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Stella Maris Taboro

Stella Maris Taboro

 

 

RUEDAS

Crujen las ruedas del tiempo,

arrastran el polvo del camino,

escapan pájaros del arco iris

y voy subiendo a este nuevo vagón

donde laten las horas.

 

La música del aire

liberó todos los trinos,

y naufragan las mariposas

en el jardín sin flores,

mientras anclan

las hojas marchitas.

 

Mi alma

alfombrada de estrellas

vaga escapando

de la emboscada

del tiempo.



                              

                                                 --------------------------------------------

ESCALAR

                                                        Escalar,

siempre escalar,

escalar los momentos,

montañas que debemos superar,

las tempestades

aún en pleno día de sol.

Escalar los sueños,

elevarse como el faro en plena mar,

como la luna llena avanzar.

Persistir como fibras de cañamo,

como viento entrometido

en cada ángulo que arremete,

Escalar, siempre escalar

sobre los ripios imprevistos,

la perturbación que sorprende,

los desafíos impertinentes,

la bruma que aulla.

Vencer en la batalla

que aguarda

en cada grieta del día.

Escalar sobre los soplos

que buscan hundir tu fe

y tu camino de esperanza.

stella  maris taboro

SAN JORGE

 

 




 

María A. Salguero y Miguel A. Migliarini

María A. Salguero y Miguel A. Migliarini

 

           POEMA

 

Tenue luz de una lámpara,

una mesa antigua de madera,

el espacio,

                       un rincón,

                                              una silla,

nuestra vida sobre ella,

cómplice del ensueño idealizado,

vibrando de ansiedades...

 

Relámpago de emociones,

el aliento renacido

                    enjuga el aroma

                                       de una rosa encarnada...

 

Lejos de la ruidosa intrepidez humana,

reconcentrados en otoñal tibieza,

nos aferramos unísonos,

en un ¡soy yo!

                                y en un ¡sí!

uniendo nuestras manos,

                                                        ¡apasionados...!

 

 

 

MARÍA ANGÉLICA SALGUERO

                    y

MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

San Nicolás, marzo del 2009.-

 

La mujer en la poesía

La mujer en la poesía

 

 

 Sostenes

 Abrigo diminuto en edredones

risas en recorrido de confines

tierra-hilito que se escapa a la palabra

 

Quise juntar montones

amontonar las horas

atrapar cada máscara en tus ojos

milímetros de piel

memoria en cada nudo

fiel

fidelidad de  arrugas

fugacidad de almendras

requiebro y nitidez de manzanares

 

 te ansié virtual en tramas corporales

hiciste que te amara

tuya

en tus urdimbres

y en las mías

entre rutas sin nombre

sin regreso

pero también aquí

en el ocaso

canalitos de sol

triz de ranuras.

 

                                                                                            LILÍ   MUÑOZ

                                                                                     Victoria – Entre Ríos

                                                                            Reside en la ciudad de Neuquen

 

Al calor de la noche

 

Transcurren los días y las noches.

Aguardo tu llegada,

para que tus brazos  me encierren.

Despertador de nuevas quimeras

cuando creí no regresar

nunca más a amar.

Avivas mi llama con

tu hechizante mirada

hasta omitir  tu desenfreno

cuando estas junto a mí.

Transitamos nuestros cuerpos,

Exploramos submundos

hasta perder la razón,

acurrucados como

pájaros en un día tormentoso.

Consagramos al calor

de la noche desterrando

pasiones seccionadas.

 

      © Kellypocharaquel.-

       RAQUEL TEPICH

 

 

 

(Un pequeño poema...)

 

No sé por qué, amigo, hoy decido escribirte

una carta

con tanto frío.

Tal vez porque la primavera se niega.

Pero las plantas reverdecen.

La llovizna cae de tanto en tanto. Atardece.

Llegan los juncos de la noche. Silenciosos. Como

ausentes.

Y me falta la palabra. Y me falta. Y la soledad me estremece.

 

         ROSITA FASOLÍS

         Rosario – Argentina

 

 

 

 

De madera del peral *

(a mi madre)           

 

 

De madera del peral

la tabla de ablandar carne.

 

A la tabla

la talló mi padre.

 

A la carne

la ablanda mi madre

a golpes de canción.

 

 

Teresa Guzzonato

(reside en Santa Fe)

*Fuente: Luz Azul

 

 

 

 

 

 

 

 

El hombre en la poesía

El hombre en la poesía

 

 

 

ALBA

 

Fresca como las pálidas hojas húmedas

de los lirios del valle

al alba yace ella junto a mí.

