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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2008.

de literatura y algo más

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La abstracción de la Palabra, su fonética, y su evanescencia en el aire como buscando la azulidad del cielo.

La Palabra, la de ustedes, -que han colaborado conmigo para que de literatura y algo más corra su mensual viaje-, se hace presente en una nueva entrega.

Y ahí va mi Palabra de hoy, la de siempre: GRACIAS.

 

 

Betty Badaui

 

Colaborador permanente: Raúl Astorga

Para publicar: enviar los poemas, como así también los relatos y artículos breves, en el cuerpo del mail, en Arial u otro semejante, tamaño 12.

Contacto:

 

bettybadaui@yahoo.com.ar

 

 

 

 

01/08/2008 01:09 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Breves

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El que es temido por muchos, debe temer a muchos.-

PUBLIO SIRO

 

Economizad las lágrimas de vuestros hijos, para que puedan regar con ellas vuestra tumba.-

PITÁGORAS

 

Haz las cosas pequeñas con gran amor.-

MADRE TERESA M.C.

 

Coge el día presente, y fíate lo menos posible del mañana.-

HORACIO

 

Tu verdad aumentará en la medida que sabes escuchar la verdad de los demás.-

L. KING

01/08/2008 01:11 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

para niños

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CARICIA

Si la abeja se entra al lirio,

no se siente su aletear.

Cuando escondes a tu hijito

ni se le oye respirar…

Yo te miro, yo te miro

sin cansarme de mirar,

y qué lindo niño veo

a tus ojos asomar…

El estanque copia todo

lo que tú mirando estás;

pero tú en las niñas tienes

a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste

me los tengo que gastar

en seguirte por los valles,

por el cielo y por el mar…

CARMEN CONDE

Cartagena-España

1907-1996

 

 

01/08/2008 01:13 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

la mujer en la poesía

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SER RÍO SIN PECES

Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.

A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.

Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.
Ay, pero a veces hondo y sosegado


se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado

ROSARIO CASTELLANOS

MÉXICO

1925-1974

 

 

 

PREÑEZ *

Esta inesperada redondez

este perder mi cintura de ánfora

y hacerme tinaja,

es regresar al barro, al sol, al aguacero

y entender cómo germina la semilla

en la humedad caliente de mi tierra.

DAISY ZAMORA

Nicaragua-1950

* Fuente: Poesía Breve www.poesiabreve.com

 

CASI JOVENES
Vení,vamos al campo, el cielo es un delirio
rebelde de chispeantes punzones en racimo.

¿No sientes que tus plantas se hunden en la hierba
y alcanza el pensamiento un brío que refresca?

Impúlsame a que vuele,rotunda,enamorada
y vuelva hacia tus brazos como una colegiala

Corramos en procura del más cercano charco
que calme travesuras de las ardientes manos.

Desnuda por el aire la sed de los arrullos,
apremia nuestros cuerpos secretos y confusos.

¡Qué siembra hay en mi alma tan fértil este día
con flores en la boca de púrpura encendida!

Acuéstate a mi lado y deja que mis dedos
se mezclen con la seda grisácea de tu pelo.

Volvamos sin fatigas y abrázame hasta el alba,
no digas nada, escucha: el viento es el que canta.

NOEMÍ MERLO BARCHIESI

 

LOS NIÑOS YA NO JUEGAN

El sauce está triste

no por ser llorón.

El carrusel dejó de girar.

Los niños ya no juegan

en el parque.

El avión, el corcel, el cisne

y hasta Dumbo

están muertos.

Ahora el parque de mi barrio

ya no escucha sus risas.

Todo es verde, luces,

cámaras grabando,

policías de custodia.

Vivir el espanto.

Ya los niños no juegan

en los parques.

NORMA PADRA

01/08/2008 01:18 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

el hombre en la poesía

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SONETOS NOCTURNOS

I

Tiempo soy entre dos eternidades.
Antes de mí la eternidad y luego
de mí, la eternidad. El fuego;
sombra sola entre inmensas claridades.

