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Bienvenida, Liliana Celiz

Bienvenida, Liliana Celiz

 

en la detonación del todo
(el campo en lo visual gira a la escena de ser niñas)
y no la huella desde el fondo
en la disolución de tiempo hacia el olvido
lo opuesto de los rostros como extracción del sí
multiplicándose
la copa acorazada del silencio
no el último contorno

 

de la constitución enésima de imagen
(el paralelo de los lagos sin los ojos)
a la caída del torso desde el cielo
al punto interno de las aguas
-no algún nido desde el ave-
sin la resquebración acuosa de los ojos
descascarada a la humedad de lo absoluto de la ausencia
como tangente la mano sin la hoja
sin la nervadura acuosa de las hojas
en el circuito apenas de lo próximo

 

como contradicción mayor del nido en algún pájaro
despeñándose
mi rostro en nervadura hacia las aguas (las aguas a la inversa)
en la estocada abrupta al solsticio de verano
el fluir de la conciencia
el aro del recuerdo en plegación de las visiones
despeñándose
ensimismada a la sílaba no escrita aquí en mi carne
en compulsión del verbo múltiple aplacándose
la cara en el vacío
no la visión maligna del espacio

LILIANA CELIZ

La mujer en la poesía

La mujer en la poesía

 


V I D A

MIS NERVIOS están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.


S A B A D O

Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
tirada en la grama;
me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan. Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
comedor en sombra; manos que aprestaban
manteles.
Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
fijos. Te esperaba.

ALFONSINA STORNI

Argentina - 1892-1938

 

HEROICO

Empuña tu espada, sé mi caballero

en la lid mohosa de guerras perdidas,

mi quijote.

Refugie tu escudo a esta fiel cobarde,

quien prefiere huir de la contienda

contra otro camarada.

Dame tu mano, rige mi vera

cuando el laberinto se anule en espejos.

Aléjame de engañosas matas

con espinas.

Cubriré mis ojos, escoge el pasaje,

dirígeme afuera de este bosque.

Atribúyeme tu nombre,

horada un grafema en la red de alambre;

concédeme un punto en tu granero.

Seré tu imagen amada;

tú mi guía,

el acero defensivo,

vencedor de guerras,

la triunfal salida de mi laberinto.

   Carmiña Candido Daverio


LLOVIZNA

Austero es el silencio que trepa a los balcones,
la lengua de llovizna ya lame el edificio,
mis ojos son embudos que filtran el resquicio
de luz de una ventana que gime en reflexiones.

La triste geometría de un cuerpo hecho jirones,
transita los insomnios abiertos al suplicio,
su espalda en la encorvada miseria del desquicio
recibe el latigazo que nubla sus razones.

Raíces silenciosas me ataron a su vida.
Mi boca ya no quiere gritar que fue mi amada
tampoco que mi entraña se agoste por la herida.

La observo , fileteo su piel que en llamarada,
ayer trepó a mis bordes febril y enardecida.
Hoy lloro en la llovizna, que huele a madrugada

NOEMÍ MERLO

Rosario-Argentina

El hombre en la poesía

El hombre en la poesía

 



ROSA DEL CAMINANTE

Álamos fríos en un claro cielo azul,
con timideces de cristal
sobre el río la bruma como un velo,
y las dos torres de la catedral.

Los hombres secos y reconcentrados
las mujeres deshechas de parir,
rostros obscuros llenos de cuidados,
todas las bocas clásico el decir.

La fuente se seca, en torno el vocerío,
los odres a la puerta del mesón,
y las recuas que bajan hacia el río....

Y las niñas que acuden al sermón.
¡Mejillas sonrosadas por el frío,
de Astorga, de Zamora, de León

RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN

ESPAÑA-1869-1936

LUZ

claridad inmaculada

me espera

al cruzar enmohecidos umbrales

espaciotiempo

hacia una calle cualquiera

donde bulle la vida

Dulces cabecitas carmesí

imaginando aleatorias coreografías

frente a yermos ojos

que sin embargo

cobran vida

…………………………..

fugaz instante

en la quietud eterna

del espejo.