 

   EZRA POUND

Estados Unidos

  1885-1972

 

 

 

          POR ÚLTIMA VEZ

Por una sola vez, por una última vez,

sueño que estoy cayendo en el espacio.

 

Que vivo en una isla de colores.

Que vivo como el hombre,

reconciliándome con los dioses ciegos

y los dioses lúcidos.

 

Por una última vez.

 

         ADONIS

       Siria – 1930

(de “Canciones de Mihyar

el de Damasco” 1961

versión de Pedro Martínez Montavez

Fuente: http://amediavoz.com/adonis

 

 

 

©  LLUEVEN MARES

Por Gustavo Marcelo GALLIANO

 

                                        Llueven mares de crisis,

reportan los augures,

empolvando cerebros

con mustias remembranzas.

Soplan vientos de crisis

sentencia del profeta,

                                    muérdago y laureles silentes

disfrazando el albor.

Queman soles de crisis

anticipaba el cacique,

y en tipis de miseria

su extirpe se extinguió.

Mutan eras de crisis

murmuraron las nubes,

y por necios mortales

escogimos ignorar.

Inundan crisis al tiempo

recordaron los patriarcas,

sentados junto a la hoguera

del conveniente olvidar.

Fue la crisis de Crisis,

en capullos desbordantes,

que ensangrentando la seda,

optaron por odiar.

Llueven mares  de rencores,

de semillas fermentadas,

de árboles y pájaros agónicos,

de seres obsesivos cegando hermandad.-

                               GUSTAVO MARCELO GALLIANO

 

 

 

Breves

Breves

 

Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos.

      C. QUINTO.-

 

La belleza está en los ojos del que mira.

      DE  LA  REVILLA.-

 

¡Mi agonía es la bárbara agonía del que quiere evitar lo inevitable.-

      GOETHE.-

 

A la larga; el exceso de poder termina por depravar al hombre más honrado.

      NAPOLEÓN.-

 

El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca.

      KANT.-

 

 

     

 

 

 

deliteraturayalgomas

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“La rosa se ve hermosa en su vaso, mas uno se olvida de todo el trabajo de jardinería que ayudó a hacerla hermosa”

               YOGANANDA

              Gorakhpur-India

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Comencé con una reflexión de Yogananda ya que siempre es bueno imaginar cuánto trabajo habrá detrás de cada cosa bella, aunque ésta sea simple.

Asimismo, por ser el tercer domingo de octubre,  El Día de la Madre,  les transcribo otra reflexión para atesorar: 

   “La misión de la madre no es servir de apoyo, sino hacer que ese apoyo sea innecesario”.    DOROTHY CANFIELD FISHER .

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Ahora mi palabra:    GRACIAS

Raúl Astorga, Lili Chávez, Delfina Acosta, Elsa Florit...

Escritores .

Lectores.

Y muchos más; por el apoyo constante y por la buena disposición cada vez que los necesito.

A   BLOGIA  le debo el alojamiento gratuito.

Feliz primavera

                              Betty Badaui

                       Rosario-Prov. De Santa Fe

                              Argentina

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Pueden enviar colaboraciones (poemas, relatos o artículos breves), en Arial 12 u otro semejante.

            bettybadaui@yahoo.com.ar

 

 

 

 

 

Primavera - Raúl Astorga

Primavera - Raúl Astorga

 

-Faltan unos días para la primavera-

 

    Cuando uno se encuentra con gente en cuanto se aproxima septiembre (sí, así con “p”; tal vez me quedó por el tema de Neil Diamond “September morning”), aparece una enorme enumeración de referencias artísticas. Desde obras pictóricas de maestros universales hasta alguna escultura olvidada por el arte moderno, pasando por la Esther Primavera de Roberto Arlt, la primavera de Vivaldi, o el “Prohibido suicidarse en primavera”, de Casona.

    Sin embargo, uno no puede evitar remitirse a las propias vivencias, aquellas que quienes pertenecemos al hemisferio sur, relacionamos inmediatamente con la cercanía del fin de año. Porque, al menos en lo que a mí concierne, desde épocas de escuela primaria, he asociado la llegada de la primavera con el comienzo del fin, con las últimas notas, con la elección de las remeras que iba a usar una vez guardados para siempre los pulóveres y camperones. Ya instalado en la secundaria, la llegada de septiembre estaba asociada con la eterna lucha contra el peligro de examen en algunas materias (muchas para el gusto promedio). No obstante, la primavera metía presión para resolver problemas rápidamente y despejar el camino hacia un verano con tiempo para leer literatura y recorrer la ciudad en bicicleta. Un párrafo aparte merecería la asistencia a los pic-nics, en la Ciudad Deportiva de Central o en el Monumento a la Bandera, con jóvenes por doquier, música, mates y una idea latente de que la vida puede vivirse de verdad.

