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Libro: Geometrías en agosto

Libro: Geometrías en agosto

 

-Geometrías de vida y escritura-

 

    La escritura de María Luisa Siciliani me ha devuelto, más de una vez, la idea de que uno se encuentra frente a páginas que no piden otra cosa que leer la vida.  Dejan de lado cualquier ruego que implore por admiración de estructuras o búsquedas literarias, para dejar paso a una genuina invitación que significa la interpretación lisa y llana de la vida.

    En “Geometrías en agosto”, se repite esta voluntad de mostrar a personajes que, inmediatamente, remiten a personas, conocidas o no, de nuestro pasado o de nuestro presente, y si conservamos el libro, tal vez, de nuestro futuro también. Si cada año por los que atraviesa la humanidad estuvieran estructurados como cuentos literarios, el primer trimestre significaría la presentación, los cinco meses siguientes funcionarían como conflicto, y desde septiembre hasta el final, el desenlace.  Por eso esta geometrías son dibujadas, por la mirada de Siciliani, en agosto, porque ha habido suficiente tiempo para conflictos y es a partir de ese mes en que comienzan a desanudarse o desnudarse las historias. Porque, también, es esa otra cualidad en Siciliani, que en tiempos de destapes banales, ella desnuda a sus personajes en forma tan apasionada que permite que aparezca el alma de cada uno de ellos o de ellas.

    El libro está dividido en partes, aunque esta palabra, dividido, choca de frente contra lo que pienso de la obra completa; creo que es unidad pura de un mundo donde ocurren historias que atraviesan caminos, calendarios y nombres hasta alcanzar las almas y seguir camino hacia un infinito que sólo se puede conocer releyendo estas geometrías. Las partes están dedicadas a las mujeres, los hombres, los niños y a todos. Sin embargo, son partes de un todo y van liberando sensaciones. Si apelo a mis mundos para transmitir esas sensaciones que me dejó el libro, tengo que recurrir en primera instancia al cine o al video. Con “Los naditas”, la cámara recorre velozmente la rutina de la narradora hasta llegar a esa rotonda que le tira encima del coche la realidad. Luego, la cámara comienza  a atravesar cartas, espejos, vidas, el paso del tiempo, las mujeres preocupadas por la edad. Luego la cámara transmuta a palabras puras, y aparecen postales, episodios de encuentros, desencuentros, conflictos de parejas, muertes, revanchas como en “Acto de rebeldía”. Sigo recorriendo páginas y aparecen la sorpresa, nuevos amores, vidas, los cuentos más largos que, no sé por qué, me llegaron más, dan grandes historias como “Inmenso y rojo”, “La mañana en que se secaron...” y “La esperanza”. Si continúo reafirmando mis mundos, me acerco al fútbol y puedo hablar de marca hombre a hombre, asfixiante, donde se requiere un juego más rápido, tocar de primera y ganar el área para lograr el gol que sería Lucila en “Ella y los ojos”.

    Tal vez, María Luisa Siciliani necesitaba este libro y logró un muy buen libro. Coherente, finamente hilado, con todos los mundos en un mundo, el suyo, tan literario y agudo, el nuestro, el de los lectores, que andamos tan entregados a la búsqueda de vida reflejada en un papel.

 

                                                                                     Raúl Astorga

“Geometrías en agosto”, de María Luisa Siciliani – Cuenta Conmigo Ediciones.

2009 – 84 Págs.

 

 

 

Relatos

Relatos

 

 

 

La casa necesaria    *

 

 

            Que la puerta sea negra, pero abierta.  El corazón alegre, sensitivos los perros. Que haya un lugar donde guardar el vino y otro donde beberlo. Que esté siempre intocada y fresca la huella de los amigos que pisan el umbral. Y tantos cuadros como sea posible para atrapar a la mirada inquieta. Muchas luces, pero que pocas se enciendan por la noche.

 

            Tiene que haber un buen cielo, enmarcado en un roble, un duraznero, un chopo que hable de Antonio y de Manuel.

 

            Para la sombra, basta un paraíso. Y si te gusta el lujo, un álamo plateado. Que pueda arder un fuego allá a lo lejos, donde tirar la carne a su destino. Guarda leña. Acumula ladrillos. Invierte en buenos sueños. Es necesario que haya niños jugando para enseñarnos qué es en verdad el orden. No dejes sólo al albañil. El necesita tu cuidado y tu goce para enriquecer el árido mortero. Un buen sitio para los libros, los papeles que serán libros, las cosas que nada son sino porque los libros. Las ollas, las sartenes, la tenaza, el martillo, buscarán su propio ámbito en el concierto. Reserva sitio para tus amores: no sino ellos vivirán la casa.

 

            Y finalmente, que en todo espacio libre se halle Bach, o al silencio.

 

 

Alberto Tasso

Reside en Sgo del Estero

(Dibujos al carbón)

*Fuente: Luz Azul N° 107-dirigida y enviada por Oscar Agú

Mímetismo  *

            Mientras intento calzarme los guantes de la palabra, la música acompaña el movimiento. Entre tanto mi mente vaga entre los árboles y se confunde con ellos, siendo ellos.

            Como árbol, mis sensaciones son otras: nada de ese afán de trasladarme o correr rápido; nada de cobijarme porque soy cobijo y poco importa que los pájaros aniden en mi melena. Por el contrario, sería una insatisfacción para mi parte. Sé de la sed pero de otra manera: la madera que me compone clama de otra forma, soportando más la ausencia.

            Sé de las profundidades y sus habitantes que acompañan mis raíces. Es de ellas desde donde bebo la humedad de la tierra, de la donosa madre.

            Juego con la luz y dejo lugar al viento, a la brisa y a la lluvia entretejer sus decires en mis hojas. Acuno sueños de viandantes, atesoro conversaciones de amantes, sé de los orines y otros menesteres en torno a mi corteza.

            Preguntas ¿De dónde me sostengo?

            En todo ello. Soy árbol por ellos.

 

*Oscar A. Agú

Reside en Santo Tome/Sta Fe

 

.

 

 

 

La mujer en la poesía

La mujer en la poesía

 

       MEDITACIÓN         *

Los contornos se esfumaron;

llegaron con formas sin consistencia,

un mundo sin relieves ni distancias;

la montaña solitaria

y la cúspide entre los leves jirones de nubes,

muy, muy abajo,

un mar color de estaño casi quieto.

Nada más.

Ni brizna de vida ni rumor de oleaje;

solamente “aquí”  

y un destello de blanco cegador que se amplía.