EDGAR PIÑEIRO

Corrientes

 

Tenga cuidado, amigo,

 

eso que tiene a tiro es la humanidad

en la persona de alguien, cualquiera

tenga el mayor cuidado siempre

porque lo humano es tan fuerte y tan frágil

tan sensible al amor en cualquiera de sus formas

tan vulnerable al desamor tan pájaro

 

tenga tacto en el trato

             con esa delicada criaturita

puede matar al ángel

puede helar para siempre la sonrisa

puede arruinar al niño dentro del hombre

o malograr al hombre dentro del niño

puede romper tan fácilmente un alma

y es tan difícil después reparar

 

tenga piedad al ver su torpe modo

su gran error su más querido vicio

al oír su mentira o su verdad

la hora de su puño o de su canto

 

tenga cuidado incluso antes que nada

con usted mismo a solas para sí

en el espejo en el lecho del sueño

en el trabajo en el recreo mire

 

cada humano conduce a un amor

y cada odio conduce a un infierno

 

no le prohíbo odiar ni me prohíbo

también eso es humano

sólo me pido y le encomiendo amigo

         mucho cuidado con esa materia

RUBÉN VEDOVALDI

Capitán Bermúdez (Santa Fe)

ARGENTINA

Autores cañadenses

Autores cañadenses

 


CRUZ
La llevo cargando a cuestas,
sobre la saliente de los laterales,
en los extremos
de mi medida,
incrustada
piel contra piel,
sal contra sal
por los sinuosos caminos
del desierto pecador
que me legaron.
Estigma de nacimiento.
Estigma de cada hombre
crucificado,
en el laberinto extraño
del viacrucis.
Piedra contra piedra
sin mutación de vida,
ni trechos desandados
por el irredento territortio
de hombre y cielo.

VÍCTOR HUGO TISSERA

Cañada de Gómez

Argentina

 

SIN TUS HUELLAS

…Y mis pasos se hacen lentos

cuando descubren tu ausencia.

El comienzo se vuelve final.

Una telaraña de recuerdos

se despereza.

Vuelo en un desierto

herrumbrado de sueños.

Bosquejo de aleteos,

cielos amarrados,

muecas ondulantes,

se desvanecen

como el último vestigio

de otro tiempo.

Cabalgo entre preguntas,

desgajo respuestas

en una inmensidad

que no te tiene.

…Y mis pasos se hacen lentos

cuando descubren tu ausencia.

Me despertaste a la vida,

hoy, que quedé sin tus huellas,

me regresaste a las piedras.

ALICIA BORGOGNO

Cañada de Gómez

Argentina

 

EL ÁNGEL PÚRPURA

El crepúsculo derrama su sangre

en el hueco de mi pena,

y un ángel púrpura oscila

entre los inviernos apergaminados

de mi soledad.

Una ausencia de auroras

me desgarra sin piedad

y me deja inerte entre dos tiempos,

clausurándome el último resplandor.

Me duele esa memoria acompañada siempre

por una lágrima prematura,

y una impotencia que subleva,

me deja sin fuerzas

bebiéndose hasta la última gota

de mi empeño.

Me resisto a creer que todos mis días

llevarán encadenados mis sueños.

Tal vez en una noche tardía,

se despedacen mis vuelos augurales

y aprenda a caminar con pisadas eternas.

Entonces tatuaré mis huellas

sobre el cemento firme de la esperanza.

Quizá un ángel me sobrevuele

en el espacio indefinido de las pérdidas.

Entonces recordaré el penúltimo adiós

y me arrancaré la última quimera.

ELSA FLORIT

Cañada de Gómez

Argentina

narrativa

narrativa

 

GUIA DEL CEMENTERIO
Delfina Acosta


Íbamos mis amigos y yo al cementerio, a menudo, durante la siesta.
En casa ya sabían que si estaba ausente, lo más seguro era que andaba de curiosidad por el camposanto, y se quedaban lo más tranquilos.
Si pudiéramos profanar las tumbas, lo haríamos, pues se hallaba a gusto en nuestra naturaleza el hábito del saqueo.
El enojo de los gatos monteses, en vista de que crecimos apaleados, nos guardaba de la doctrina católica que se enseñaba cada domingo a los niños en la parroquia de la iglesia Virgen del Rosario. Éramos pues, diablos.
Pero los panteones estaban a salvo de nuestros propósitos. Las puertas eran no sólo de metal pesado; estaban además cubiertas por rejados de hierro y cortinas oscuras.
En el interior, los cajones oficiaban de tálamos, donde dormían los muertos, a los que deseábamos ver.
¿Quiénes eran ellos? ¿A qué cosas y costumbres se dedicaban cuando la salud los hacía conversar y reír animadamente? ¿Estaban, acaso, en paz?
- No han sido gentes muy amadas por sus parientes - comentaba yo.
- ¿Por qué dices eso ?- me preguntaba Felicita; siempre mostraba curiosidad, si no debilidad por mis preguntas, pues sospechaba que había en ellas mentiras que deseaba sacudir a la luz del sol.
- Pues está claro. ¿No te das cuenta? ¿No lo ves? - contestaba.