    Quienes nos hemos criado lejos de vetustos edificios y amargos paredones sin color, sabemos que un barrio populoso te deja ver la llegada de la primavera (cuando era primavera, diría alguien con vocación de abuelo) en todo su esplendor. La invasión de mariposas en toda su variedad, el rebrotar de los árboles y el technicolor (para quienes adoramos el cine) en los jardines vecinos, y propios por qué no, el sol puro de todos los días, nos enjugaba el rostro de vida y la irreparable noción de esperanza, de vida que puede durar para siempre.

    Si hay una palabra que debiera ligar a primavera es ésa: esperanza. Por todo eso, dale, che, Primavera, entrá. Sos como esas minas que tienen, para siempre, las puertas de nuestro corazón abiertas.

 

Raúl Astorga

 

Bienvenida, Stella Maris Taboro

Bienvenida, Stella Maris Taboro

 

LA MUJER DEL ROJO CLAVEL

 

 

Llueve. Rejas transparentes encerrando el paisaje. La plaza del barrio se llenó de charcos. Saltan los niños entre ellos. La dama del rojo clavel sale, como escapando de la casa de Juan, ya no extraña ni la pared única de yeso, ni la luz de la ventana que muchas veces desde el este la iluminó.

No siente la lluvia, camina como una estela, casi etérea y sin perfume, con su atuendo aún no terminado. La mirada fija y distante en ese mundo que no se parecía al que ella conoce. Demasiados ruidos parecían golpear a su rostro, de sonrisa suave, casi congelada.

Salió para buscarlo, a él a su Juan Azairón. Ya no resistía su ausencia, él ya no la pincelaba con amor, con los colores nacidos de un arte que olía a pasión.

A su rojo clavel prendido en su sien le faltaban algunos pétalos y él tenía la culpa, pero lo había perdonado.

Le pareció vivir una injusticia eterna el no encontrarlo y hasta sentía el frío de los arroyos en sus espaldas. Ella no habría existido así, esplendorosa si no fuese por él, no habría alcanzado sus formas armoniosas si no fuese por Juan .

!Ah, Juan , cómo lo extrañaba! ¿Adónde estaba? Tenía que encontrarlo, por eso salió a buscarlo, por todos los puntos cardinales, por toda la ciudad, por las avenidas arboladas, por las sendas peatonales extraviadas de letreros y música. Ya no sabía qué estrategia usar para encontrarlo. No quería perderlo. No se animaba a preguntar por él.

Sola, así sola, casi inmutable lo buscaría hasta el cansancio, hasta el lugar más recóndito y estaba muy decidida, iría hasta donde duermen los cuerpos sin vida.

Corrían las horas, ya no llovía y no quiso volver a la casa, sin haber encontrado a su Juan. Empezó a caminar por un camino bordado con pinos y llegó hasta la entrada del lar de paz, recorrió con su mirada a todas las tumbas. Había una que tenía flores muy frescas, y al lado una placa con el nombre de él, su Juan, su hombre.

Juan Azairon, 28 años,f alleció el 23 de marzo”. Otra placa rezaba.

A Juan , sus amigos del Arte”.

La dama del rojo clavel, no pudo llorar, dolida se retiró ansiando llegar a la casa de Juan.

Otra vez a esa pared de yeso, en ese lienzo donde él la había creado, frente a un enorme atril, junto a los pinceles y las pinturas que no pudieron terminar sus atuendos , ni algunos pétalos del rojo clavel...

           STELLA  MARIS  TABORO

             San Jorge – Santa Fe

                     Argentina

 

 

 

 

Lilí Muñoz

Lilí Muñoz

 

 

Intemperie

 

  

Con vos estoy amor

a salvo en la intemperie

con tu olor agonizo

laten con vos

las partes  rotas de mi cuerpo

las entrañas del alma

el peso de mi muerte

 

 ¿de qué color es la memoria de tus ojos?

allí quiero quedarme

 

 frutal mi sangre pare entre los dedos

ancestrales requiebros  en la tierra

cierran heridas

la eterna herida cierra

 

 la de blanco, la que no sueña,

la chingada

se agota por los bordes de la risa

y entre  jugos

también ella se rinde a los engaños

por la sal de tus máscaras

vibra

 