Fuego del tiempo, ruidos, tempestades;
si con todas mis fuerzas me congrego,
siento enormes los ojos, miro ciego
y oigo caer manzanas soledades.

Dios habita mi muerte, Dios me vive.
Cristo, que fue en el tiempo Dios, derive
gajos perfectos de mi ceiba innata.

Tiempo soy, tiempo último y primero,
el tiempo que no muere y que no mata,
templado de cenit y de lucero.

CARLOS PELLICER

MÉXICO

1899-1977

 

ANCLAJE *

En el principio no existía la arena.

El origen de todo fue un movimiento tan minúsculo,

que las horas calladas comenzaban a girar

sin manifestarse en el espacio ni en el tiempo.

Hubo fuego, hubo noche,

hubo un tumulto de océanos furiosos de su anchura.

La gran fábrica atropelló la quietud del universo

y sus elementos fueron el remo, el nido, el cobre y la madera,

el desamparo, los nietos, el trabajo.

Caímos en el uno de uno mismo; en el cruce genital;

en la geometría; en el sur con el oeste y sus antípodas.

Caímos con los cinco sentidos

que simulan sacarnos del encierro.

Hubo un accidente entre el amor y el amor

y perdimos el cero para siempre.

No hubo invitación. No habrá despedida.

la consigna es ocupar, ocuparse,

desviar de su rumbo las puras latitudes incompletas.

Es por eso que basta una ausencia, una ausencia nada más,

solamente una ausencia, para que el mundo todo se vacíe.

      SEBASTIÁN OLASO

*Fuente:CONTROL SOBRE MIS OJOS-Libro Tercero

Anclaje - III Pág. 51

 

 

QUERERLO TODO

Yo tenía un voraz medio hermano

banquero, financista, en mi última pesadilla

y le reprochaba:

 

“Vos lo querés todo:

el chiquero interplanetario

los inconmensurables beneficios

la casita en Belgrano

y un vistoso ejército de negros que te abaniquen!”

 

Y entonces él me regalaba

acallándome

la casita.

ROLANDO REVAGLIATTI

 

 

01/08/2008 01:21 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Un cuento de Delfina Acosta