Nada más.

Descendiendo,

horizontes recobrados uno a uno.

       ALEX RODRÍGUEZ BONEL

*Fuente: PENSAR Y SENTIR

Editorial Fundación Ross

Octubre 1986-Argentina

 

 

       ALGO TE PROCLAMA    *

Has hollado este sitio y allí está,

como una sed, la huella del reposo.

 

Has pasado,

diafanidad de hojas en silencio,

atadura de amor,

susurro en la memoria.

 

Has pasado,

y algo,

en el secreto,

te proclama.

       ANA MARÍA RODRÍGUEZ FRANCIA

*Fuente:La deslumbrante opacidad

Ayala Palacio Ediciones

Mayo de l999-Argentina

 

XIV        *

Rescatar un saludo

robado al cansancio de los libros;

la urgencia de la cena

y la última noticia

que rueda en la serena sobremesa.

 

Después la noche,

la poca luz que nos desata el sueño,

decir otra vez qué es esperanza

y cambiar la sonrisa vistiéndola de ala.

 

Difícil es saber si hemos llorado,

en qué rincón se guardan las palabras,

si nuestra sed se llena de perfiles,

si nos bebe un reloj tan cotidiano

para volver a decir, desde las manos,

con sencilla ternura: “Hasta mañana”.

       MIRLEY M. AVALIS

*Fuente:Edad Sin Tiempo

Aporte de: BIBLIOTECA “J. B. ALBERDI”

1981-Venado Tuerto-Argentina

 

 

El hombre en la poesía

El hombre en la poesía

 

XX         *

Sus pocos

          años

se extraviaron

en mis muchos

           años.

Intemperie.

       ORESTE ABIATTE

*Fuente:SIEMBRA DE VOCES

Impreso en IDEOGRAF, julio 1994

Santo Tomé-Argentina

 

 

       AUTUMNAL    *

Recuerdo viejas lámparas

en semicerrados atardeceres;

lentas cenizas

en horas grises de mayo.

Entonces siempre

volvías a mí por la llovizna

y vagábamos por desconocidos paisajes,

los dos uno;

sentía en mis brazos

el calor de tu cintura

como quien corta una espiga de trigo madurada.

 

Después nos alejábamos

en el vuelo de una mariposa azul

de aquel encantado paraje del crepúsculo.

       JORGE R. MUÑOZ

*Fuente: ANTOLOGÍA POÉTICA

IMPRENTA OFICIAL de  la Provincia de

Santa Fe- 1988-Argentina.

 

 

       LADOS     *

Hemos caminado la tarde

lado a lado,

construyendo misterios,

ladrillo a ladrillo,

piedra a piedra;

orígenes de relámpagos

que iluminarán

tantas noches o días,

en que la luz

se desvanecerá

como la lluvia

sobre la memoria del río.

       SANTIAGO BAO

*Fuente: Despliegues

Premio de Poesía 1990

Fondo Editorial Rionegrino-2006

Viedma-Argentina

 

Breves

Breves

 

Si recoges de la calle un perro hambriento y lo haces próspero, no te morderá; ésa es la principal diferencia entre el  perro  y el  hombre.-

       MARK TWAIN

 

La amistad de un solo hombre de juicio es preferible a la de todos los insensatos.-

       DEMÓCRATES

 

Lo que se ha conseguido con más dificultad, se ama más.-

       ARISTÓTELES

 

Confiar más en el trabajo que en la suerte.-

       LINCOLN

 

Acepte toda ayuda que le dé libertad.-

       SRI ANIRVÁN

 

El que se burla de los demás, se encuentra luego con que los demás se burlan de él.-

       MOLIERE

 

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Enseñarás a volar,

pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,

pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,

pero no vivirán tu vida.

Sin embargo...

en cada vuelo,

en cada vida,

en cada sueño,

perdurará siempre la huella

del camino enseñado.

 MADRE TERESA DE CALCUTA

                °°°°°°°°°°

   He comenzado este mes con un poema de la Madre Teresa porque sus palabras no tienen fronteras ni ideologías.

   Agradezco a quienes colaboraron con sus obras, asimismo a los lectores por la cercanía y el apoyo constante.

   Es probable que –De literatura y algo más- no haya satisfecho las inquietudes de muchos,  pero subyace en mí la esperanza de haber enlazado las palabras de ustedes con el respeto que merecen.

   A BLOGIA le debo el alojamiento gratuito.

   A RAÚL ASTORGA,  LILÍ CHAVEZ,  ELSA FLORIT y  DELFINA ACOSTA; la mano amiga que siempre necesito.

   Y digo que con sólo repasar los comentarios  puedo  comprobar que son muchos los que envían su estímulo generoso a los escritores.

   Mi deseo:

   Que el 31 de Diciembre ilumine su noche para recibir al 2010 con paradigmas de Paz.

                            FELICIDADES

                                                  Betty Badaui

 

Para publicar en –De literatura y algo mas- pueden enviar los poemas, artículos o relatos breves a :  bettybadaui@yahoo.com.ar

                °°°°°°°°°°°°

 

Para mi familia:  Mi Amor Incondicional.-

 

Grandes Recuerdos: Alicia Cámpora

Grandes Recuerdos: Alicia Cámpora

 

                              LOS SUSTITUTOS

   Con una pala entre sus manos rugosas cava incesante en la tierra.  Acompasadamente.  Metida en sí misma.   Despacio, dejando harapos de vida en cada palada.  La cara, inmutablemente sombría.  Sólo las arrugas de alrededor de la boca parecen más marcadas.

   Y cava rápida, apurada.  Mira hacia arriba intentando adivinar los puntos negros que violan el cielo.  Quiere verlos antes de escuchar sus motores.  Cuando los escucha, se tira al suelo sin abandonar el trabajo.  Se funde con la tierra.  La araña.  Quiere terminar el pozo. 

   Cuando queda satisfecha con el tamaño del pozo, camina cansada hasta la casilla que hay en el jardín.  Vuelve al instante con los dos perros, uno en cada brazo.  Y los deposita uno a uno, cuidadosamente, sabiendo que ya no tendrá  compañía en sus caminatas diarias por los rincones de la ciudad.

   Y después de casi seis horas de trabajo, ininterrumpidas sólo por los bombardeos, empuja con su cuerpo, cuidando de no lastimarlos, a los otros dos cuerpos, hasta lograr echarlos al pozo.  Uno junto al otro, sabiendo que los deja solos.  Ella no volverá a este lugar.