 

 

 

  Otoño en el Limay

La ráfaga

la fuga

la inmediatez

tu sombra

la palabra en la entraña

álamos a contraluz en polvareda

siluetas de horizontes

en hojarasca  peinan

la tierra en  plenilunio

 

 

 los colores encienden las murgas del otoño

el destino del  ocre

enmascara  la tarde

el viento  desafina  amor

el tiempo de las pascuas

efímera es la escena

y el dibujo  frugal del maquillaje

 

bajo la luna estás

no hay  agenda

ni  olvido

madrugarán  acequias  con vos en la mañana

abril  juega a la red entre sol y deseo

y en pedregal se muere

de sed

nuestra distancia.

LILÍ  MUÑOZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Delfina Acosta

Delfina Acosta

 


OJALÁ QUE LLUEVA
DELFINA ACOSTA
Aquella mañana, mientras iba a comprar alpistes para los canarios de la despensa de don Francisco, me encontré con Luisa; ella también se dirigía al mismo destino, de modo que nos largamos a conversar. Luisa  nunca tuvo imaginación para hablar sobre cosa distinta, filosa y resbalosa. Todo en su decir, que no salía corrido de su boca, pues su dentadura postiza le movía las palabras, daba vueltas en  torno al clima.
¿Y qué se puede decir de lo que está raso, vale decir  del cielo, sino lo mismo, o sea que el día está hermoso, con lo cual ya queda todo concluido? Pero ella se afanaba en darle estiramiento a la conversación y me preguntaba si hacia mi casa habían caído algunas gotas.
Cierto es que también preguntaba  cómo se encontraban mis flores con lilium, mis hojas de esterlicia, y mis gerberas, y, para incomodidad mía, insistía en que me fuera hasta su depósito  pues allí me daría abono y mantillos con un racimo enorme de lombrices.
- Tus flores levantarán cabeza; mis gusanos son de primera materia y condición - me decía.
Yo le respondía que mañana iría. La costumbre de prometer sin cumplir se fue  convirtiendo en el pueblo en  una cortesía que era de estilo, de manera o de modo meter en la conversación.
Al llegar al almacén, me atendió la esposa de don Francisco. Ella también era mujer de hablar sobre el conjunto atmosférico; le gustaba  llevar la contraria a lo que era de conocimiento público en el pueblo. O sea que si soplaba  un viento malo sobre los techos de las casas y un rayo caía sobre un árbol de eucaliptus,  decía que tan buen  tiempo no había habido  nunca; largando  un  suspiro  de satisfacción desaparecía  por la puerta trasera del almacén y dejaba contrariados  a quienes   la escuchaban, que era  gente  de tomar muy a pecho el clima.

Me miró fijamente don Francisco cuando le pedí un quilo de alpistes.
- ¿No siente frío, señora Mercedes? Mire que está girando el viento. Estos cambios de tiempo nos echan a descomponer los bronquios. Y usted, sin pañuelo,  sin abrigo...
- No se preocupe - le dije, y ya no hablé más.
Salí a la calle. Vi a la señora Manuela echar la llave a la cerradura de  su puerta y echarse a andar por la vereda.
Se acercó sonriendo a mí.
En el pueblo resultaba común llevar conversación. En otras palabras, era la conversación misma, apurada o lenta,  la que nos hacía llegar  temprano o tarde a  nuestras casas.
La señora Manuela me contó que su cabra  se había pasado el día anterior mirando fijamente hacia el  galpón  de la municipalidad; allí  se solía desollar al ganado vacuno e iban las  cuñadas de la gente pobre a recoger las vísceras  y otros estropicios en canastos. Daba por seguro que iría a llover.
Le tenía sin cuidado lo plano, liso   y estable que estaba el cielo.
A mí me iba cansando  aquella fe que le tenía a su cabra.
 
Me descomponía que no me escuchara cuando  le contaba lo armonioso que cantaban mis jilgueros mientras   caía la tardecita, y dos, tres  plumones - casi transparentes - giraban en el aire durante  un largo rato, para después depositarse  sobre la baldosa  del comedor.
Al llegar a casa,  me senté, impaciente, en la silla, como si quisiera apurar al viento a quebrarse en dos para dar paso a la tormenta anunciada por la cabra.
Pero no llovió.