Entonces les recordaba a mis amigos que cuando había entierros, los parientes se desmayaban, se arrancaban mechones de cabellos, amenazaban con dispararse un tiro a la cabeza, bajaban a la fosa recién abierta mientras juraban contra Dios.
En cuántas lápidas preciosas en un tiempo y luego convertidas en nidos de comadrejas, los enlutados parientes habían hecho grabar inscripciones que inspiraban lágrimas de fuego: “¡Madre: No te olvidaremos nunca!” o “¡Amado esposo: Vivirás por siempre en el corazón de tu desconsolada esposa!”
Les hacía pasear a mis amigos frente a esa literatura dramática escrita con letra gótica en las lápidas; yo era la guía de los sepulcros que hacía justicia a los olvidados.
“Pues bien. ¿Qué tenemos junto a estas tumbas sino costillas de gatos muertos, floreros vacíos y abandono...?”, reflexionaba.
No hablaba en balde, por cierto. Junto a la estatua de una mujer abandonada como un sauce al llanto, subía rápidamente la hiedra, cual segunda cabellera de la obra artística.
Una caravana de hormigas entraba por un pequeño orificio de un tronco podrido y venía a salir por la parte trasera del panteón, donde crecían en abundancia los musgos blancos.
¡Qué espectáculo grosero!
La rama de una higuera golpeaba, cuando el viento empezaba a soplar, la fotografía enmarcada en bronce de una dama muy joven y bella.
- ¿Qué le hace ya a esta difunta su fotografía en la pared del panteón, y el marco precioso, y el lujo de su morada, si nadie la visita ni siquiera en el día de todos los muertos? - seguía razonando.
- Y eso, ¿cómo lo sabes? - decía Felicita.
- Pues basta con observar el estado de la construcción. Este sitio, a sola vista muestra que hace años nadie pone un pie aquí. Las paredes dejan ver los ladrillos. Cuando mueres te quedas solo. Tus parientes se divierten de lo más lindo sin ti. Ya no les molestas con tu respiración asmática. Ya no les sobresaltas a la noche con la noticia de que la mierda viene en camino. Y si te descuidas no te recuerdan. Pero si se acuerdan de ti es para coincidir en que lo mejor que te pudo pasar es que hayas reventado - decía yo, satisfecha, y escupiendo, pues ésa era mi manera eficaz de poner fin a una oratoria.
Mis amigos me miraban felices. Aquella maldad que ellos tenían en algún lugar del pensamiento y que no sabían expresarla, salía muy bien pintada de mi boca.
Por lo demás, el escenario del cementerio se prestaba para conversaciones a propósito de olvidos y de un mundo infame.
Pero luego, cansada de mis maldades, me quedaba callada. Era el tiempo de ellos. Y mientras les oía decir lo suyo, observaba cómo, lánguidamente, la siesta recorría los pasillos del cementerio. Y cómo los cuervos giraban alrededor de una vaca convertida en carroña, en la colina. Y cómo el viento movía el ramaje de los árboles del camposanto trayendo un ruido de alma que corre y se despeña...



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Delfina Acosta este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

A favor de los poetas

El escritor polaco Witold Gombrowicz ha escrito un libro llamado Contra los poetas. El texto lleva dos títulos, que son: Contra la poesía (1947) y Contra los poetas (1951). La obra viaja por Internet.
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Liderazgo de la poesía clásica

Se ha hecho una encuesta en el portal “Poemas del alma” sobre poesía. Las gentes que participaron con su opinión en la encuesta de marras (de distintos estratos sociales y gustos diversos, oportuno es mencionarlo) han sentado una posición que quizás pueda sorprender a los mismos críticos literarios.
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Palabras posibles



Cherea Daniel es el nombre de una joven poetisa paraguaya. Su libro Palabras posibles lleva el sello editorial de Arandurã. Ella, inteligente, intuitiva, conoce el lenguaje poético; lo identifica a primera vista y lo plasma en una hoja de papel con la sabiduría del poeta que encuentra las palabras adecuadas, precisas, para cada mal y para cada bien que caben en la compleja personalidad del ser humano.
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Para niños

Para niños

 

EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO

El lagarto está llorando.

La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta

con delantalitos blancos.

 

Han perdido sin querer

su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,

Ay, su anillito plomado!

 

Un cielo grande y sin gente

monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,

lleva un chaleco de raso

 

¡Miradlos qué viejos son!

¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran!

¡Ay! ¡ay! cómo están llorando!

FEDERICO GARCÍA LORCA

España 1898-1936

Poema

Poema

 

   YO ELEGÍ

Yo elegí este silencio

este salmo de quietudes

que extrapolan recuerdos.

Elegí rodearme

   -apenas-

de las cosas simples

que un día tuvimos.

¿Dónde comenzó el desgaste,

el minúsculo gesto altanero?

Yo elegí este silencio

porque de tanto

auscultar la vida

supe abrir los ojos

y cerrar los puños

   -a tiempo-

cuando aún en ellos quedaban

algo de mieses

       un poco de sueños

            y bastante amor

    BETTY BADAUI

  Rosario-Argentina

 

JO VAIG TRIAR *

Jo vaig triar aquest silenci

aquest psalm de quietuds

que extrapolen records.