    Empieza a tirar paladas.  Acompasadamente.  Ensimismada.  Despacio.  Sin apuro.

   Y tira paladas.  Vigorosamente.  Rápida.  Sin cansancio.

   Cuando logra tapar a  los perros con la tierra floja, acomoda el pañuelo que siempre llevaba en la cabeza.  Recién ahora recuerda la frenada del camión, hoy a la tarde.

   Y cuando ve tapados los cuerpos inocentes, mutilados, alcanzados por una bomba mientras llevaban animales al establo, se sienta.  Entonces recién llora.

   Se levanta y va en busca de ramas que corta parejas y arma meticulosamente en forma de cruz.  Las clava en la tierra aún removida.

   Y camina nuevamente hacia la casilla. Desaparece un momento.  Y vuelve con dos cartones llenos de letras pintadas de negro.

   Y coloca uno en cada cruz.  En uno se lee: Hermann (1900-1942), en el otro: Rudolph (1921-1942)

                                     ALICIA CÁMPORA

                                        1953-2008

                                    San Nicolás-Argentina

   *Fuente: nada hacía suponer-cuentos

S.A.D.E. Filial San Nicolás

Dirección Municipal de Cultura

_________________________

Fondo Editorial de San Nicolás

Entidad no lucrativa al servicio del escritor y la cultura

Argentina-1988

Dibujo de Miguel Ángel Cámpora

El sitio de Alicia Cámpora: http://aliciacampora.blogspot.com

 

 

 

 

Noticias: Delfina Acosta

Noticias: Delfina Acosta

 

 

DELFINA ACOSTA te recomienda una nota publicada en ABC Digital:

   “BUENA LECTURA”

RAMIRO DOMÍNGUEZ

Merecido ganador del Premio Nacional de Literatura 2009

El poeta Ramiro Domínguez ha ganado, justicieramente, el Premio Nacional de Literatura 2009. El título del libro merecedor de la destacada premiación es Primeros poemas. El volumen fue publicado por la editorial Servilibro.



Para leer el texto completo de la nota hacé click en el siguiente link:
http://www.abc.com.py/abc/nota/43413-Merecido-ganador-del-Premio-Nacional-de-Literatura-2009/

Contactos: Los Lectores Opinan | Emails | Teléfonos | Staff

 

 

 

Marta Roldán (Carmiña Candido Daverio)

Marta Roldán (Carmiña Candido Daverio)

 


Licenciada en ti

Me sigo enamorando al escuchar tu nombre.
Idolatro las letras que forman tu palabra,
aunque el vocablo ambiguo nombra también a otros.

Ahora que conozco dónde están tus lunares
como vulcanólogo que conoce su Tierra
o su país de origen o el pueblo en que nació,
puedo prever el punto aliviador del magma
que corre por tus venas provocando erupciones.
Ahora que conozco tu brillante colmillo
y la astucia incisiva de su punta afilada,
no necesitaría ser dentista o experta
en flúor, en esmalte o en prótesis dentarias,
para hacer que sonrías ante mi seducción.
Ahora que conozco de qué lado te acuestas
y el delicado aliento de tu respiración,
no existe dios pagano, ni pastor sacerdote
con poder suficiente o hábito celestial,
capaz de condenarme o absolverme el pecado
de haberte disfrutado y volverte a desear.

©Carmiña Candido Daverio de "Esquivas esmeraldas"

Humanidad

Recostarse en la piedra elemental de tus pezuñas.
Beber el caldo originado por tu lengua empantanada.
La serpiente de tu vientre hinca constante uñas y dientes
y el veneno eyaculado coloniza las arterias.

Como el asco de una mano no deseada en la vagina.
Como el sexo violentado antes de aprender a amar.
Como el hambre gobernante de las tripas inflamadas.
Como miembros mutilados y podridos entre escombros.

Como planeta quemado y revuelto en sus cenizas
o meteorito estrellado contra todas las montañas
o huracán desenfrenado sin un nombre y sin medida
o dragón sin caballero con espada y extintor.

Por la lágrima de niño suspendida en la mejilla
o la sonrisa de un muerto que ya dejó de sufrir.
Por menospreciar en otro su diferencia o pobreza,
su raza, su credo o sexo, su coraje, su opinión.

Te estoy viendo, humanidad,
serte parte me avergüenza.

©Carmiña Candido Daverio de "Testimonio de iniquidad"


Bienvenido, Sergio Sichenze

Bienvenido, Sergio Sichenze

 

Autoritratto

 

Io sono il viaggio

la transumanza perenne

nell’andare ritrovo

la calma apparente

che un tempo c’è

e poi scompare

Non so dove finisce

né dove sia iniziato

Non so del passo successivo

né di quello precedente

ne è rimasto il senso

senza forma o direzione

Io non sarò

così accadrà

resteranno di me i ganci

dove ho sospeso

senza nessuna bussola ideale

il senso sacro dell’esistenza

l’incerto passo dell’andare

 

    poesía inédita de Sergio Sichenze

 

 

 

Sergio Sichenze

Autoretrato

 

Yo soy el viaje

la trashumancia perenne

en el andar encuentro

la calma aparente

que existe un tiempo

y luego desaparece

No sé dónde termina

ni dónde ha comenzado

No sé del paso sucesivo

y de aquél precedente

 ha quedado el sentido

sin forma o dirección

Yo no seré

sucederá así

quedarán de mí los ganchos

donde suspendí

sin ninguna brújula ideal

el sentido sacro de la existencia

el incierto paso del andar

 

Sergio Sichenze (traducción de Marta Roldan)

 

 

 

 

 

 

 

 

Betty Badaui

Betty Badaui

 

             PROYECCIÓN        *

     Ayer...

     Hoy...

     La infinitud de los minutos transmutados en horas, en días, en la vesania incognoscible del tiempo sin edad...

 

 

     Todos los días buscando su mirada.  Una mirada verde, o azul, o gris; o negra como mi congoja.

     Porque mi congoja nació en el mismo instante en que quise adivinar la acuarela de su mirada, el ardor de su pasión o la humedad de su ternura.

     Tres años siguiendo la misma rutina...

     Llega al bar, cabizbaja, con su pensamiento en una lejanía que yo recorro hasta detenerme en sus neuronas, en el espesor de su masa, en el interior de su recorrido vital.  Entonces la descubro rememorando, cubriendo paisajes con la lozanía de su mente incontaminada.  Percibo horizontes, hallo como una suerte de contrastantes láminas, todas distintas porque en cada una de ellas bulle un sentimiento diferente; como la acuarela de sus ojos, que pueden ser verdes, o azules, o grises; o negros como mi congoja.