Sí vino corriendo hasta mí, la hija menor del afilador de cuchillos mangorreros para  contarme que ya estaban echando lenguas su madre y dos vecinas sobre el tiempo. No se ponían de acuerdo. Juliana y Margarita daban por hecho que el cielo pasaría a la llanura, pero su madre, que le tenía confianza a sus huesos, comentaba  que éstos estaban como traspasados por enormes alfileres y  la lluvia caería en cualquier momento.
- En seguida se nos baja el cielo; vine a avisarle nomás - me dijo.
En fin, la cosa es que no llovió.  Habiendo tanta casa  que se venía abajo por obra de las hormigas, cientos de  ratas que contagiaban la rabia a los perros callejeros, y el viejo vehículo azul que partía del puerto una sola vez al día con un retraso de dos horas, la gente se ponía a hablar, a profetizar sobre el conjunto de las condiciones climatológicas. Que sí, que la humedad estaba gorda. Que no, que el viento no giraba hacia el norte sino hacia el sur. Y mientras tanto el pillaje. Los muchachos de otros pueblos subidos a los árboles de duraznos y llevando  delante de nuestras propias narices cajones tras cajones de nuestras mejores  frutas para cambiarlas  por bebidas alcohólicas en el mercado central.

La radio local echaba a funcionar desde las ocho de la mañana. Pasaba al aire  “El servicio del clima mundial”. No había posibilidad de escuchar alguna vidalita, el parlamento de un radio-teatro, cualquier noticia que destapara  un escándalo político.
Prendía  la radio y salía al éter la voz neutra de un hombre. Y él contaba que la marea en la costa de muchos  puertos  estaba alta por  efecto de la luna, y que los vientos  propiciaban el retorno de las   aves marinas comedoras de los calamares de los océanos, y que al sol, por simple observación a través de anteojos obscuros, se le podían ver las escaras  producidas por el desgaste ambiental.
  Era una locura escuchar la radio.
Y sin embargo, la gente del pueblo, seguía la audición. Y se preguntaba qué iría a pasar si el sol seguía en su descompostura.
El locutor profetizaba: ¿Se extinguirían  las algas? Acaso las plantas del fondo del mar que poseían propiedades antimicrobianas y antifúngidas hallarían, aún dentro de la discordia del mundo marino, voluntad para sobrevivir.
 Y la chusma calculaba que en el caso de que las escaras avanzaran y el sol ya no siguiera echando luz pareja sobre el pueblo, deberían arreglárselas  con  las velas, las alcuzas y las lámparas a gas.
Un día dije basta. Dejé el pueblo para siempre.
Me vine  a la casa de rigor, en plena ciudad.
Este es un sitio enorme, rodeado de árboles. Las paredes del comedor están adornadas con cuadros que reflejan la madurez de las más diversas floras y faunas.
Una mujer, en la sala, toca un  piano de tres pedales. No habla, si bien no es muda. David, vestido siempre de arlequín, parece estar muy enamorado de ella.
Ayer, al caer la tarde, Blanca, mi compañera de habitación, me contó que un duque aficionado a la colección de estampillas le envía rosas rojas todos los viernes.
Me hizo gracia su confesión.
Ya me advirtió el arlequín que me guardara de hacerle   caso pues desde su llegada a  la casa de rigor no hablaba sino de lo mismo.
Por eso, esta mañana, cuando dos enfermeras le aplicaron una inyección de hipnótico y la dejaron encerrada en otra habitación, suspiré aliviada.

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Noticias enviadas por Delfina Acosta

 

Te recomendaron una nota publicada en ABC Digital

   “BUENA LECTURA”

Palabras para los niños

Del niño, de aquel pequeño de ojos grandes que mira el cielo y mucho parpadea al ver caer una estrella, son los santos derechos que pueblan la Tierra. Primero ellos, los de las manitos que tocan, que ensucian, que arrastran el hermoso jarrón; primero ellos, que nos cuentan mentirillas, y se ríen felices de nuestro gesto de asombro cuando nos dicen que somos feas; suelen escapar de nuestro falso enojo por un corredor donde el perfume del viento golpea sus jacintos contra las baldosas blancas y negras.
Para leer el texto completo de la nota hacé click en el siguiente link:
http://www.abc.com.py/abc/nota/14393-Palabras-para-los-niños/

 

“BUENA LECTURA”

LUIS  FRAYLE  DELGADO

Erasmo, el lamento de la paz

Luis Frayle Delgado ha publicado un libro que versa sobre los pensamientos de Erasmo de Rotterdam. Si bien Erasmo se parece mucho a los sabios de su tiempo, y se encuadra dentro de los humanistas del Renacimiento europeo, aquel modo suyo de ser, de observar la sociedad, y de analizar el comportamiento humano en el plano espiritual, lo sitúan como un hombre sui géneris, único e irreemplazable.