Vaig triar rodejar-me

-de penes-

de les coses simples

que un dia tinguérem.

On començà el desgast,

el minúscul gest altiu?

Jo vaig triar aquest silenci

perquè de tant auscultar la vida

vaig saber obrir els ulls

i tancar els punys

-a temps-

quan encara hi restava

deixalles de messes

deixalles de somnis

i prou d’amor

Poema de Betty Badaui traduït al català per Pere Bessó

Desde este sitio agradezco al Licenciado Pere Bessó, la traducción que acabo de recibir, es un verdadero obsequio

Betty Badaui

9/ 11/ 08

Breves

Breves

 

Empeñémonos un poco en ser niños, aunque seamos viejos; no tengamos miedo al ridículo, que nunca fue ridículo aquello de reír y cantar, soñar un poco y ser niños.-

JUVENAL

El secreto es tu prisionero, si lo dejas escapar serás prisionero de él.-

BACÓN

¿Dónde está el niño que yo fui, sigue adentro de mí o se fue?.-

PABLO NERUDA

Caridad no es la dádiva, la limosna, sino la entrega de amor a los demás, al prójimo, es decir a quien está próximo a nosotros.-

MADRE TERESA

De literatura y algo más

De literatura y algo más

 

 

Hay olor a primavera…

Olor a jardines grávidos de colores.

Aromas a palabras que se multiplican en el espacio y reúnen “dolores -alegrías” , que se concentran y desconcentran.

Volcánicas o sosegadas, las palabras pilotean los hechos y son transformadas según la voluntad de cada uno.

“De literatura y algo más” recoge, este mes, un puñado, las disfruta y les devuelve su libertad para que las goce quien lo desee.

La primera será: GRACIAS. Por colaborar con escritos, por leer a los autores y por los comentarios que envían.

En noviembre invitamos a Cañada de Gómez, ciudad de destacados poetas y artistas.

Le damos la bienvenida a Liliana Céliz, quien se hace presente con su palabra trabajada como pieza de orfebrería.

A Delfina Acosta la valoramos mes a mes por su escritura creadora y vital.

Las breves frases de los grandes pensadores nos siguen acompañando y los poemas para niños también.

Ramón María Del Valle Inclán, Edgar Piñeiro y Rubén Vedovaldi, se imponen cada uno con su estilo personal.

Alfonsina Storni, Marta Roldán (Carmiña Candido Daverio) y Noemí Merlo, constelan nuestras emociones.

De Raúl Astorga digo que es el impulso permanente para este blog , y de Liliana Chavez comento que siempre está.

En lo personal, mi propuesta es : un abrazo entre todos.

               Betty Badaui

 

Pueden enviar poemas, relatos o artículos breves, escritos en el cuerpo del mail, con letra tamaño 12 a: bettybadaui@yahoo.com.ar

 

Día de la Madre

Día de la Madre

Argentina - Tercer domingo de octubre

 

 

RECUERDOS DE CENIZAS

Nuestras madres eran como vestales

que no dejaban consumir el fuego

         del hogar

Luchadoras y resignadas

conservaban encendida

la llama de la vida

la de la eternidad.

Por la simpleza de aquellos días

nunca supieron

que ellas, sólo ellas,

mantenían el evo

del templo mayor.

BETTY BADAUI

 

CANSADOS *

Los huesos están cansados

No hay modo de no estar cansados

aunque haya descanso

 

Los huesos están exhaustos

Por eso no hay modo de no

estar cansados

aunque haya descanso

 

Los huesos, además, están hartos

de soportarnos, de tolerarnos

nos odien

o nos amen

 

Los huesos nos expulsan

suplican que los dejemos ir

 

Detestan que los retengamos

que los exijamos todavía

 

“¡No es humano!”, chillan.

ROLANDO REVAGLIATTI

                           (a mi madre)

*Fuente: SOPITA. - Rolando Revagliatti

Colección La esponja y el faro

Poesía contemporánea/31

1a ed.-Buenos Aires: La Luna Que, 2008

deliteraturayalgomás

deliteraturayalgomás

 

Bienvenidos a “de literatura y algo mas“, en este mes de octubre.

A los colaboradores y lectores gracias por estar. Me complace colocar en el blog poemas de Gustavo Tisocco, Ana María Rodríguez Francia, Amalia López, Maica, Silvia Spinazolla y también de quienes ,antes de partir, nos dejaron obras de gran envergadura; para ellos: Nezahualcóyotl, Josefina Plá, Osvaldo H. Trinchero, Carlos Narvaez, Conrado Nalé Roxlo…, mi emoción por volver a leerlos.