     Como todos los días me acerco a la mesa que mira hacia el norte y se enfrenta con el cartel luminoso: Xuxa y Roberto Carlos, Roberto Carlos y Xuxa... guiños verdes, azules, grises...  y negros como  una mala noche.

     La uniformidad de los días me indica inflexiblemente que no veré su mirada; que otra vez dejará escrito en la servilleta de papel: “una lágrima, con dos sobrecitos de azúcar, por favor”.

     ...”una lágrima, con dos sobrecitos de azúcar, por favor”.

     Yo traeré la lágrima y los dos sobrecitos, buscaré su mirada de cuarzo, recogeré los noventa centavos y me iré con el desengaño hundido en mi piel, que adivina los claroscuros oculares, la húmeda simpleza de los lagrimales, el triste asombro de un tiempo marcando avances y retrocesos...

   Ella se levantará, recogerá su bolso negro que adentro quizás sea verde, o azul o gris.  Caminará, como siempre, mirando las baldosas, saldrá, cruzará la calle y otra vez el Fiat negro; y esa mirada que nunca sabré de qué color es quedará aprisionada, eternamente, en el asfalto.

   Yo abriré el bolso, buscaré impaciente el color: verde, azul, gris o negro.  Y nuevamente mi loco estupor, nuevamente mi rostro apresado en una foto carnet cuatro por cuatro, cuyos colores verdes, azules y grises estallan dentro del bolso negro.

                                                                                     BETTY  BADAUI

           Del libro: IVO,

    UNR EDITORA,  año 1998.

 

Cuentos

Cuentos

 

BUEN DÍA

Se golpeó un dedo con un martillo. Pisó una tachuela y se la clavó en el talón Se le cayó un ladrillo en un pie Se pinchó con una aguja o alfiler Se cortó con una hojita de afeitar, un vidrio o un cuchillo Se le encarnó una uña Le salió un orzuelo  Le entró un bicho en una oreja y se le infectó Se raspó un codo una rodilla el hombro Se peló la frente Se quemó  con aceite al freír unas milanesas. Le robaron la billetera en el colectivo Prestó la moto y se la chocaron Le encajaron un billete falso de cien y no se dio cuenta. Es hincha de un equipo de fútbol perdedor Nació en año bisiesto Le rompieron el tabique nasal de una patada, la madre murió loca, se levanta cada día antes que el sol y mientras sale a ganarse la vida como puede, saluda a todos con su mejor sonrisa Buen día, lindo día. Dicen que cruzarse con él en cualquier parte trae suerte.

                                          Rubén Vedovaldi

 

 

 

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EL CLUB DE LOS MELANCÓLICOS
DELFINA ACOSTA
Levanté la mirada y caí rendida de desolación. Cuán grande era la casa, con sus habitaciones desnudas y húmedas  por donde corría el viento frío de la tarde de agosto.
Un agosto ventoso y huraño.
  Pensé, no sé porqué, en mi amigo Antonio, que estaría - seguramente - aguardando las campanadas de las cinco de la tarde para ir a misa, y salir luego de ella, a las siete, entre los empujones de la gente apurada; distraído él, con los ojos  marcados por profundas ojeras, se dejaría empujar. Pobre...
Nada  podía hacer ya Antonio; los oficios religiosos no le servían, sin embargo prefería el olor a incienso  de la iglesia, que le producía un modo distinto de tristeza a aquella otra, tan bien conocida desde sus veinte años (ahora tenía treinta y cuatro), aquella tristeza  que le hacía reclinar su cabeza sobre el respaldo del sofá, mientras Frank Sinatra cantaba “A mi manera”, y un hilo de conversación, entre él y su propio yo, se apagaba  en el momento de encender un cigarrillo.

Sonó el timbre.
Era  Consuelo, con su crisis de asma. Parecía una aparición frente al portón de mi casa.
Un estornino amarilláceo  que la escuchó estornudar levantó el vuelo hacia el cielo;  deseé entonces (siempre he sentido una profunda aflicción por los asmáticos)  que los pulmones atormentados por la asfixia de mi pobre amiga  se liberaran,  y su carga fuera llevada por aquel pájaro  que partía, aleteando con fuerza y vitalidad,  hacia la claridad del firmamento.

 La hice entrar. Y me contó. Y se sabe que contar es reunir los muebles ajados   de la casa, el polvo de los pedestales, el desaparecimiento del repartidor de gas,  la humedad de la tarde, los ácaros  de las gavetas, la pérdida de los biblioratos,  todo, en suma, en un suspiro largo, que de por sí lo dice todo. ¿No es cierto, acaso?
Ah..., le dije tomándole de las manos, que estaban frías.  Caminamos.
Le comenté que la semana pasada  había sufrido  un nuevo  ataque de melancolía.
Los ataques suelen ser terribles. Pareciera que la enfermedad bajara  hasta mí desde la rama pálida del jazminero que crece junto a mi ventana; peor aún, pareciera que la misma rama se metiera en mi interior; suelo sentir cómo caen   de mi boca aquellos  jazmines salivosos  las veces que hablo. Hablo  para quejarme, sin saber qué me duele, ni dónde, aunque me duele y mucho.
 
Ay, vivo tan sola. Cuando enfermo no está nadie en la casa para prepararme un té de chamomilla o tilo, ni  para decirme que quizás estoy exagerando, ni  para prometerme que ya pasará este ruido molesto de   puertas que se abren, rechinantes, en mi interior,  aunque no hay modo de cerrarlas pues se sabe que ellas obedecen a los espíritus rebeldes.


Por las puertas abiertas entra no solamente la lluvia, con un  olor a sal de  alta mar, sino las formas delgadas de algunas  personas a quienes no conozco y que me observan con  atrevimiento; ellas  ven en mi melancolía la asquerosa figura de un araña; me es tan fácil darme cuenta de  que aquellas personas  sienten temor de mí, pero allí están, embelesadas con mi estado melancólico que avanza  sobre sus patas peludas (sus pobres y horribles patas de arácnido) en una enloquecida huida hacia cualquier parte, porque, insecto al fin, la observación de tantos ojos humanos moviliza su instinto de conservación, su pánico a los zapatillazos...
 
Consuelo notó mi abatimiento. Ya se sabe que dos personas tristes no hacen más que mirarse y suspirar por lo mucho que se entienden y lo poco que pueden hacer el uno por el otro.
- Te queda bonito ese rouge purpurino. Y esa blusa celeste  combina con tus zuecos, porque los corchos... - me dijo, y había en su voz aquel sonido de violín que subía de tono o se languidecía según el nerviosismo con que el arco hacía vibrar las cuerdas.

