y que poco a poco he ido acrecentando el conocimiento sobre los grandes compositores y escuelas musicales, como al mismo tiempo del mundo de los intérpretes.

   La nostalgia se remonta a los años de mi adolescencia y juventud, cuando mis prácticas pianísticas se traducían a ocho horas diarias.

   Y sobre todo, cuando esas horas cobraron particular desahogo, debido a una cruel enfermedad que frustró mis estudios de medicina apenas iniciados, en la Facultad de Rosario de la Universidad Nacional del Litoral (1953).

   Mis batallas por la existencia han sido lentas y tenaces, pero nunca solapadas. Tal vez en el campo de la música me autopostergué, pero creo que se debió a la instancia límite del altruismo sin barreras, de lo cual no me arrepiento. Lo cierto es, que desde Juan Sebastián Bach, pasando por la gestualidad barroca, por el romanticismo, por el verismo, hasta la actualidad, en música siempre encuentro elementos constitutivos de su lenguaje que en sus distintas etapas y escuelas, disfruto sin cansancio. Preludios y fugas, motetes, cantatas, composiciones corales, sinfonías, nocturnos, oratorios, conciertos, baladas, improntus, óperas, zarzuelas, etc. etc., me tienden un puente entre la música y DIOS...

   Reconozco que la música ha ejercido benéfica influencia sobre mi espíritu llenándome los ojos de lágrimas, y con la emoción transformándose en inimaginable.

   Pese a que psicofísicamente estoy sujeto a contingencias de difícil manejo, GRACIAS A DIOS, sigo disfrutando de la música que me acerca a ÉL, y me transporta más allá del dolor, vibrando mi alma a flor de piel...

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Fuente: FRAGUA DE LARGO ALIENTO (Recuerdos y reflexiones de mi vida)

Autor: MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

yaguarón - ediciones   (Colección Bicentenario)

Marzo 2011, San Nicolás de los Arroyos, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

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Nota de la Redacción: El relato presentado lo hallarán en la página 7, del mencionado libro, que contiene 26 relatos.-

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Regreso desde la lectura con el silencio como cómplice.

“Fragua de largo aliento” con reflexiones del escritor Miguel Ángel Migliarini, lleva en sí evocaciones como temblores de vida; distintas épocas y recuerdos donde la música impregna, desde la palabra, nuestro interior.

“En vivencias filosóficas” se percibe las lecturas de “Vida de los filósofos más ilustres” con citas y a la vez las propias conclusiones del autor, un recorrido corto y hondo donde nos deja la posibilidad de entrar en la lectura con nuestras opiniones.

Vida, música, dolor, consuelo, interrogantes y el idioma con sus requisitos para hallar mejores expresiones…

Este libro logró que como lectora me identifique en algunos tramos, disienta en otros y me emocione al final que late por la fe en Dios y el logro del ser que acepta la vida con sus designios modificando la ruta para lograr:

“Abrir atónito los ojos

ante cielo y luz,

caminar por las aguas,

recoger el horizonte,

enmudecer en éxtasis

y respirar hondo

llenándonos de Dios…”

Libro templado en la vivencias y en la fe que robustece al autor, simplemente, al hombre.

Ojalá muchos lo tengan en las manos y lo disfruten como lo disfruté yo.-

        BETTY BADAUI

Breves

Breves

Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación.

Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida.-

     JUAN PABLO II

 

Escribo de la realidad y los sueños son una parte de la realidad.-

     WILSLAWA SZYMBORSKA

 

Una cosa podría estar bien en este momento y podría ser un error al momento próximo. No intentes ser consistente; de otra forma, estarás muerto.  Intenta estar vivo con todas sus inconsistencias.-

     OSHO

 

No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo.-

     DULCE MARÍA LOYNAZ

 

Lo blando es más fuerte que lo duro, el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.-

     HERMAN HESSE

deliteraturayalgomas

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 Los desocupados-1934-óleo de Antonio Berni;  rosarino que nació el 14 de mayo de 1905 y falleció en Buenos Aires el 13 de octubre de 1981.

Una frase que muestra su pasión por el arte: “El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una  manera riesgosa de vivir, es adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones. En cuanto a la pintura es una forma de amar, de transmitir los años en arte”.-

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      DE LITERATURA Y ALGO MÁS

 

   A pedido de un lector he colocado esa foto, si bien no puede admirarse en ella la genialidad del cuadro es grato tenerla en este sitio, espero que les agrade, el tema tan profundo está captado con la misma hondura en belleza.