De los pensadores de todos los tiempos nos quedan sus palabras para comprender mejor a la humanidad.

A Delfina Acosta le decimos que su buen humor siempre es bien recibido en este espacio virtual.

Mi agradecimiento total para Raúl Astorga, principalísimo colabora-todo de este sitio; lo mismo para Liliana Chavez por su apoyo desinteresado.

Antes de cerrar esta página les recuerdo que solemos tener Noticias Literarias del diario ABC digital, del Paraguay, enviadas por la escritora y columnista Delfina Acosta.

Y ahora sí, me despojo de horarios, disfruto de este silencio con aromas a jazmines y mentas y comienzo este mes, con la certidumbre de que la sencillez de este espacio está madura de palabras que fueron guiadas por importantes nombres de las Letras.

Un abrazo

 

betty badaui

primavera 2008

Para los envíos de poemas, artículos o relatos cortos: en el cuerpo del mail, en Arial u otro semejante, tamaño 12.

Contacto:

bettybadaui@yahoo.com.ar

 

Si dejan comentarios para los autores será gratificante para todos. Gracias.-

Bienvenido, Gustavo Tisocco

Bienvenido, Gustavo Tisocco

 

 

Es parte del entierro

estos brazos que por colgar pesan tanto,

esta voz que quedó muda

entre exilio y sin-razón,

estos zapatos que visten abismos.

Es parte del entierro

el lento dolor de la daga,

la sed en labios secos,

la hoguera que siempre espera.

Es parte del entierro

estas ganas de ser pájaro,

esqueleto inerte.

 

 

Para escribir un poema de diez hectáreas

tendré que convocar a todos los peces,

al mago que deambula en las noches,

al aroma de pan horneado,

a la espuma del mar.

Deberé resucitar a los que me dejaron,

retornar barcos encallados en la brisa,

zafiros y esmeraldas,

al niño que soñaba con ser espantapájaros,

al viejo campanario, al andén del pueblo aquel.

Pondré el nombre de mi madre,

los fantasmas de mi gente,

una gota de río, la caricia del sauce.

De la más ínfima hierba la fragancia,

del rompecabezas los enigmas

y de los ojos del ausente las plegarias.

Un poema de diez hectáreas insume tener frío,

dejarse llevar como una veleta,

despertar en el tango que nos desnuda,

ser cometa, buzón, arquero.

Que nos deslumbren los cuentos de sal,

el vuelo del colibrí,

y las estatuas en su jaula.

Que tenemos un país herido no debo olvidar,

que hay abuelas que esperan y

una isla llena de lápidas y voces en la bruma.

Que el Crucificado sigue siendo crucificado,

que se mutilan a diario tantas alas,

que se ríen en el norte de los que pernoctamos aquí en el sur.

Y cuando me falten palabras para las diez hectáreas

acudiré a tu nombre, tus pies de duende,

a tu beso, tu sexo enhiesto,

tu mirada verde, a tus dudas y certezas,

a tu valle encantado,

a tu insomnio, a tu alcohol.

Sólo ahí nacerá el poema,

grito extendido

inmortalidad cierta.

 

Niña

afuera llueve,

no te acerques al aljibe

que puedes caer al foso.

El foso es penumbra,

humedad y tragedia.

Niño

afuera hay sol,

no te acerques al aljibe

que puedes caer al foso.

El foso es para suicidas,

ladrones y asesinos.

Madre estamos ya en el foso...

aquí hay cadáveres honestos,

sueños desechos, hermanos torturados.

Rescátanos

y desenmascaremos juntos a los duendes verdes

que habitan entre flores.

   GUSTAVO TISOCCO

   Corrientes- radicado en Buenos Aires

Nezahualcótyol

Nezahualcótyol

             YO LO PREGUNTO

          Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

          Nada es para siempre en la tierra:

                   Sólo un poco aquí.

         Aunque sea de jade se quiebra

          aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

             No para siempre en la tierra:

                   Sólo un poco aquí.

                 NEZAHUALCÓYOTL

                   Rey de Texcoco

                      1402-1472

 

Ana María Rodríguez Francia

Ana María Rodríguez Francia

 

Para Alicia Cámpora

Escuchando “Galdson sólo piano”

Roots

I

Bronces.

Bronces en la noche de abril,

casi lamentos,

resonancia del tiempo

y de la ausencia

Bronce que inunda

el alma adolorida.

La luna, en el misterio,

me susurra tu nombre

que se aleja de a poco

y no puedo entender, en estas horas,

el grito de la noche.

II

Arpegios, en cuyo deslizar

se filtran voces

que la Fuente derrama.

Palabra sin palabra.

Fuego sin luz.

Armonía perfecta del silencio.

Allí te veo,

en el perfil del viento.