 Ah... la obra de arte de sus pobres bronquios.
Hace tiempo se me había ocurrido una idea. Y se la comenté.
Mis amigos, marcados por la depresión o la melancolía, solían aparecer por mi casa con frecuencia. Formaría el club de los melancólicos, entonces. La decisión estaba echada.
Los requisitos, exagerados desde luego,  los  escribí en un papel que guardé dentro de una carpeta. Estas extravagancias (¿o debo decir locuras?)  se me ocurrieron: Amar el arte en cualquiera de sus expresiones.  Concebir la vida como un disgusto, un desaire, un piano de cola que cargamos sobre las espaldas a donde quiera que vayamos, sea lluvioso o húmedo el estado atmosférico; entender la perra vida  como una forma de existir donde el suicidio podría considerarse,  un domingo, a la hora cinco,   como una oportunidad  de escape. Esquivar  a  los felices, que suelen   hacer la existencia imposible con sus chistes groseros y sus risas que ruedan como pelotas de tenis  hasta nuestros pies. Resumir el mundo en la forma de un tren de infinito viaje, sin posibilidad de bajarse en alguna estación, con un paisaje a propósito de un tren para suicidas: un sol negro alumbrando los cactus de brazos deformados  y  los cuervos volando encima  de un silo abandonado y oscuro del cual  el pueblo, superticioso, prefería no hablar.
 Consuelo se entusiasmó con la idea.
 - Estás loca, pero nunca dudé de tu genialidad - dijo.
  El club se formó como se forma cualquier club.
Cada sábado, la casa se convertía en el refugio perfecto de mis amigos.

Caían a las cinco en punto. Antonio hablaba y no paraba, y todos los escuchábamos en silencio, o sea, en estado de rendición. A mí, no sé por qué, se me presentaban en la mente  hongos gigantes y  una fila  de hormigas rojas   que el viento de la calle no conseguía barrer, cuando  él hablaba.  Antonio  iba secando el sudor de su frente  con un pañuelo de satén, y eso le daba, por momentos, cierta importancia de catedrático o de pastor anglicano, aunque la  realidad  es que sólo hablaba y hablaba, tapiándonos. Pero  cierta vez, en el punto más desordenado de su perorata, dijo algo que nos emocionó: “Algún día seremos felices. Se los aseguro”.

Felicitas, de cara redonda y blanca, levantaba la mano
 a menudo pidiendo turno para hablar; su ansiedad  provocaba un descontento generalizado dentro de  los miembros del club;  ella no les hacía caso (no podía hacerles caso, mas bien) y allí estaba, dale que dale, contando, mientras se comía  las uñas, que quería un novio para  espantar su soledad. El novio no aparecía, decía, porque su imagen de artista plástica impresionaba  a los caballeros acostumbrados a tratar con   las mujeres simples, tranquilas, de maquillaje tupido y faldas muy cortas,  que  tenían   en la cabeza la idea de una sola aspirina  para encarar el mundo.
“Tomo alprazolán tres veces al día con agua carbonatada; la mitad de la angustia se me va con el medicamento”, decía, y nos miraba durante un largo rato  a los ojos  como pidiendo absolución. Casi  todos los integrantes del club consumíamos  medicina de receta  controlada pero no nos atrevíamos a contarlo. ¿Temor a qué? No lo sé.

- Te quedarás solterona - le decía Margarita,  con el orgullo de su cutis de loza y la liviandad de su cabellera rubiácea; un gajo de su cabello espinoso usaba para pasarlo a menudo por su largo cuello. Tic nervioso. Margarita hacía terapia con un sicólogo, sin resultado, porque casi todas las entrevistas pasaban por un juego de seducción. Pero ¿por qué iba con vestidos de profundo escote  y un despilfarro de perfume en sus axilas  a las sesiones sabiendo a lo que se exponía? Los sicólogos y psiquiatras suelen enamorarse a menudo de sus pacientes. Eso se dice.

 
Santiago, alto, con bigote breve, poeta de los raros,  ya llevaba veinte años en la melancolía. Era adicto a la cafeína. Abriendo y cerrando con cuidado las puertas de las gavetas de mi cocina, se preparaba una jarra de  café, apenas llegaba. Y luego, ligeramente eufórico,  se presentaba en la sala, se sentaba en su butaca preferida, la de respaldo con forma de exágono. Al rato  prendía un cigarrillo y leía una obra literaria.
Cuando leía su poema, los demás empezaban a hablar en voz baja. Esas impertinencias,  esos cuchicheos, ese zumbido de abejorros eran un desacato a las reglas y  me disgustaban  bastante. Una tarde de filosa llovizna,  Santiago leyó  un soneto alejandrino dedicado a Van Gogh; cuchicheaban los miembros del club, y era tal el desorden, que me largué a llorar.

El sábado siguiente nos sorprendió con el silencio.
Estoy buscando que madure un poema dedicado a los cocuyos. No tengo nada para hoy; lo siento - dijo. Y nos quedamos mirándonos absortos. Como sea, extrañábamos su figura alta inclinándose en un acto de reverencia ante cada rima de su poesía.
En fin; las cosas caminaban solas. Creo que fuimos progresando.

Empezamos a  buscar la manera de ser razonables. Covenimos en que un tiempo no mayor de veinte minutos era más que suficiente para las exposiciones.
Consuelo  vino contenta  un día. “Se me pasó el asma”, dijo. Y agregó: “La fraternidad del ambiente ha hecho un milagro sobre mis bronquios. Estoy curada. Adiós a la cortisona, a la efedrina y a las sesiones de inhalación de sustancias volátiles”. Nunca más apareció. La aguardábamos sábado tras sábado; sonaba el timbre, nos apiñábamos junto a la ventana sacando las cabezas, y no, no era ella, sino  otro miembro del club.
Ah... la ingratitud de los melancólicos.

Juan, de mirada sombría y uñas largas, nos sorprendió durante una sesión comentándonos que prefería la compañía de los gatos a la de una mujer. Era buen mozo y ganaba algo de dinero vendiendo pinturas de peces, de limazas  y de cámbaros, cada domingo,  frente a los portones de la gente rica.
Se sabe cómo funciona la operación o la venta: el artista, vestido de indigencia,  pasea con sus obras por las veredas de los millonarios, y ellos, seducidos por los colores refulgentes  de la pintura, compran los cuadros sin pensar.
   - No; yo no me caso - suspiró Juan.