   Así también espero que les complazca el material seleccionado.

   Gracias por participar desde el lugar que haya sido.

       

                       Betty Badaui

Colaboradores:        Raúl Astorga

                       Lily Chávez

                 <><><><><><><><><>

 

Contacto:   betty.badaui@gmail.com

 

papa Francisco

papa Francisco

               FRANCISCO

 

 

"El hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos"


Poema: Yoli Rotenberg

Poema: Yoli Rotenberg

            DESAFÍO

 

Porque hoy tengo miedo nuevamente,

y comprender no puedo

las insólitas razones que me guían

a tolerar

el fruto amargo que en mi boca dejan

tus hirientes palabras…

cual dardos a mis sienes hieren

el corazón, el alma…

y trastocas

mi dignidad en tu dispersa arena.

Porqué hoy tengo miedo de mis pasos,

de estos ojos que ya nunca te encuentran,

del silencio, del grito,

de los mares helados que me cercan.

Porqué hoy tengo miedo del mañana,

de saber que el fin está cercano…

y tú, inconsciente,

ni siquiera comprendes

que el amor se termina,

que se acaba también la tolerancia.

Y repites tu torpe letanía,

 -me condenas

y te condenas-

día tras día, hora tras hora

en un absurdo desafío…

caminas al borde del abismo

sin detenerte.

Y hoy tengo miedo…

Más, te lo advierto,

nunca has de arrastrarme

a tu balcón insensato

del suicidio.

 

 Yoli Rotenberg

 

Lista de autores publicados

Lista de autores publicados

                                           

 