Para leer el texto completo de la nota hacé click en el siguiente link:
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Gustavo Marcelo Galliano

Gustavo Marcelo Galliano

 

 

 

 

                                 DE CUMBRES Y GOCES

Por Gustavo Marcelo Galliano 

 

 

 

Irrumpo en la cima

turgente de tus pechos,

y me deslizo

bañándote de luna.

                                    Por la planicie marfil,

donde tu vientre,

desemboca  afiebrado

en plena tundra.

Y a paso de machete,

embisto enceguecido,

contra la húmeda oscuridad

del Gran Deseo.

Y en el vórtice  fugaz

de lava y fuego,

inundo de semillas tu caverna,

con vértigo ciclópeo, jadeos.-

 

GUSTAVO MARCELO GALLIANO

[1]  Poema seleccionado finalista, integrando la III Edición Especial sobre Erotismo, de Revista Literaria “Groenlandia: Tierras Verdes”, edición Marzo de 2009. Córdoba, ESPAÑA.

 

 

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Miguel A. Migliarini y María A. Salguero

Miguel A. Migliarini y María A. Salguero

 

   SUEÑOS Y RESONANCIAS

 

El río es ancho

en las moradas

del llano donde vivo...

 

Los senderos

que recorro entre árboles,

son secretos y colores

de aguas profundas...

 

¡Me asomo al sueño

de pensar y sentir...!

 

Que no se haga silencio

porque amo...!

 

¡Que nadie se extrañe

que estoy soñando...!

 

¡Grito a viva voz mis libertades...!

escribo con los vientos

sobre un lecho de hierbas

y pienso...

 

Solo pienso

que el tiempo sin cansancio...

 

Se va con la lluvia...

 

MARÍA ANGÉLICA SALGUERO

                y

MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

San Nicolás, 26 de marzo de 2009

 

El hombre en la poesía

El hombre en la poesía

 

   LA PRIMAVERA BESABA

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

 

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

 

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

-recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

 

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida

quién te volviera a soñar!

   ANTONIO MACHADO

 

 

Las patas

 

 Las patas en el aire

despotrican

contra las patas

enterradas

 

Histéricas en el aire

y obsesivas enterradas

me convidan con pancito

al dirimir con ellas

sus recelos

en mi consultorio.

 ROLANDO REVAGLIATTi

 

 

 

 

 

La mujer en la poesía

La mujer en la poesía

 

                                  AMANECERES DE ALAS DISTENDIDAS

                                         Se frustraron partidas,

se malgastaron instantes…

En el cuenco de mis manos,

heridas desnudas

delatan naufragios.

Me habitan relámpagos

en giros desbordados,

                                          apelmazo crepúsculos,

engendro amaneceres

de alas distendidas…

y en esa convalecencia

fijo anclas,

transmuto las cenizas

de fuegos emigrados

a umbrales

donde la razón

señala su cordura.

ALICIA  BORGOGNO

 

ÉSTA ES LA CALLE...

Ésta es la calle donde las escobas

tejen los chismes

con los hilos y las palabras que se desprendieron

sobre los dinteles tuertos.

Ésta es la calle de la guerra de las escobas

contra las hojas secas,

de los vecinos enjaulados,

de los sueños entre rejas,

de los que miran para otro lado para no ver

tanto cartonero desharrapado

jugando a las canicas

con los copos de paina seca de los palos borrachos

y de los borrachos que fueron.

Ésta es la calle de las rayuelas ausentes

y las puertas siempre cerradas;

esta es la calle que alguna vez fue de los enamorados

y de los viejitos soñolientos

y ahora es de las escobas cansadas

de tanta hoja y de tanto viento enmascarado de humo

porque los poetas ya no se paran

a ver cómo llueven desde los árboles

lánguidos destellos amarillentos.

Pero volveremos.

   ROSITA FASOLÍS

,

 

 

                                                   Y EL ESPEJO MUDO

                                    “No perturba el estar sino la ausencia.”

JULIA P. FARNY

 

Cuando me gane el tiempo,

dejaré, lo sé,

un silencio encendido,

un calendario marcado con cruces,

redondeles y flechitas,

muchas fotografías,

mi perfume en algunas prendas

 

 

y el espejo

mudo.

 

Mi recuerdo será

un llanto inmerso en la alegría.

El movimiento en alguna melodía

será una  sombra agónica

que parecerá que aparece.