- No es bueno que el hombre esté solo - dijo Felicitas, quien estaba secretamente enamorada de él. Su voz tenía la emoción del escándalo.
 - Pero yo no estoy solo; tengo a mis gatos. Son todos tan hábiles. No hacen más que aguardarme pacientemente cuando salgo a la calle en busca de dinero. Y me reciben     con sus artes y sus maneras milenarias que yo sólo sé corresponder con un largo silbido - respondió.
Sin embargo, a partir de ese día, Juan  empezó a observar a Felicitas con más claridad. Eso lo descubrió el club al instante. Sus ojos se posaban a menudo en su blusa transparente bajo la cual sus  senos se mantenían muy apretados dentro de unos corpiños negros.
Una tarde los vimos llegar juntos. Y tomados de la mano. Y era que llegaban y no llegaban porque se echaban chistes y bromas  y otros cuentos que los desternillaban de risa; demoraban una eternidad  sus pasos para observarse mejor y pincharse.
 
El hecho, mejor dicho el noviazgo, ameritaba un ágape, brindis. Así lo decidimos.
Y el brindis se organizó solo. Aparecieron las palomitas de maíz, el olor de las papas freídas,  el calor de las empanadas recalentadas,  los tragos de gaseosas, los helados que Antonio fue a comprar de la esquina con una sonrisa fresca en el rostro. Nos divertimos tanto.
Los novios estaban radiantes. Y yo estaba feliz. Me ponía de buen humor  que se amaran, así, a su manera. Ella reclinaba  su cabeza sobre los hombros de Juan, y él se entretenía  con sus cabellos.
A veces se besaban en la boca. Y entonces todos jugábamos a que volvíamos  inmediatamente las caras  hacia otro lado, para escondernos de aquellas  escenas atrevidas.
Ah..., qué diversiones de niños, aquellas.
El noviazgo de Juan y Felicitas  era un logro, una orquídea florecida repentinamente en un tronco amenazado por las plantas biofritas,  el mejor puntaje  del club de los melancólicos.

Pero hubo otra sorpresa.
Antonio y Margarita cayeron  un sábado,  media hora después de las cinco,  con la novedad de que deseaban casarse.
- ¿Cómo?  - dijimos.
Ellos se abrazaron fuertemente por toda explicación.
Alguien fumó y tosió aparatosamente. Yo quise hacer un análisis de la situación, magnífica, ciertamente, pero compleja e inesperada desde el sentido común, pues respondíamos a una mentalidad, a un perfil sicológico, rasgados por la angustia y la neurosis. Pero preferí callar. La melancolía era, por lo visto, una caja de pandora.

Ah... Margarita empezó a moverse al compás del tema musical “Imagine” de los Beatles. Se veía feliz y bella y sobre todo triunfante. Arrojó su gorra con visera  azul  sobre una rinconera.  Fue abriendo su blusa a rayas, botón por botón. Pasó varias veces su   mano larga y  blanca por su vientre, y como por arte de magia, la forma de la criatura, su hijo escondido bajo la faja desenrollada lentamente,  reveló un embarazo de tres o cuatro meses.
  “Ah...”,  dijimos todos. Y nos entró un sentimiento inexplicable.
Un niño se añadía a nuestras vidas.
Y éramos sus padres y sus madres.
A la noche, Consuelo me llamó. Otra vez le habían vuelto los pitidos. De nuevo sus bronquios se llenaban de mucosidades. Había un estornino en sus pulmones.
Algo parecido al miedo agitó mi corazón.
No sabía qué decirle. No le iría a contar, por supuesto,  que en los últimos  tiempos me hallaba recuperada. Eso sería una descortesía.
- Vuelve a las reuniones  - le aconsejé.
Un sí, una aceptación suya  que sonaba al piar lastimero de un gorrión caído de su nido, oí   del otro lado del tubo.
El sábado siguiente un clima de armonía iba y venía por las paredes de la sala.
Santiago leyó un soneto de su creación. Y  lo aplaudimos aunque no nos agradaron   esos endecasílabos suyos que cabalgaban sin musicalidad, pasando del trote a la estampida.  Pero fue él mismo, quien oyéndose, cayó en la cuenta de la falta, del imperdonable error, pues dijo: ¡Qué desastre!
A veces pensaba que debía tomarme una vacación, ir a algún sitio donde el clima fuera beneficioso para las grandes fumadoras como yo. Pero no. Acababa quedándome en la casa, y hacía como que no me quedaba,  los sábados, cuando los miembros del club  tocaban desesperadamente el timbre una y otra vez.
 Solía escucharlos.
“Se habrá pegado un tiro”.
“No digas eso”
“Deberíamos llamar a la policía”.
Y no; no llamaban a la policía, por suerte.

Sábado tras sábado, allí estaban, insistentes cual  llovizna callejera. Cuando llovía, se metían debajo de sus paraguas negros; eran nuevas aves oscuras engendradas por esta naturaleza anárquica  marcada por la contaminación de la atmósfera y el gran agujero de la capa de  ozono.
Me enloquecían con los continuos timbrazos. Una tarde no pude más y abrí la puerta. Entraron. No me dijeron nada. Comprendieron mi conflicto. Este es el estilo de gente como nosotros en cualquier trato.
Ahora faltan diez minutos para que ellos lleguen.
Debo estar hermosa esta tarde  porque me sacarán una fotografía para colgarla luego en la pared de piedras de jade de la chimenea. Un color especial, cuando las leñas  son consumidas lentamente  por el fuego, se va desplazando (casi con vida, pareciera)  por la chimenea ecológica. De hecho, ella  es algo así como el sitio de Dios en mi casa.
El epígrafe lo escribí yo misma y será leído por Santiago cuando se descubra oficialmente la foto: Guadalupe Sánchez, Presidenta del Primer Club de los Melancólicos.

 

 

                

 

Trío de poemas

Trío de poemas

 

LA  ESTATUA  DE  LA  PLAZA

 

Allí está. ¿Sabe mi nombre?

No, lo inventa.

En forzosa inmovilidad

la estatua siempre está

parecida a todos los días

pero diferente.

A lo mejor ella me comprende

y por eso creo que me sonríe

rodeada de tantos pájaros.

Ahora llueve

no es coincidencia melancólica

entre tanta gente inútil

una pequeña satisfacción,

se han alejado los que gritan

las parejas que-se –miran-a- los-ojos

las mujeres con sus niños.