LISTA DE AUTORES PUBLICADOS

DESDE ENERO DE 2008 HASTA JULIO DE 2013.-

Oreste Abiatte, Delfina Acosta, María José Acuña Beláustegui, Delmira Agustini,  Oscar Ángel Agú, Claudia Ainchil, Rafael Alberti, Andrés Aldao, Wallada Bin Al-Mustakfi, Claribel Alegría,Vicente Aleixandre, Maritza Álvarez, Tomás Allende, Pablo Anadón, Raúl Astorga, María Ángeles Astorga, Mirley Avalis, Betty Badaui , Santiago Bao, Charles Baudelaire, Edgard Bayley , Gustavo Adolfo Bécquer, Gioconda Belli,Mario Benedetti , María Rosa Berdou , Gloria de Bertero, Pere Bessó Gonzalez, Laura Bianchini, Romina Biassoni, Molly Bic , Alicia Borgogno, Karin Boye, Olga Bressano de Alonso, Marta Brossa, Gabriela Bruch ,Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Alicia Cámpora , Olga Cabrera Ladu, Leandro Calle, Carmen María Camacho Adarve, Delia Cristina Campello, Martín Canals, Concepción Cantelar,Julio Carabell i , Jorge Luis Carranza, Augusto Casola, Sergio Omar Castañeira, Rosario Castellanos, Eugenio Castelli ,Juana Castillo Escobar, Liliana Celiz ,Mirna Celis, Luis Cernuda, Eduardo Cichi, Marta Comelli,Carmen Conde, Nora Coria, Julio Cortázar, Inger Cristhensen, Antonio Juan Cruz, Rosa Lía Cuello , Liliana Chavez , Eduardo Dalter, Elisa Dejistani ,Marta de París, Piero De Vicari , Ramón María Del Valle Inclán, Patricia Diaz Bialet, Marta Luz Dino, Alejandro Drewes, Danilo Doyharzabal , Anahí Duzevich Bezoo, Beatriz Elías, Jorge Luis Estrella, Darío Falconi, Rosa Fasolís, Silvia Favaretto , Baldomero Fernández Moreno,Cristina Fernández, Josefina Fidalgo, Mónica Flores, Elsa Florit, Luján Fraix, Julio César Forcat, Julieta Funes, Edita Gaite, Gustavo Galliano , Federico García Lorca, Laura García del Castaño, Zunilda Gaite, Ariel Giacardi, Juan Pablo Giordano, Luis de Góngora, Inés Goyenechea, Ricardo Guiamet, Lelio Gurruchaga, María Elena Hayquel, Miguel Hernández, Perfecto Herrera Ramos, Nazim Hikmet, Vicente Huidobro, Juana de Ibarbourou, Jorge Isaías, Lia Karavia, John Keats, Omar Khayyam, Marina Cecilia Kohon, Carmen Landaburu ,Nora Lanzieri, Alejandro Laurenza, Héctor E. de León Born,  Florencia Lo Celso, Claudia Isabel Lonfat, Amalia López, Carlos López Narváez, Antonio Machado, Madre Teresa de Calcuta, Roberto Malatesta , Irma Elena Marc, Irene Marks,Marco Marino, Santiago Medina, Noemí Merlo, Miguel Ángel Migliarini , Gabriela Mistral, Milagros Moreno, Daniel Montoly, Betty Morero, Lilí Muñoz, Jorge Muñoz, Pablo Neruda, Nezahualcóyotl ,Marina Nill, Roberto Nistal, Abu Nuwas, Sebastián Olasso , Victoria Oliva, José Manuel Oliveros, Alvaro Olmedo, Norma Padra, Analía Pascaner, Elisa Lidia Pastuszenko, Octavio Paz, Jhon Francis Peña Arévalo,Emilio Pérez Delgado, María del Mar Pérez López, Mario Perone, Miguel Julio Perret, Edgar Piñeiro, Alejandra Pizarnik, Josefina Plá,Eugenio Politsky, Jacques Prévert, Marita Ragozza ,Estela Raval, Clara Rebotaro, Trini Reina, Rolando Revagliatti , María del Carmen Reyes, Soraya Righetti, Arturo Ríos, Alex Rodríguez Bonel , Ana María Rodríguez Francia, Juany Rojas, Marta Roldán (Carmiña Candido Daverio), Rafael Roldán Auzqui, Marcela Rosales, Coca Rossi, Raúl A. Rossi, Darío Rossi, Yoli Rotenberg, Conrado Nalé Roxlo , Susana Rozas, Daniel Ruiz Rubini, Gonzalo Salesky, María Angélica Salguero, Pedro Salinas, Susana Salomón i , Abel E. Schaller, Nora Lilián Séculi, Mariano Shifman , Emilio Silver, Sergio Sichenze, Ana Muela Sopeña, Pecas Soriano,Fernando Sorrentino, Silvia Spinazzola , Alfonsina Storni, Amado Storni, Wislowa Szimborska, Stella Maris Taboro, Rabindranath Tagore, José Emilio Tallarico, Alberto Tasso, Claudia Tejada, Raquel Tepich , Federico Tinivella , Gustavo Tisocco , Víctor Hugo Tissera , Lucila Tolari Guimarey, Elena Beatriz Tolosa ,Carlos Toro Montero, Tomás Tranströwer, Osvaldo H. Trinchero , Astul Urquiaga , Mariana Vacs, Marcelo Juan Valenti, Susana Valenti, Leda Valladares, César Vallejo, Camilo Valverde Mudarra, César León Vargas, Rubén Vedovaldi, Rubén Vela, Rafael Velasco, Bella Clara Ventura , Roberto F. Vince,  Lillian Viotti, María Wine, Berta Wexler, Gabriel Zacnún , Daisy Zamora ,Fernando de Zárate Cilda Zatzkin ,Susana Zazzetti, Edgardo Zotto, Beatriz Zuluaga, Virgilio Zurlo

 

 

"Dos estaciones y media", libro de Liliana Chávez

"Dos estaciones y media", libro de Liliana Chávez

Me llegaron desde distintos lugares noticias de la presentación del libro de Lily Chávez "Dos estaciones y media", para los lectores de este sitio que no hayan podido estar en dicho acto transcribí una parte de la presentación,  no pedí autorización a la autora amiga, simplemente me dejé llevar por mis sentimientos con el deseo de que sea bien recibida mi intención.

Por ser Lily colaboradora de este sito junto a Raúl Astorga, me enorgullecen sus logros.

Desde el afecto

Betty Badaui

 

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El 15 de marzo del cte. Año, se efectuó la presentación de mi libro “Dos estaciones y media” La misma se realizó en la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba, sito en calle Belgrano 224 de nuestra Ciudad de Córdoba, con palabras de la poeta Susana Cabuchi y de Jorge Paolantonio. Quiero compartir las palabras con las que Jorge hizo la presentación de este libro.