 

Cuando me gane el tiempo, dejaré, lo sé,

todo aquello que amo

y él , en su carrera loca

se llevará mi voz, mi carne

y me ganará el olvido.

ANAHÍ DUZEVICH BEZOZ

 

 

 

 

Breves

Breves

 

 

 

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.-

   PABLO NERUDA

 

¡Débiles son mis piernas!

pero está en flor el monte Yoshiro.-

   MATSUO BASOO

 

La puesta del sol en primavera camina sobre la cola del faisán dorado.-

   YOSA BUZÓN

 

En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.-

   KHALIL GIBRÁN

 

¿Por qué los árboles esconden el esplendor de sus raíces?

   PABLO NERUDA

 

deliteraturayalgomas

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     DE ORIENTE UNA NOCHE

Y soñé

que soñaba

un cuento

de las mil

y una noches.

Y tú eras

Scheherazada

y yo un humilde

esclavo,

fascinado

de luna y canto

en una mágica noche

mágica.

      ORESTE ABIATTE

          °°°°°°°

   He comenzado este mes con un poema de Oreste Abiatte como pequeño homenaje, in memorian, a quien fue un gran escritor, noble persona y entrañable amigo.

   También tuve la satisfacción de publicar, en setiembre, a los siguientes autores:  Acosta Delfina, Astorga Raúl, Borgogno Alicia, Duzevich Anahí, Fasolís Rosita, Galliano Gustavo, Machado Antonio, Migliarini Miguel A., Muñoz Lilí, Revagliatti Rolando, Salguero María A., Taboro Stella Maris.

   En frases famosas: Pablo Neruda, Matsuo Basso, Yosa Buzon, Khalil Gibrán.

   Mi agradecimiento a todos, asimismo a Blogia por el alojamiento y a los lectores por el apoyo.

   Felicidades

                          BETTY BADAUI

Colaboradores: Raúl Astorga, Liliana Chávez, Delfina Acosta, Elsa Florit.

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Recibimos  poemas, relatos y artículos breves, escritos en letra Arial u otra semejante, tamaño 12, en la siguiente dirección:

bettybadaui@yahoo.com.ar

 

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LA PROPUESTA DEL MES:     POR AMOR A LOS NIÑOS NO CONTAMINAR EL AIRE.-

 

Julio Cortázar

Julio Cortázar

 

 

 

      QUIZÁ LA MÁS QUERIDA

 

 

Me diste la intemperie

 

la leve sombra de tu mano

 

pasando por mi cara.

 

Me diste el frío, la distancia,

 

el amargo café de medianoche

 

entre mesas vacías.

 

 

            JULIO  CORTÁZAR

26 de agosto de 1914 – 12 de febrero de 1984

 

Bienvenido, Jorge L. Estrella

Bienvenido, Jorge L. Estrella

 

PUERTO DESPIERTO

 

A la hora en que las aves duermen

con la elegancia que las caracteriza

llegué a Puerto Despierto

 y colgué en el aire algunos cuadros de Quinquela.

Los pescadores hablaban con los peces

advirtiéndoles de la terrible trampa que es el anzuelo

y me entretuve en mirar dos o tres recuerdos

que sobrevolaban la mente de un suicida.

Una anciana que estaba por ahí de picnic

 me alcanzó un mate

pero yo le dije que no sabía jugar al ajedrez

 y ella emitió una risa clara y buena.

Una villa miseria bailaba en la otra cuadra

por un sueño perdido

y una radio vomitaba partidos de fútbol

con goles que se ahogaban en el agua amarga.

Los borrachos y los pecadores iban y venían

dando tumbos de vicio y de lujuria.

La soledad paseaba desprevenida por la rambla.

De pronto, llegó la policía

y se llevó presa a una nube que amenazaba lluvia.

Yo me quedé mirando cómo las mariposas

tomaban sol en la rambla junto a las gaviotas.

 

 

CALLE CON CIELO

 

La calle tiene un cielo

pegado a las espaldas de los muertos

y camino la calle

con recuerdos que olvidaré

cuando la noche nazca.

No sé por qué los pies a veces duelen

como un alma cortada a pedacitos

y camino la noche de los muertos

con un sol en las manos.

El fin está en el principio,

allí donde se encuentra lo que se escapa

y somos lo que somos

caminando el abismo

que soñamos.

Los animales están en la guarida

con el hocico lleno de nostalgias

y voy sembrando flores ya marchitas

mientras camino

la selva

de mi casa.