Quedo yo

deslucida y mojada

y otros adoradores del agua

reivindicadores del otoño.

La estatua idéntica y húmeda

creo que participa de mi secreto.

La envidio

                tan perenne

                                     tan siempre.

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI

 

 

 

 

 

 

Tengo el tiempo cambiado,

los recuerdos equivocados,

las manos ajenas.

Tengo los segundos contados

para explicarme mis sueños.

Tengo la memoria frágil

para retener los instantes efímeros.

Tengo las manos vacías

para acariciar el alba.

Porque la noche me abruma,

me ronda, me persigue

y se desliza más allá

de la insistencia de los amaneceres.

Tengo todo este vacío

que me ocupa las horas

y todas estas horas que ocupan mi vacío.

Tengo el andar sigiloso

para no despertar crepúsculos

que no pueda observar

desde los límites de mi inconsciencia.

Tengo esta noche

donde cada lágrima esgrime su belleza,

y cada cansancio

se posa en el hartazgo

de la soledad enquistada en los espejos.

Tengo aún la visión perfecta

para cazar lejanías

más allá de los límites

de mi ausencia.

Ausencia de ti, de mi,

ausencia sin nombre...

Tengo ausencias,

y con eso me arreglo.

 

                                        Elsa Florit

 

 

                          Y ME DETENGO…

 

Navego mi dolor…

no hay esquinas,

no hay señales,

ya no queda ni una luz.

Sigo…

braceo entre nubarrones,

salteo cortinas de sombras.

Y me detengo…

me detengo

para destejer mi pena,

antes que se fugue el tiempo.

 ALICIA BORGOGNO

 

 

 

            

 

 

 

 

 

 

 

Liliana Chávez

Liliana Chávez

 

Extraño las velas

el temblor del pabilo

lo leve del tiempo

en la antigua balanza       

 

las flores diseminadas

por la casa

el goteo de la música

nuestra  parcela de cielo

 

ese puñado de memoria

que cae sobre mí

como la noche.

 

------------------

No me lo dijo.

Sólo puso mi amor

al rescoldo

lejos

de las brasas.

 

----------------------

 

Si los ojos se habituaran

a ver en todo una obra divina

la razón más simple de cualquier

                 lenguaje

tal fuera la vida

una bella escultura

de inacabado esplendor

un diálogo incesante

entre todo lo creado.

                                    LILIANA TERESA CHÁVEZ

 

 



Breves

Breves

 

Todos queremos que nos comprendan, pero no que nos tengan lástima.

          CERVANTES

 

No pidas ayuda para lo que puedas hacer solo.

          JEFFERSON

 

La  juventud pasa.  El tiempo todo lo devora.

          SIVANANDA

 

Está por encima de sus enemigos el que desprecia sus agravios.

          CONFUCIO

 

Todo lo que no me hace morir me hace más fuerte.

           NIETZSCHE

 

No juzgues a un hombre por los cuentos de otro.

          GURDJIEFF

         

 

deliteraturayalgomas

deliteraturayalgomas

 

LAS HOJAS DE LA REVIVISCENCIA

 

                Un instante azul

           con impreciso rasgo,

amaneció con pasos de misterio,

                  aquella noche...

         La planta había germinado,

      sus hojas fueron tibios dedos

                de la reviviscencia

             y erguida de regocijo

             irradió su esplendor,

                  aquella noche...

                         La mujer

                    lloró su dolor,

                 aquella noche...

       sintió el temblor vegetal,

en la desnudez de sus curvaturas

          el follaje de la planta

       se convirtió en palabras,

               aquella noche...

FREDE PERALTA MASSARE

            °°°°°°°°°°°°°°°°°°

   Lectores: - De Literatura... y algo más-  les da la bienvenida con un poema de FREDE PERALTA MASSARE, de su libro “Cuentos de Travesía”.

   La edición es de Escritores Cordobeses Asociados- ECA, 2008-

   En “Cuentos de Travesía” hallamos relatos con acompañamiento de poemas; así que será interesante para ustedes leer el cuento que lleva el mismo nombre para llegar a la comprensión unificada del cuento y  el poema.

   Cierro este comentario con el final del prólogo confeccionado por el escritor José Araujo, dice así:  “Por último, es apropiado destacar un detalle sobre el que algo se ha anticipado: en esta obra Frede hace convivir narraciones y poemas, aunando cada par con un mismo tema (que es desarrollado prosaica y poéticamente), lo que hace que su libro sea más original aún, un verdadero hallazgo logrado por muy pocos.

   Saludemos, pues, este nuevo libro de Frede y disfrutemos de su siempre ostensible talento”.

                                               JOSÉ ARAUJO

          °°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°

 

 

   Ahora sí; De Literatura... y algo más, renueva sus agradecimientos mensuales:

   A los escritores colaboradores que aportan sus trabajos.-

   A Raúl Astorga, Liliana Chávez, Delfina Acosta y Elsa Florit por la cercanía.-

    A Blogia, por el alojamiento desinteresado.-

   A los lectores, sin ellos no se justificaría este blog.-

    Saludos

                       Betty Badaui

                  Rosario-Argentina   

                   Primavera, 2009

 

Para publicar les solicitamos que envíen poemas o relatos en letra tamaño 12, Arial o Times New  Roman, letra negra sobre fondo blanco. Gracias por formar parte de: http://deliteraturayalgomas.blogia.com

 

 

Mercedes Sosa

Mercedes  Sosa

 

Hoy falleció MERCEDES SOSA, entrañable representante de la Música Popular Latinoamericana.

 

Nuestras condolencias para sus familiares.  

 

 

 

          -De literatura y algo más-

4 de octubre de 2009

 

 

 

Bienvenido, Rafael Roldán Auzqui

Bienvenido, Rafael Roldán Auzqui

 

             *

                 En el Cosmos

A los Divinos Pies deLoto

de Sathya Sai.

 

Esparces inmensidad 

a cada latido

que arroja

tu Divino Corazón

de donde todo procede

y a donde todo regresa,

y asimilamos

-a cada instante-

Tu Llamado fundamental.

 

Tu Hora

está escrita

en todos los relojes

y en ninguna.

 

Tu Centro

está marcado

en todas las esferas

y en ninguna.

 

Tu Voz

se escucha

en todas las latitudes

y en ninguna.

 

Nazco    

           muero

y renazco

               por Ti

y en Ti,

en todos los cuerpos

    que me prodigues

y en todas las galaxias

    donde me convoques,

hasta que me llames

por mi verdadero nombre

-amorosa variación del Tuyo-

para fundirme

en la perplejidad de lo Uno.