"La poesía es una manera de expresión como cualquier otra –decía Glauce Baldovín; "todas las maneras de expresión son buenas, como acariciarle el pelo a alguien, preparar el café con leche a la mañana, regar una planta, mirar el sol, caminar bajo la lluvia. No hay otros misterio" (citada por Livia Hidalgo)

Hemos anotado en la contratapa de este "Dos estaciones y media” –que hoy presentamos- que se trata de un texto que revela un itinerario en tiempo y espacio. Una travesía que, a pesar del trayecto, tiene una imagen omnipresente y es la de esa mujer 'confinada al recuadro de una ventana donde los pájaros pocas veces se dejan ver’.

He resaltado también que Liliana Chavez se deja habitar por revelaciones: sabe que ‘a veces la realidad es una verdad tardía’. Por ello, utilizando una historia familiar tocante –que ella se ocupa de re-significar- la poeta pone a su propia madre en ese ventanal y la suspende para susurrar la sentencia de Publio (el) Sirio: "quien pierde la fe no puede perder más". La paradoja es en qué medida esa madre y esa hija [los roles a veces se invierten y otras son simbióticas o indivisibles] luchan para no perder la fe. Hay un credo antiguo que a veces las ampara. Pero también hay un miedo atávico, un temblor jamás convidado que se cuela por las grietas de la duda o la incertidumbre.

Sucede entonces que la voz filial necesita desdoblarse entre visión palpable y sentimiento entrañable. Hay un deseo: ‘aletea, Madre, no te quedes entre las cenizas’. Este vocativo es reminiscente de aquel bellísimo pedido de Dylan Thomas a su propio padre: Do not go gentle into that good night / Rage, rage against the dying of the light// [= no entres dócilmente en la buena noche aquella / Lucha, Lucha contra la muerte / desaparición de la luz].

"Dos estaciones y media" –título puesto así, frente a nosotros, en el aire- alude literalmente a una medición. ¿Es una medición exacta? Diríamos que no. Ni siquiera llega a completar ese tres que dicta la cifra armónica perfecta. Pero justamente, Liliana necesita esta primera instancia - la nominal- para introducirse (e introducirnos) en un devenir tantálico. [Y si menciono a Tántalos no lo hago en el sentido Kantiano, sino en el de la impotencia del rey mítico cuya sed y hambre jamás podía saciar.] Es paradójico, por otro lado, que esas "dos estaciones y media" esté dividido en tres partes. Quizás sin intención confesa, la poeta "necesita" merodear la armonía. O al menos, deslizarla.

La primera sección no lleva un nombre identificable. Sin embargo, y basándonos en el hecho de que las dos partes restantes son "casas" –concretamente "la casa de la calle Elfein" y "la casa del boulevard"- se nos ocurre que este lugar innominado de la primera parte es justamente la antítesis de lo que Liliana nombra cuando dice "la casa". Más bien es un lugar sombrío. La idea de un lamento que no cesa y la reiteración de la palabra llanto termina de conformar ese hospital u hospicio donde contrastan el berrido de un recién nacido y esa mujer que seca unos pies que se mueren.

[Citamos:] "me pregunto madre / que te duele más/ si esa herida en tu costado izquierdo/ o esa oración que no llega / a oídos de Dios". Y es ese estado agónico en "la casa del dolor" el que se mide en dos estaciones y media. [Citamos:] "Han pasado dos estaciones y media / todo el frío y la sed/ todos los enjambres". Pero hay una luz que se enciende por primera vez: "Es hora de volver a casa (aunque el dolor insiste en alojar sus crías en el cuerpo)".

Abre la sección de "la calle Elfein" una cita de Petrarca: "el constante suspirar nada alivia". Esa idea de que de nada vale condolerse se tiñe de una nostalgia que no permite asir la frialdad que predica. [Citamos:] "extraña la mujer impresa en su memoria / la que ahora camina al borde de la lejanía // extraña el trabajo de las manos […] la brisa / en la ronda de la mirada". Liliana alcanza aquí una imaginería que vibra entre el realismo crudo y la poesía pura: "lo suyo es un monólogo: comienza y termina / en abismo/ como una palabra que atada al árbol de la muerte /sigue teniendo hijos". "Claudicar no es lo de ella" dirá poco más adelante para llevarnos hasta ese ‘aletea, Madre, no te quedes entre las cenizas’ que anoté al principio. Es en esta instancia, también, donde la impotencia acentúa una sensación que –agazapada- ha venido amenazando: "Ella que lo ha visto todo ha quedado afuera / Parece no estarle destinado resplandor alguno".

