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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.

Bienvenido

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Disfrutar una nueva experiencia, cumplir con la obsesión de reunir los nombres de los que admiramos y de aquellos que desean un lugarcito donde alojar sus escritos.

Tirar por los aires aquellos sueños de hacer la gran revista y regalarnos éste, el de inaugurar un espacio que sólo ha de contener el prestigio de sus colaboradores.

Y ahora sí, agradecer a quienes, de diversas maneras, me permiten continuar.

Betty Badaui

 

05/01/2008 14:33 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Reportajes

Reportaje a... ROBERTO FONTANAROSA

Suele ocurrir… que para reportear al “Negro”, él nos cite en algún bar del centro en lugar de hacerlo en su Taller. Por eso es tan fácil hablar de otros temas, no sólo del humor; por ejemplo, hablar de fútbol y de Rosario Central, una de sus grandes pasiones. Y tal vez también sea el motivo por el que las entrevistas sean amenas, informales, fluidas. O tal vez esto se deba a su propia sencillez y espontaneidad…

-¿Qué es lo que más le gusta de Rosario?

-Me gusta cómo ha crecido en los últimos años. De a poco se fue recuperando la zona del río, y hay otras cuestiones que la fueron favoreciendo y embelleciendo. Por otro lado, lo que me disgusta es la grave situación económica que influye, y mucho, en el nivel de todos, no sólo de los rosarinos.

-¿Usted es de los que creen que en algunas cosas Buenos Aires nos deja de lado?

-Yo creo que ellos son así en todo. Que no le dan mucha importancia a los demás. No es que se lo proponen, sino que se abastecen solos de lo que necesitan. Lo que sucede es que del mismo modo en que quizás ellos se sienten poderosos con los demás, nosotros, los rosarinos, en muchas ocasiones hacemos lo mismo con la gente que llega del interior.

-¿Usted se siente cómodo en Rosario…?

-Sí. Es lógico, por otra parte prefiero vivir en esta ciudad que en una de cinco o seis millones de personas donde se incrementarían los problemas-

-¿Coincide en la manera de defender la ciudad que tiene el rosarino?

-En general,sí. Pero tampoco hay que poner el grito en el cielo cuando uno tiene razón. O sea que hay que defender lo que corresponde, no lo indefendible, por el simple hecho de ser de Rosario.

-¿El fútbol sigue siendo su gran pasión?

-Por supuesto. A mí me gusta mucho seguir todos los torneos y siempre hay que tener en cuenta que hago muchos trabajos referidos al fútbol.

-Es un reconocido hincha de central. ¿Cómo lo tratan los hinchas de Newell´s?

-Bien, dentro de todo, bien. Hay una buena convivencia y aparte tengo muchos amigos que son newellistas.

 

 

Así terminó una charla amable y cordial con uno de los artistas más destacados de Rosario: ROBERTO FONTANARROSA, simplemente “El Negro”.

Gabriel Zacnún

 

* Reportaje extraído de la revista “De Literatura… y algo más, publicada en el mes de julio de 1999 .-

 

05/01/2008 15:16 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Narrativa

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HOMBRES DIBUJADOS

Dicen que hubo un tiempo en que la ciudad era apenas una sombra. Dicen que sí, y que aunque la noche fuera clara ya no se veían chicos corriendo detrás de una pelota y mucho menos, adultos caminando junto al río.

Dicen que muy a menudo se veían otras sombras, rudas y temibles, detrás de los árboles escrutando la ciudad. Dicen que analizaban cada ruido, cada paso, cada casa, y hasta a cada mujer que parada en alguna esquina intentaba ganarse la vida.

Dicen que por entonces no había casa con sus luces encendidas ni sus persianas levantadas. Pero dicen también, que detrás de las ventanas, se dibujaban otras sombras, temerosas y mudas, que miraban desde adentro la ciudad.

Dicen que se escuchaba el silencio y podía olerse el miedo entre tanta sombra confundida. Y dicen que se caminaba rápido, con apuro por llegar a casa y meterse en el corazón del nido hasta la aparición del sol.

Dicen que solían verse fogatas bastardas en los patios o en los fondos y que del fuego de cada fogata escapaban heridas innumerables palabras. Dicen que se enredaban en el cielo y se escondían en alguna nube esperando una lluvia purificadora para salir.