¿Por qué será

que siempre pierdo los anteojos

y ando a ciegas

por patios sin geranios

y me choco con todos los fantasmas

de mi futuro?

La vida tiene tumbas

escondidas

en los recodos de cada circunstancia

y caminamos

con los pies que duelen como un alma

pisando las espaldas de los muertos.

 

 

PRIMER

 

Orgullosa en la jaula,

mi pajarita pone su primer huevo.

Lamiéndose nerviosa,

mi perra goza su primer celo.

Mi hija, excitada frente al espejo,

prueba su primer corpiño.

Pomposamente feliz,

mi esposa luce su primer amante.

 

 

     JORGE LUIS ESTRELLA

 

Bienvenida, Betty Morero

Bienvenida, Betty Morero

 

     INASIBLE

Buscaré en el alma

Del canto del ave

El placer inmenso

De ser inasible

Recorriendo espacios

Sin detenimientos

Buscaré la brisa

Que eleve mi mente

Sin lazos que amarren

Todo lo que pienso

Sin templos que corran

Quitando el aliento

Y entre tanto espacio

Cerraré los ojos

Para remontarme

A través del tiempo.

 

     MILENIOS

Fue el sol quien sembró la tierra

Con su luz de vida

Fue la tierra quien brindó sus frutos

Brotando semillas

Y fueron los frutos generando vida

Al multiplicarse

Y así fue la vida creando las razas

Sobre un suelo unido

Y fueron las razas que se dispersaron

Por todo el planeta

Pero fue el planeta que aportó regiones

De distintos climas

Y fueron los climas que pintaron pieles

De varios colores

Y fueron las pieles que hablaron en lenguas

De distintos sones

Y fueron las lenguas separando humanos

Sin comunicarse

Y fueron humanos sembrando la muerte

Al no comprenderse

Pero fue la muerte que apagó las voces

De quienes gritaron

Y fueron las voces que dejaron ecos

De los sufrimientos

Y fueron las voces que a través del tiempo

Cruzaron espacios

Y ahora los tiempos perfuman la tierra

Con flores de guerra

Y son esas flores de fétido aliento

Que envuelven los días

Pero vendrá un día que traiga esperanzas

A las nuevas vidas

Y serán las vidas las que se compartan

Con nuevos amores.

          BETTY  MORERO

               Rosario-Argentina

 

Bienvenido, Martín Canals

Bienvenido, Martín Canals

 

             LA FRONTERA

 

Ahora que todos se han ido

tú y yo, soledad, debemos entendernos.

 

Hermoso fue

creerte olvidada de mí,

vagando por otros rumbos,

perdida para siempre.

Hermoso fue

saberte lejana y compasiva,

excluida de los territorios

de mi voluntad.

 

Pero aquí estás nuevamente

y ahora contigo cierro mis párpados,

y ahora contigo divido mis días

en el que fui

del que seré.

 

Ay, enorme invasora,

tantas veces has escrito tu nombre dentro mío

que al fin me vence la certeza

que todos hemos de morir, más de una vez,

en esta vida.

 

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          BOTELLA AL MAR

 

Tal vez sea justo

que haya llegado hasta aquí

sin verdadera memoria.

 

Tal vez sea justo

que de todos los bienes habidos

sólo el presente me provoque cierto desenfreno,

ni felicidad ni infelicidad

sino esa neutralidad que todos conocemos,

ese tedio y juventud en partes iguales.

 

Pero ya que somos sueños de carne y hueso

y que todos vamos a morir, irremediablemente,

me regocijo de ello y lo celebro

como un bello crimen.

 

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          EXPIACIÓN

 

Finjamos que soy feliz

y que de mí salen perfumes y canciones.

Finjamos

que los colores de la primavera

son por completo míos,

que el esplendor y la gracia

se desnudan sobre mi ser

y que me invade un arco iris,

de vastas bendiciones.

 

Entonces es un éxodo mi vida

y cada viaje es una aventura insondable

hacia lo desconocido del mundo.

Sin motivo aparente

parto y vuelvo a partir

hacia países con nombres de leyenda

y recorro tierras lánguidas y exangües

y praderas en su tiempo de abundancia.

 

Pero regreso una y otra vez

al hogar

y todos los vértigos sublimes

y todos los recogimientos devotos

sólo tienen sentido allí,

frente a los leños crepitantes,

a conciencia

que aún sigue escrita bajo mi piel un deseo

como un temblor salvaje.

         MARTÍN  CANALS

 

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FUENTE: ABORDAJES Y CONSTELACIONES, libro de poesía.-