Esta separación del objeto amado parece señalar dos vías: el renacer del sufriente [ahora iluminado a través del padecimiento ] y la soledad de aquel que sostuvo [agotado y ya sin posibilidad de resplandecer]. No voy a entrar en disquisiciones filosóficas. Prefiero traer una anécdota de Rudyard Kipling. Visitando Japón, en 1889 –Kobe, para ser exactos- el inglés vio bajo la lluvia un cortejo fúnebre. "Pasó una procesión caminando pesadamente por el fango pastoso. Nadie lloraba. Alguien cantaba una canción a media voz, una canción quejumbrosa que sí había oído una vez, muy lejos, al norte de la India, de labios de un nativo que había sido desgarrado por un oso. No tenía esperanzas de salvación, y cantaba su propio canto fúnebre mientras lo transportaban. Al cortejo en Kobe fue añadiéndose gente, pero no hubo lágrimas ni aspavientos. Solo una canción que fue haciéndose colectiva y a media voz, respetuosa incluso con el terrible aguacero"

Y es en este punto donde 'la casa del Boulevard' recibe de nuevo a su dueña. "Ha sido largo el camino; hastiados los dedos que tocaron el dolor". "Ella ha cedido sus piernas; ya no pregunta por qué: tiene un Dios que le ha encendido los ojos". A la iluminación por el dolor es casi un lugar común. Pero aquí está expresado con una poesía potentísima que sacude con cada verso. Tomemos para finalizar estas cuatro líneas No hay conclusiones posibles. Acaso exista un árbol donde colgar los sueños // pero eso quizá sólo lo sepan los pájaros.

Como en el cortejo de Kobe, Liliana Chávez canta una antiquísima canción. Quizás solo musita una oración aprendida de su propia madre. La hija amantísima ofrenda las últimas y las más expresivas visiones de una resolana provinciana y claroscuros de tragedia.

El hospital, la casa de la calle Elfstein, la casona del boulevard: cada una ha cobijado la medida entre el padecimiento y la desesperanza, cada una ha sido testigo de un ser que pudo re-encender el credo de prevalecer con la palabra, entre el dejarse morir y el de luchar contra la desaparición de la luz.

De allí que en DOS ESTACIONES Y MEDIA sean tan altos el amor y la fe como la poesía que los atraviesa.

JORGE PAOLANTONIO

Marzo de 2013

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Fuente: http://lilianachavez.blogspot.com.ar

 

Poema: Marita Ragozza de Mandrini

Poema: Marita Ragozza de Mandrini

YO SÓLO QUIERO . . .

Yo sólo quiero ser invisible,
un simple pedido
que no involucra a nadie más.
Cuando estoy con una persona
siento que sólo la mitad de mí misma está presente,
cuando estoy con dos personas
siento el cuarto de mí misma,
cuando estoy con tres personas,
siento el tercio de mí,
cuando estoy en una multitud
siento que no soy nadie.

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI

"Esas ramas altas", libro de Jorge Isaías

"Esas ramas altas", libro de Jorge Isaías

   Las lecturas rápidas por brevedad de texto tienen que ser substanciosas para que atraigan al lector.

   En "Esas ramas altas", como lectora, capté variadas intensidades de estímulos que me llegaron mientras recorría sus páginas

   Hallé poemas con versos muy cortos que se engrandecen en un lenguaje cotidiano y sembrador de recuerdos.

   Creí apropiado transcribir uno de ellos sin extenderme en apreciaciones personales, lo hallarán en la página 85 del libro mencionado.-

             Betty Badaui

 

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                 LXVI

                        Poema de Jorge Isaías

 

Alto muy alto

en el cielo

volaron gaviotas,

cigüeñas y garzas

en aquel otoño

que se perdió

para siempre.

Alto muy alto

se esfumó

esa mañana

la única golondrina

que extraviara

su rumbo.

 

Lejos muy lejos

quedara ese niño

que todo miraba

sentado, la espalda

apoyada a ese árbol

que se llevó la tormenta.

    

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Fuente: Esas ramas altas

Autor:  Jorge Isaías

Pintura de tapa: Darío Sigismondo

Contratapa: Ana Bugiolacchio

Maquetación: Sergio Gioacchini

Impresión: Editorial Ciudad Gótica

Rosario, Argentina – 2013

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Poema: Oreste Abiatte

Poema: Oreste Abiatte

        DESPUÉS DE AYER

                                  a Ladia

 

     Se fue de sí un día.

     De pronto.