IV

Un diálogo de notas

Impregna el día que,

con luz naranja,

dispersa el ventanal

en la penumbra.

Raudos, por instantes solemnes,

los sonidos dibujan

un paisaje distinto

y pasas como un ave

que vuela su línea de oro

sobre un lago.

IV

Esta paz,

que la música redime,

dice de frondas,

de iluminados bosques transparentes.

Sol y lluvia a la vez

en sinfonía

transparencia de algo

tan secreto, tan íntimo,

que solamente el esplendor

devela.

Es el lugar donde

tus ojos verdes,

aventan de los párpados

la sombra..

V

Y la memoria

llega con antiguas imágenes,

compañía perfecta

de los días que fueron.

VI

Alguien,

en algún sitio

danza.

Velos de otoño envuelven

una figura que nos aproxima.

Y estamos otra vez

en esta orilla,

tan frágil,

pero nuestra.

VII

Velaré para siempre tu nombre

amiga mía, hermana mía.

Ángel fugaz, sereno y vulnerado.

Maga sutil

en tu ritual de estrellas.

ANA MARÍA RODRÍGUEZ FRANCIA

Cuento: Delfina Acosta

Cuento:  Delfina Acosta

 

DOS LOROS
DELFINA ACOSTA
Mi hermana Leny andaba ociosa ese caluroso día de mayo. Me di cuenta de su estado de ánimo cuando descubrí una mueca de desprecio que le subía al rostro al observar las formas perezosas de la siesta vagando por el patio.
Tenía la mirada vencida de quienes sólo se reaniman un tanto, al oír, de cuando en cuando, el llamado a la vagancia de la cigarra subida al eucalipto.
Una chispita se prendió en su cabeza de repente; me dijo que no sería mala idea ir al rancho del señor Antonio y su mujer, Rosa, para tantear alguna diversión con sus dos loros.
Sabía de su existencia. En la colina corría la leyenda de que aquellos pájaros hablaban.
Fuimos por un caminito angosto con olor a polvo pasajero. Y mientras caminábamos, bastante animó mi espíritu de viajera ese sitio colmado de árboles tan añosos como jorobados e infestados de insectos rastreros.
Si algún ave salía disparando hacia el cielo, asustada ante nuestra presencia, más asustada que el ave, lanzaba yo un grito, como de quien va a perder el juicio en el instante; bien se sabe que a las niñas nos encanta chillar, dar pataletas y hacer escenas hasta que vienen nuestras madres a propinarnos cintarazos en las nalgas.
Una sombra fugaz alzó ruidoso vuelo desde el pastizal. Retrocedí unos pasos.

- Pero si es solamente un tero - tero - me dijo mi hermana.
Nunca tuve un loro. Sí me congracié con una perra, llamada Laica.
Mientras íbamos andando, Leny cantaba en voz alta una estrofa del Himno Nacional. Siempre que ella se daba a la libertad de soltar sus pasos por la campiña, el Himno le venía a la boca; lo hacía para entreverar la ilusión de la fuga de la casa con letras patrias de la escuela, y hacerme creer - de esa manera - que en empresa de huida no estábamos embarcadas.
Llegamos al rancho. Don Antonio, hombre de cabellera blanca, y acostumbrado, como muchos viejos, a tomar el mate todo el día, estaba sentado infinitamente sobre una silla de cuero. Asiento, vejez y mate solían ser una estampa común en los ranchos de la colina.
Nos miró con indiferencia. Cerca de él, junto a una enorme olla de hierro donde hervía un caldo de pescado, su mujer nos echaba una mirada de simpatía.
Una fila de enormes hormigas negras subía por la pared de barro de la tapera.