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LA MISIÓN
Delfina Acosta


Tenía doce años. Empezaba a encontrar natural despertarme acosada por un pensamiento. Entonces me levantaba de la cama y me dirigía al gabinete.
Allí escribía. Qué sé yo cuántas dudas escribía, pues - ciertamente - anotaba dudas. Tarea ardua para una niña que debía estar en su lecho durmiendo, pues eran las tres de la madrugada, y hacía un frío espantoso. Un viento que obligaba a los perros callejeros a meterse debajo de los autos abandonados en el callejón del pueblo.
Durante el día permanecía huraña.
- ¿No vas a lavarte los cabellos?
- Solamente un baño.
Mi existencia tomó un rumbo literario. Cuando el sol se ponía y los elementos de la naturaleza inclinaban con rigor a los sauces del cementerio, me apuraba la necesidad de escribir.
- Estás mal de la cabeza mi niña - me decía la nana, disparándome unos ojos asustados.
Pues claro que sí; que me sentía enferma, yo lo sabía.
Por otra parte, ¿qué trazador de versos en letras itálicas, no cae en la cuenta de que su cabeza suele ser invadida, repentinamente, por cientos de langostas?
Por la tarde escribía. Al menos había logrado ajustarme a un horario que no fuera motivo de gritos por parte de mi padre, quien al ver la luz prendida en el gabinete, perdía el sueño nocturno y se levantaba frecuentemente a orinar.
Una tos seca me acosaba.
Mi madre me observaba con lástima; sabía que no podía hacer nada por mí, salvo partir en dos mitades perfectas un comprimido de meprobramato, que tomaba con agua.
Bajo los efectos del tranquilizante, me libraba del tormento de la escritura inmediata, y del presagio de futuras escrituras escabrosas.
Mi caligrafía ilegible revelaba el ánimo furioso del mar, que era, a veces, con su sonoridad vespertina, la causa de mis momentos de nerviosismo.
Escribí veinte historias sobre el mar.
Pero también sobre un jardinero, que enterraba gatos recién nacidos debajo de un rosal amarillo, mientras la dueña de la casa, una anciana jorobada, los andaba buscando por el corredor y las habitaciones.
Cierta vez escribí sobre una mujer delgada y hermosa, que había salido a la calle, a la medianoche, con una alcuza en la mano. Llamaba a sus mininos perdidos con voz de bambú; las ventanas de las casas del pueblo se abrían de par en par.
- No son horas de andar gritando - le decía una señora, que daba de mamar a su niño.
- Gatos malditos. Si los encuentro los mato - gritaba la mujer.
Se hizo parte de mi vida escribir. Y tomar pastillas. Don José, el farmacéutico, me preguntaba a menudo cuándo publicaría mi libro. Yo sabía que el libro tendría que salir alguna vez. Pero aún debía definir el argumento de la moza que se había fugado con el gitano. Es más. No estaba segura de la historia. Jamás me convencieron las fugas. Y en esa indecisión batallaba.
El boticario me admiraba. Él también escribía. Como compraba la medicina a crédito, me sentía en la obligación de escucharlo hablar sobre su libro.
“Penumbras en el ártico” llamaba él a su obra. La cosa es que no sabía decirme ni dos renglones de ella. Mientras envolvía mi medicina recitaba alguna poesía de Amado Nervo. Y luego, como si el poema fuera de su autoría, me preguntaba con un suspiro de satisfacción: “Y, ¿qué me dices? Terrible, ¿no?”
Yo sabía que me estaba enfermando en serio. La obra crecía, se agigantaba, a costa de mi salud. Tenía la impresión de que el mar, la moza de los hermosos cabellos negros enamorada del gitano, los mininos de ojos relampagueantes y extraviados, todos, estaban metidos en mi gabinete.
Mis ojeras me delataban.
- Pero si estás muy mal - me reclamaba mi nana.
No podía parar. No debía dejar en eterno extravío a aquellos mininos. Alguien tenía que detener a la mujer con la alcuza en la calle. El romance de la moza de ojos airados y pelo renegrido merecía un perfecto final.
Todo era demasiado para mí.
Hoy fui a la farmacia. He comprado un frasco entero de somníferos.

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01/08/2008 01:23 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Bienvenida, Delfina Acosta

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DELFINA ACOSTA


Asunción - Paraguay - 1956


Nació en Asunción, pero su infancia y su juventud pertenecen a Villeta, donde cursó sus estudios primarios y secundarios.


Su primer poemario Todas las voces, mujer... obtuvo el Primer Premio ‘Amigos del Arte‘. En relación con este libro cabe mencionar que el mismo figura entre las obras más consultadas de la Biblioteca Virtual de Cervantes.


Integró durante mucho tiempo el Taller de Poesía "Manuel Ortiz Guerrero" y dio a conocer algunas obras poéticas en publicaciones colectivas del citado Taller.


Publicó el poemario La cruz del colibrí, que lleva prólogo de la poetisa Gladys Carmagnola.


Reunió sus cuentos que obtuvieron premios y menciones en concursos literarios en el libro El viaje.


Su obra Romancero de mi pueblo ganó el segundo premio ‘Federico García Lorca‘. Romancero de mi pueblo lleva prólogo del crítico y poeta Hugo Rodríguez-Alcalá.


Su último libro, que edita Portal de poesía, lleva el nombre de Querido mío: y es bestseller en Asunción, ha recibido el premio ‘Roque Gaona 2004‘.


Sus obras (cuentos y poesías ) están incluidas dentro de numerosas antologías nacionales y extranjeras.


Es columnista del diario ABC Color; hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural del mismo diario. Actualmente dirige el Taller de Poesía de la Universidad Iberoamericana.