     Inadvertidamente;

como inadvertida fue siempre su existencia.

     Hasta creo que nunca existió,

a pesar de su presencia viva.

      Acaso fue sólo un mimetismo, que la hacía reír

si yo reía;

que la hacía llorar

si yo lloraba.

       Tal vez fue sólo presencia sin piel,

abrigada en mi piel.

        Que entonces se hizo ausencia

para caminar ayeres.

         Como un tímido vuelo hacia los silencios verdes

de una tarde desganada

que bostezaba su crepúsculo.

         Como una estrella que se apaga en el cosmos de otra

que se enciende viva a su sombra.

    ORESTE ABIATTE

 

Fuente:  PALABRAS

Prólogo:  SERGIO KIPLER

Ilustración:  NIDIA RUSCITTI

Talleres Gráficos JORGE LORDI

Santa Fe, año 1985

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  Recordar a Oreste Abiatte es ahondar en la profundidad de la Palabra.-               

Narrativa: Fernando Sorrentino

Narrativa: Fernando Sorrentino

Fernando Sorrentino

 

Mi amigo Lucas

 

 

Tengo un amigo todo lo dulce y tímido que puede pedirse. Se llama Lucas, usa lentes sin armazón y anda por los cuarenta años. Es de reducida estatura, es delgaducho, tiene un bigotito ralo y una calva que reluce.

Para no molestar a nadie, camina siempre de perfil. En vez de pedir permiso, prefiere deslizarse apenas por un costado. Los perros y los gatos callejeros le infunden terror, y, para evitarlos, se cruza a cada instante de una vereda a la otra.

Habla con una vocecilla sutil, casi transparente de tan inaudible. Jamás ha interrumpido a nadie, pero no logra emitir más de dos palabras sin que lo interrumpan. Y se siente dichoso de haber podido pronunciar esas dos palabras.

Hace años que mi amigo Lucas está casado: con una mujer delgada, colérica, nerviosa; tiene voz aguda hasta lo insufrible, fuertes pulmones, nariz afilada y lengua de víbora; su temperamento es indomable, y su vocación, domadora.

Lucas —me gustaría saber cómo— se ha continuado en un niño. La madre lo bautizó Juan Facundo: es alto, rubio, flequilludo, atlético, inteligente, suspicaz, irónico y vigoroso. Él y su madre le asignan a Lucas un lugar nulo en el universo y, por ende, desoyen sus escasas e imperceptibles opiniones.

Lucas es el más antiguo y el menos importante de los empleados de una lúgubre compañía importadora de tejidos. Es una casa muy oscura, con pisos de madera negra, ubicada en la calle Alsina. El dueño se llama don Aqueróntido: hombre de bigotes feroces, de pelo hirsuto, de voz atronadora, violento, avaro. Mi amigo Lucas se presenta vestido de negro, con un traje muy viejo, brilloso de tanto uso. Sólo posee una camisa, con anacrónico cuello de plástico. Y una sola corbata: tan deshilachada, que parece un cordón de zapatos. Incapaz de resistir la mirada de don Aqueróntido, Lucas no se atreve a trabajar sin saco y se coloca un par de sobremangas grises para preservarlo. Su salario es irrisoriamente bajo: no obstante, Lucas permanece todos los días trabajando tres o cuatro horas de más, pues la tarea que le ha asignado don Aqueróntido es tan desmesurada, que no alcanzaría a realizarse en el horario normal.

Justamente ahora —cuando don Aqueróntido acaba una vez más de rebajarle el sueldo— la mujer ha decidido que Juan Facundo no cumpla sus estudios secundarios en un colegio estatal y gratuito. Ha preferido inscribirlo en un instituto muy costoso del barrio de Belgrano. Ante esta erogación, Lucas ha dejado de comprar las Selecciones del Reader’s Digest, que constituían su lectura predilecta (en el último artículo que leyó una psicóloga exhortaba al marido a autorreprimir la propia personalidad avasallante para no entorpecer la realización personal de su esposa y sus hijos).