En un limonero del patio estaban las bestias de pluma. Paco, el loro hablador, nos saludó.
“Buen día. Don Antonio, viene gente. Geeeente. Geeeente”, decía.
Pronunció esta frase melosa estirando el cuello: “Qué linda visita. Que linda visita. Qué linda visita. Liiiiiinda. Liiiiiinda”.
Leny reía.
“Adelante. Adelante. Adelante. Entren. Entren. Entren. Están en su casa”, insistía. Mi hermana y yo, permanecimos quietas en el pequeño patio de arena, por el respeto y el miedo tan comunes en los niños, quienes cuanto más son invitados a pasar al interior de una vivienda, y cuanto más la amabilidad se alarga, más se quedan plantados y tiesos donde tienen puestos los pies.
Fijé mis ojos en el otro loro, que no decía palabra.
Era un bello ejemplar. Su plumaje tenía vivos colores verdes y amarillos.
Si bien nos miraba de cuando en cuando, permanecía mudo como la imagen misma del silencio.
- Acaso Chilito perdió el habla, pobrecito - le susurré a mi hermana, quien se encogió de hombros. A ella le faltaba el sentido trágico y sentimental de la vida, que en mí creció y me cubrió, como la hiedra, encarcelándome.
Cuando uno es niño, suele figurarse, a veces, que puede llegar a tener alguna influencia en los animales. Sobre todo en los loros. El silencio de aquel ave, fue interpretado por mi curiosidad, como una dignidad del animal. Lo suponía talentoso aunque tímido. Una caja de sorpresas aunque disimulador.
Sospechaba que podía sacarle algunas palabras, echándole una conversación amable.
Silbé la canción “El pino y la paloma”.
Luego me acerqué a él.
- ¿Qué te pasa, lindo Chilito?
Silencio.
- Tu nombre es muy bonito. Yo me llamo Delfina. Quiero ser tu amiga. ¿Te sientes triste? Yo también estoy triste.
Silencio.
- Chilito de mi corazón - le dije casi al oído, mientras el otro loro, prendido al alambre del que colgaba la botella, seguía verseando.
- Sé lo que pasa por tu cabecita - exclamé.
A veces me daba por pensar, en mi infancia, que tenía poderes sobrenaturales. Lanzaba en los momentos de mi locura infantil, maldiciones a los rayos y a los truenos, para que la lluvia cesara. En algunas ocasiones he llegado a convencerme de que daba continuidad a las lloviznas de las siete de la mañana, la hora de marchar al colegio.
- A ver... Chilito... ¡Ya sé qué es lo te ocurre! ¡Ya sé! - afirmé, sin saber lo que le ocurría, por supuesto, y mirando fijamente los ojos inquietos del animal.
¡Qué firme pero insensata manera de pretender llegar al alma de un ave!
En ese instante, Paco, dando un vuelo veloz, se largó sobre mí. Sus uñas se convirtieron en gruesos alambres clavados en mi cuello y su pico en una tenaza de fuego que doblaba mi nariz.
No lloré. Don Antonio y su mujer dijeron que Paco solía portarse mal y con esa explicación se quedaron mirándonos, y nos seguirían mirando todo el tiempo, de no ser porque el ave, más dueño de la casa que sus amos, gritó: “Adiós. Adiós. Gracias por la visita. Gracias por la visiiiiiiita”.
-Adiós - dijimos.
Mientras mi hermana y yo emprendíamos el viaje de retorno, el sol calentaba el pasto como el aliento de un caballo y algunas golondrinas alzaban vuelo en dirección al norte, con un trino festivo.

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     NOTICIAS

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Escritores y drama

No se trata de desmitificar a los escritores, pero se sabe de su parte de culpa en algunas enfermedades sicológicas de sus hijos. Víctor Hugo, el extraordinario escritor francés, autor de Nuestra Señora de París y Los miserables, tuvo cinco hijos. Una descendiente suya encontró la muerte como consecuencia de la locura.
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Poemas de la Adolescencia



Ha sido publicado hace poco tiempo el libro Primeros poemas de Ramiro Domínguez. La obra literaria lleva el sello editorial de Servilibro.
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Para niños

Para niños

 

A LA MANCHA

Por allá a la tardecita

dentro del espacio azul

están jugando a la mancha

diez mil bichitos de luz.

 

Como va siendo de noche

todos llevan un farol

que apagan, para esconderse

como diciendo ¡a mí no!

Que encienden para mostrarse

como gritando ¡aquí estoy!

 

Por allá a la tardecita

dentro del espacio azul

están jugando a la mancha

diez mil bichitos de luz.

CONRADO NALÉ ROXLO

El hombre en la poesía

El hombre en la poesía

 

EL VAGO ENCANTO

Bellas, airosas, pálidas, altivas

como tú misma otras mujeres veo;

son reinas victoriosas; su trofeo

es una multitud de almas cautivas.

 

Su blancura de mármol, sus flexivas

formas, sus ojos, flechan el deseo…

Yo, indiferente y sin afán las veo

bellas, airosas, cálidas, altivas.

 

¿Por qué? Porque les falta a todas ellas,

aún a las más puras y bellas,

un detalle sutil, un casi nada:

 

no brilla entre la gracia turbadora

de sus encantos, el que te decora:

el vago encanto de mujer amada.

CARLOS LÓPEZ NARVÁEZ

COLOMBIA 1897

 

CONSUMACIÓN *

Tomemos como punto de partida

este día de hoy; esta mañana,

y un rayito de sol en la ventana

al desflorar el alba de la vida.

 

Y apuremos sin riesgo ni medida

la febriciente luz que nos hermana;

dejemos de rolar por esta insana

adoración que pasa inadvertida.

 

Y así en irreverente sintonía,

haremos del amor una contienda

de corceles a crines descubiertas.

 

Después me iré cuando despunte el día,

sin apuro saldré por la trastienda

¡Consumado el amor tras de las puertas…!