El poemario Versos esenciales ( edición del autor ) de Delfina Acosta está dedicado a honrar íntegramente la memoria del poeta chileno Pablo Neruda. Fue presentado al público paraguayo en 2001, en la embajada de Chile en Paraguay. Varios ejemplares del poemario se encuentran en exposición permanente en la casa museo Isla Negra. El PEN Club del Paraguay otorgó al libro el Primer Premio destacando su elevado vuelo lírico y su lenguaje universal.


Es poetisa, cuentista, y crítica literaria. Actualmente hace reseñas sobre obras literarias nacionales y extranjeras para el diario ABC Color y dirige el Taller de Poesía de la Manzana de la Rivera. Su libro Todas las voces, mujer..., figura entre las obras más leídas del Portal de Cervantes (España).








Leer Querido mío:



 

















Versos esenciales a Pablo Neruda

Versos de amor y de locura

Delfina Acosta agradece cualquier comentario sobre sus libros:


delfina@abc.com.py

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AQUELLA QUE TE AMÓ



Palomas de repente en mis mejillas.
Un sacudir de alas si regresas,
amante, a mi presencia y me perdonas
y arrancas de mi amor la sola queja.
Me juras por tus muertos, yo te juro
por Dios que a los demonios atormenta.
Y en brasas se convierten las palabras.

En pájaros sangrientos que pelean
por las migajas de las hostias últimas.

Ámame hombre en esta noche negra.

Mi historia es ésta: un lecho solitario,
un despertarme atada siempre a hiedras
y una almohada llena de tu rostro.

Mi vida toda es sólo sueño, niebla.
Mas llegas y mi voz ya no es cautiva.

Y aquella que te amó se me asemeja.

*Delfina Acosta (Paraguay, 1956)




LA CONDESA DESCALZA 10/09/2007 23:45 Enlace Permanente Comentarios (0)


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01/08/2008 01:28 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Paraguay, tierra apasionada

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(dedicado a mi hija Nora)

Hundir la mirada en los lapachos amarillos o rosados; pisar, descalza, su tierra rojiza; recorrerla sin horarios mientras saboreamos un chipá crujiente…

Aceptar un jugo de piña o un fresco tereré; asombrarnos con la sopa paraguaya cortada en dorados trozos; preguntar qué es el borí borí; y escucharlos mientras nos dedican una canción que se enlaza en las cuerdas de una guitarra o de un arpa…

Recordar, con su gente, la literatura de Manuel Ortiz Guerrero, Herib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero…

Y decir con orgullo: “el álbum-bebé de mi hija tiene una dedicatoria de José Asunción Flores, que le dejó de regalo cuando visitó nuestro hogar.

Querer comprar todos los ñandutíes, aho poí y bolsos de cuero repujado…

Y susurrar, en la coreografía del espacio: “cuántas veces te recorrí y aún te deseo, Paraguay.

BETTY BADAUI

01/08/2008 01:31 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

DÍA DEL NIÑO-2° domingo de agosto

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El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.-

OSCAR WILDE

09/08/2008 02:46 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

la literatura paraguaya en un diccionario

 



Este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

La literatura paraguaya en un diccionario

El diccionario de la literatura paraguaya se va abriendo en cantidad y también calidad a los lectores, pues los umbrales de las letras de los tiempos que corren necesitan respuestas efectivas por parte de investigadores y compiladores de cuentos, novelas y poesías.
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18 de agosto de 2008 . Este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

5 poetas españoles de hoy

Tengo en mi poder un libro que encontré hace unos días en mi buzón. Se titula Pentagrama. Fue publicado por Trilce ediciones, en España. El mismo es una antología preparada por Remo Ruiz, poeta y ensayista español, nacido en París (1964). El texto, que también da en llamarse “Cinco poetas españoles de hoy”, contiene los poemas de los siguientes artistas: Luis González Tosar, Juana J. Marín Saura, Enrique Villagrasa, Alfredo Pérez Alencart y Asunción Escribano.
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Subject: USTED SE BESA CON EL CURA (CUENTO)