 

 

 

 

 

POEMA DE LA LLUVIA

 

Y te llueven las manos

y te llueven los dedos

y te llueve la sangre

y te llueve la humanidad

y te moja su dulzura

y los truenos 

anuncian una mansa felicidad

humedeciéndote el alma

                                        cuando la tierra

se ha hecho cielo...

 

                                                

 

SOBRE EL SILENCIO

 

Se abre la boca del silencio

Ante mis ojos:

Allí dentro está mi voz

Aún dormida.

¿Rescato mi voz

o huyo antes de que la boca

se cierre por completo?

¿Qué me hace pensar

que la boca se cerrará?

¿Será tan absoluto

el silencio que se cierne?

¿Habrá de despertar

esta voz vacilante?

La voz me llama...

El silencio me abisma...

Opto por la voz del silencio

Que crece a mis espaldas

Y me lanza a lo Desconocido.

 

                                                 Rafael Roldan Auzqui

 

 

*Enviados por Liliana Chávez

 

 

 

 

 

 

 

 

Bienvenida, Analía Pascaner

Bienvenida, Analía Pascaner

 

Quién es?

 

Mis pies contagian la pereza a ese sol que aún no salta sobre las montañas. Vislumbro un espléndido día: el cielo lucirá radiante, la gente disfrutará del prematuro calor y serán esas mismas personas quienes expresarán en el verano, agobiadas por cuarenta y tantos grados: "qué sofocante, ni un solo día fresco tuvimos en invierno".

Camino sin prisa reteniendo en mi alma el cielo gris que disfruté días atrás. Miro el rostro de las personas que cruzo. Me vuelvo y observo cada gesto, me detengo y examino cada palabra. Busco algo que me resulte familiar.

No lo veo, no lo puedo hallar. No lo sé encontrar, no sé dónde buscar. ¿Qué conozco de él? ¿Acaso sé quién es? No sé su nombre ni el lugar del planeta que recibe diariamente sus pasos. Mis ojos están vendados, ando a tientas sin saber si algún día lo encontraré.

Cierto acontecimiento lejano detuvo el tiempo mientras nuestras miradas se fundieron en una extraña sensación de deseo y urgencia. Luego el atropello: gritos y empujones, corridas y sirenas me abrumaron dentro de una realidad inesperada. Su mano me arrastró lejos de allí y nos hallamos solos, arrancando nuestras ropas, expulsando los pensamientos, desatando suspiros, explorando ocultos rincones, convulsionando la sangre, estallando de pasión. Y una vez en calma, sus dedos pasearon por cada milímetro de mi piel, me miró con dulzura, me besó con ternura y desapareció tan rápidamente que a nada pude atinar. Salí corriendo y me mezclé entre la multitud, lo busqué en cada rostro y en cada mirada. Nunca más lo volví a ver. Jamás tuve la certeza si estuvimos juntos o sólo fue una jugarreta de mi imaginación. Sin embargo, al evocar aquel instante mi corazón sale de sus límites, mi respiración se torna incontrolable, mi piel se eriza pensando en sus manos, mi cuerpo se estremece ante el deseo.

Nada sé de él. Tal vez está tan cerca mío como lo siento siempre: cuando necesito cerciorarme que no camina junto a mí, o cuando le escribo miles de palabras que jamás leerá, o cuando mi mente se enmaraña en esta obsesión.

Aprieto el recuerdo de ese encuentro, extiendo las palabras escritas, escondo los sentimientos dentro de mi corazón. Sólo eso tengo, sólo eso conservo de él. Sensaciones fugaces rondando mi vida. Un momento que no consigo olvidar ...o tal vez no quiero olvidar.

Hoy reniego contra aquél recuerdo que se apoderó de mí. Hoy necesito liberarme de esa persona adherida a mi vida y a pesar de ello muy cerca de él estoy ahora mismo, observando y mirando con la impresión de que realmente está a mi lado.

Camino sin prisa para encontrarme con un hombre. Doy vuelta a la esquina expectante por esta reciente relación que debiera rescatarme. Pocos pasos me separan del bar donde veré a esta persona que conocí hace algunos días y ejerce cierta atracción sobre mí. Alguien se topa conmigo, levanto la vista mientras murmuro una disculpa y de pronto el tiempo se detiene en esa mirada, en esos ojos que jamás creí ver nuevamente. Observo más adelante, aquel hombre ya está esperando sentado al lado de la ventana a escasos metros de allí. Regreso a esos ojos que están frente a mí, esos ojos que esperé todos mis días, esos ojos que se llevaron todos mis sentimientos hace tanto tiempo atrás. Le regalo mi sonrisa más valiente mientras él toma mi mano entre la suya y caminamos presurosos en sentido opuesto al bar.

 

© Analía Pascaner

 

 

 

 

De ausencias

De ausencias

 

   DESAPARECER

                           “Tu vida se acabará en tu muerte, no para ti;

                                       para ti se acabó en tu vida”

                                                       ANTONIO PORCHIA

 

Primero, los libros

se cubrirán de polvo,

después, algunas cartas

irán sin querer a la basura,

las fotografías se disiparán

en la oscuridad de los cajones;

más tarde, su nombre

se mencionará casualmente,

casi sin emoción,

como en un sueño

sus lugares se cubrirán

con las ruinas del verdín,

finalmente, nadie recordará

el día en que murió.

 

     SANTIAGO BAO

Nació en San Fernando-

Prov. De Buenos Aires

 

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POEMA DE ELSA FLORIT (Cañada de Gomez

Tengo el tiempo cambiado,

los recuerdos equivocados,

las manos ajenas.

Tengo los segundos contados

para explicarme mis sueños.

Tengo la memoria frágil

para retener los instantes efímeros.

Tengo las manos vacías

para acariciar el alba.

Porque la noche me abruma,

me ronda, me persigue

y se desliza más allá

de la insistencia de los amaneceres.

Tengo todo este vacío

que me ocupa las horas

y todas estas horas que ocupan mi vacío.

Tengo el andar sigiloso

para no despertar crepúsculos

que no pueda observar

desde los límites de mi inconsciencia.

Tengo esta noche

donde cada lágrima esgrime su belleza,

y cada cansancio

se posa en el hartazgo

de la soledad enquistada en los espejos.

Tengo aún la visión perfecta

para cazar lejanías

más allá de los límites

de mi ausencia.

Ausencia de ti, de mi,

ausencia sin nombre...

tengo ausencias,

y con eso me arreglo.

   Elsa Florit