 

• • •

 

Pero, apenas sube a un colectivo, Lucas suele proceder así:

Pide el boleto y empieza lentamente a buscar el dinero, manteniendo al chofer con la mano extendida y en un estado de incertidumbre. Lucas no se apresura en absoluto: es posible que la impaciencia del conductor le cause placer. Luego paga con la mayor cantidad posible de monedas de escaso valor, entregándolas de a poco, en cantidades distintas y a intervalos irregulares. Esto perturba al chofer, pues, además de estar atento al tránsito, a los semáforos, a los pasajeros que suben y bajan, y al manejo del vehículo, debe simultáneamente efectuar cálculos aritméticos. Lucas agrava sus problemas incluyendo en el pago una vieja moneda paraguaya que conserva con tal propósito y que le es invariablemente devuelta en cada ocasión. Así, suelen cometerse errores en las cuentas y, entonces, entablada la discusión, Lucas defiende sus derechos con razonamientos contradictorios y absurdos, de tal modo que nadie sabe qué argumenta en realidad. El colectivero suele terminar, en tácita rendición, por arrojar las monedas a la calle —tal vez para no arrojar a Lucas o arrojarse él mismo—.

Cuando llega el invierno, Lucas viaja con la ventanilla abierta de par en par. El primer perjudicado es él: ha contraído una tos crónica que a menudo le hace pasar las noches en vela. Durante el verano, cierra herméticamente la ventanilla y deja que el sol pegue en el vidrio y multiplique su calor: de esta manera, más de una vez ha sufrido quemaduras de primer grado.

Lucas tiene prohibido el tabaco y, en realidad, fumar le resulta insoportable. Pero en el colectivo enciende un cigarro gordo, barato y de espantoso olor que produce ahogos y toses. Cuando baja, lo apaga y lo guarda para el próximo viaje.

Lucas es una personita sedentaria y escuálida: jamás le interesaron los deportes. Sin embargo, los sábados a la noche sintoniza su radio portátil, dándole el máximo volumen, para escuchar el boxeo. El domingo lo dedica al fútbol, y tortura a los demás viajeros con estruendosas trasmisiones.

El asiento del fondo es para cinco personas: Lucas, a pesar de su pequeño tamaño, se ubica de modo que sólo quepan cuatro y aun tres. Si hay cuatro sentados y Lucas está de pie, exige permiso con tono de indignación y de reproche, y se sienta con las manos en los bolsillos del pantalón, de manera tal que sus codos quedan incrustados en las costillas de sus aláteres.

Cuando viaja de pie, lo hace con el saco desabotonado, procurando que el borde inferior pegue en el rostro o en los ojos del que está sentado.

Si alguien se halla leyendo, pronto se convierte en presa de Lucas: para hacerle sombra coloca la cabeza bajo la lamparilla. A intervalos, la retira, como por azar; el lector devora con ansiedad una o dos palabras, y allí, incansable, vuelve Lucas al ataque.

Mi amigo Lucas conoce la hora en que el colectivo se halla más atestado. Antes de subir, ingiere un emparedado de salame y roquefort, y bebe un vaso de vino tinto ordinario. En seguida, con los restos del pan mascado y del fiambre y el queso entre los dientes, y con la boca bien abierta, recorre el vehículo pidiendo enérgicamente permiso.

Si se acomoda en el primer asiento, no lo cede a nadie. Pero, si se halla en los últimos y sube un anciano enclenque o una mujer con un bebé en brazos, Lucas —sin perder un segundo— se levanta con celeridad y los llama a grandes voces, ofreciéndoles su lugar. Ya de pie, expone un comentario recriminatorio contra los que permanecieron sentados. Su elocuencia es abrumadora: varios pasajeros, mortalmente avergonzados, descienden siempre en la siguiente esquina. Al instante, Lucas ocupa el mejor de esos asientos libres.

                                 • • •

 

Mi amigo Lucas se apea de muy buen humor. Camina hacia su casa con timidez y por el cordón de la vereda. Como carece de llave, tiene que tocar el timbre. Si en la casa hay alguien, rara vez se niegan a abrirle. En cambio, si su mujer, su hijo o don Aqueróntido no se encuentran, Lucas se sienta en el umbral a esperar que regresen.

 

 

 

 

[De La regresión zoológica, Buenos Aires, Editores Dos, 1969.]

 

 

 

 

Breves

Breves

No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que trata a los niños.-

     NELSON MANDELA

 

Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria.-

     JORGE LUIS BORGES

 

Lo que importa es cuánto amor ponemos en el trabajo que realizamos.-

     MADRE TERESA DE CALCUTA

 

No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir.-

     ANATOLE FRANCE

 

Un científico en su laboratorio no es sólo un técnico: es también un niño colocado ante los fenómenos naturales que lo impresionan como un cuento de hadas.-

     MARIE CURIE