USTED SE BESA CON EL CURA
DELFINA ACOSTA
Pensativo lector: No me mueve sino la intención de acercarle la versión de mi niñez, para alejarlo de sus preocupaciones y hacerlo reír, ojalá, con mis diabluras.
Se habla desde siempre sobre cómo educar a los chicos. A los niños hay que enseñarlos en el amor. Esa es una verdad.
Considere el lector mi mala crianza, pero sepa, antes de juzgarme, que mi existencia, como la de muchos niños librados a la holgura del campo, ha sido feliz gracias a la rudeza y a la fiereza.
Vivía yo en una casa grande, ubicada sobre una suerte de colina del pueblo, a pocos pasos del camino de polvo que llevaba al cementerio. Ibamos mis amigos y yo al camposanto, en las siestas calurosas. Allí hacíamos tumulto, que era la degeneración propiamente dicha, pues si bien éramos pequeños, teníamos el salvajismo clavado en nuestros sentidos.
No le temíamos a los cuernos de las vacas, que solían comer pasto en la loma, y por malditos y provocativos, les arrojábamos piedras en los cogotes. Con el tiempo, aquellos animales, al vernos llegar, se alejaban del lugar a prisa.
No podíamos sentirnos contentos siguiendo las habituales normas del juego, pues crecimos a la de Dios que es grande, sin padre ni madre que nos castigaran o mimaran, ni cavilaran en nuestro destino.
Nos gustaba el juego de las consternaciones. Sentados frente a los panteones, invocábamos a los espíritus del sitio, con amenazas de que si no salían a mostrarnos su pálida tez, su larga barba, o, al menos, su gusano, los condenaríamos a perpetua inmolación en el infierno.
Cuando nos enterábamos de que alguien había fallecido, ya estábamos junto a la fosa abierta, aguardando la llegada del cortejo fúnebre.
Nos producía una extraña fascinación observar la descompostura de algún pariente, que caía de ancas en el suelo, para recuperarse después de oler la lengueta de un zapato.
En una ocasión, Malú, que siempre desayunaba aire, pues era puro esqueleto y barriga cargada de lombrices, largó un gas estruendoso mientras el cura párroco reflexionaba solemnemente sobre la paz de la vida después de la muerte . Recuerdo el silencio ofendido y espeso de los deudos ante la cruz mayor.
En fin, que éramos malvados, torcidos de mente y muy animales, estaba escrito en piedra. Y si lo sabíamos, no alcanzábamos siquiera a considerar la razón de nuestra maldad, pues nos creíamos con derecho de llevar a cabo lo que queríamos hacer, por el sólo hecho de ser niños.
El juego se justificaba, para nosotros, por el mismo juego. Nuestra ley era jugar por jugar.
Eso sí; las niñas nos fuimos haciendo finas y doctas en la hipocresía. Un domingo por la mañana, Rosa y yo fuimos a hablar con la madre superiora del colegio de monjas de Villeta.
Quiero ser monjita porque San Antonio se me aparece en la pared de la letrina - le dije a la religiosa, dándole codos a mi amiga. “Yo quiero conservarme virgen”, le habló Rosita.
Pero son muy pequeñas; ¿están ustedes bien de la cabeza? - nos contestó la hermana directora, sorprendiendo, ofendida, nuestra caradurez.
- Mi mamá es atea. Dice que usted se besa con el cura, que no se baña nunca y que es chismosa - le respondí. Entonces una bofetada me cambió el color de la cara.
Rosa Caballero partió a los quince años a la Argentina. ¿Qué se habrá hecho de ella?
Ah... los recuerdos de mi niñez. Tan maldita que era. Tan mal intencionada. Tan lista para hacer pasar la fechoría por buena intención.
La tarde cae fría sobre la higuera
Tengo por sentado que al morir, voy a reencontrarme con mis amigos de la infancia. Nos veremos la cara y moriremos de la risa.



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11/08/2008 16:51 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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