OSVALDO H. TRINCHERO

Rosario-Argentina

*Fuente: “Por la vida” (1993)

 

La mujer en la poesía

La mujer en la poesía

 

LAS PUERTAS

…Un cerrarse de puertas,

a derecha e izquierda;

un cerrarse de puertas silenciosas,

siempre a destiempo,

siempre un poco antes

o un momento demasiado tarde;

hasta que solo queda abierta una,

la única puntual,

la única oscura,

la única sin pasaje y sin mirada.

JOSEFINA PLÁ

España *

1909-1999

* Radicada en Paraguay desde 1926

 

SOLEDAD

El viento, el mar.

Los pensamientos lejos.

Hoy está sola.

AMALIA LÓPEZ

Argentina

 

 

LAS ROSAS NO HABLAN

Estaba entre las ruinas del cemento

con la paz guerreándole al coraje.

Aquel rosal aprisionado

cantaba su limosna de pétalos abiertos

y la raíz del mundo entre las hojas.

Evitar al papel

o no saber que empuño

un cementerio flaco en los nudillos.

Algo vaciaba en mí su fuente desprolija.

No sabía que el hambre se acodaba

sobre el reparo servil de lo ignorado.

No hubo tiempo

Ni las ganas de entonces.

las tuercas oxidadas de dolernos

tanto amor circular

fundieron su armadura

y al fondo esa canción sin más anclaje

que la sórdida reunión de los sentidos.

Volar siempre volar para encontrar distancia

para saber que la existencia es sólo un punto.

No hay pájaros ni hay lobos que alimenten

su infierno con mis sombras.

Nada para expresar

sólo la cruda inmediatez

del devenir que trae a contramano

muda resignación que incordia a lo intuido

y estarse así pariéndose la vida.

Una verdad siniestra nunca dicha

de haber amado tanto ese camino

de búsqueda o sorpresa

sin conocer

el mundo que se arrastra.

Algo para decir sin que lo diga

no renunciar a tanta lucha

de continuar rodando en la pendiente

razón del equilibrio que me arruga

El paso vacilante del desierto.

Nada para decir tan solo un precipicio

que redobla su apuesta

para no sucumbir

y se cuelan las notas

aguijones que prenden músculos con los huesos.

si mis dedos pudieran arrancar maravillas

a una escala a medio del vacío

algo para decir

sin que lo diga

SILVIA SPINAZZOLA (Silsh)

Argentina

 

°°°°°° *

Soy la sombra de una vida,

soy la paz después del temor,

soy el grito, que en la noche, vuelve a mi voz,

soy la sangre que no derramé porque afortunadamente huyó,

soy la magia de una muerte,

soy la sal del mar cuando se oscurece,

soy los pasos que aún escucho de un gigante que nunca existió,

soy el calor de un cuerpo y el alma de un corazón,

soy el llanto del olvido, y el suspiro de un vencedor,

soy la esquina, que al doblarla, encuentra de frente al sol,

soy el silencio de un beso y la mirada de un adiós,

tú, tú que sabes quién soy yo.

M. Y. C

*: enviado por la locutora y amiga Marcela Barrera, radicada en España y añorada por los rosarinos. Gracias Marce, por tu colaboración.-

DE LITERATURA Y ALGO MÁS

 

 

 

Breves

Breves

 

El dinero es como el tiempo, no lo desperdicies y tendrás bastante.-

A. ONASSIS

El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo.-

SAINT EXUPERY

Lo que toda persona desea es que le demuestren un poco de aprecio, que la consideren un ser humano.-

MADRE TERESA

¿Para qué amontonar un hombre millones que otros gastarán cuando él se muera?

P. GIANNINI

Noticias

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Biblioteca ideal del joven lector



Me vino a la cabeza la idea de escribir sobre la biblioteca del adolescente. Es una realidad que en nuestro país no existen las grandes bibliotecas, pero en fin, no se afane el alma, pues de que las hay las hay.
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Un ensayo jocoso



Como soy una persona curiosa, y cada vez más me come la curiosidad por saber qué pasa en la cabeza de los poetas, de quienes se dicen cosas feas, y a quienes se tiene por gente que no puede tener un acomodo digno dentro de la sociedad pues es sabido que no ganan mensualidades; como soy persona curiosa, decía, iba día atrás tras los pasos de los poetas (callo sus nombres), a escondidas.
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Celebración de la salud



Podría haber ocurrido que una parálisis facial me dejara el rostro volteado, que un rayo cayera cerca de mi casa y rajara, con su tronar fulminante, la pared de la cocina, cada vez más deslucida. Nada ocurrió. Y estoy alegre. Alegre porque no me pasan motivos para fruncir el ceño, y quedarme sentada sobre la silla, y mirar, cabizbaja, el horizonte.
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