Dicen que las sombras de las persianas solían empequeñecerse muchas noches, cuando oían acercarse las sirenas. Y que entonces las casas se ponían más oscuras y que la oscuridad se metía entre los pliegues de los cuerpos y las miradas se cargaban de desconfianza.

Dicen que se quedaron mudos los poetas y que las telas de los pintores permanecieron blancas, que las comidas resultaban insaboras y que los paseos junto al río se transformaban en un recuerdo.

Dicen que por suerte existía Juan, que conservaba su corazón de chico y que caminaba las calles de la ciudad, aún en sombras. Dicen que era el único que se animaba a hacerlo y que se instalaba en cualquier esquina con su banquito y su bandoneón. Con la camisa blanca y una vieja boina de paño negro.

Dicen que era él quien guardaba las palabras escapadas de las fogatas entre los fuelles del bandoneón. Y que por eso en vez de música se escuchaban alaridos en muchas noches oscuras.

Dicen que fue Juan el primero que empezó a contar, como el mejor de los juglares, lo que pasaba realmente entre tantas sombras y corridas, entre tanto ruido y voces enmudecidas. Y dicen que llegó un momento en que su voz empezó a opacarse pero que igual podía escuchársela a la distancia. Como un murmullo único y persistente. Sólo que había muchos sordos por aquel entonces.

Dicen que nunca se había dado por vencido. Ni aún en las noches más oscuras, pero sin embargo fue una noche muy clara cuando su voz dejó de escucharse. Tampoco se lo vio más. Ni a él ni a su bandoneón.

Dicen que después de muchos años su voz surgió de repente y aparecía como una brisa por todos los rincones. Eran las palabras que había mantenido celosamente ocultas entre los fuelles del bandoneón. Y dicen que sonaba vivaz, alegre, hasta que una noche, cuando el verano recién empezaba, enmudeció de tristeza y de incomprensión.

Y dicen que desde entonces, cuando apenas sale la luna, se ilumina la tumba que apareció un día en el cementerio y que las luces surgen del vientre mismo de la tierra con forma de bandoneón. Dicen que de sus fuelles escapan como burbujas las palabras, y que al final de cada historia, que nunca es la misma, se escucha como un rezo su voz suplicante, recordándoles que de nada sirve (y mucho menos después de haberlo experimentado ya) transformarse en hombres dibujados.

ALICIA CÁMPORA

Extraído del libro de cuentos DOMINÓ.

yaguarón ediciones

Noviembre 2004, San Nicolás de los Arroyos

Buenos Aires-Argentina.-

LA COSTUMBRE  DE VIVIR

            Ella pasaba cada mañana frente a mi casa. Era morena y robusta, sin embargo, un cierto aire de gracia moldeaba sus movimientos al caminar por las veredas bajo aquel cielo de abril. Con su carita redonda, sin malicia, el pelo renegrido y enredado, los pies descalzos, la ropa astrosa, el bolso en la mano para guardar lo que quisieran darle, y el hijo, pequeño y sucio, que sostenía con el brazo libre...., podía parecer igual a todas las mendigas que golpeaban a las puertas de la caridad. Pero ella era distinta.            Muchas veces, ahora que ha pasado el tiempo, suelo sorprenderme pensando en ella, y recién ahora comprendo cuál era la extraña atracción que hacía que todos se volvieran a mirarla: Adriana siempre estaba contenta. Un halo de luz parecía rodear su patética figura, porque la sonrisa bastaba para iluminarla cuando miraba al niño que pesaba, levemente, en su costado. Después de su recorrida casa por casa, era común verla sentada en el claroscuro de un umbral con el pequeño sobre las rodillas. Le daba trocitos de pan en la boca, le sonreía, lo mimaba, hablaba con él en un lenguaje único de besos y caricias. Ella parecía ajena a la desgracia, tal vez porque aceptaba su destino sin preguntas, o porque en su vida sólo había existido el desamparo y estaba acostumbrada a durar al margen de los otros, en un mundo donde sólo cabían la risa y el hambre de su hijo.            Aún recuerdo la mañana de otoño en que la vi por primera vez. Llamó a mi puerta y lo único que pidió fue "algo para el nene". Y yo, lo único que vi fue la carita y la seriedad casi adulta del encantador chiquito que traía en brazos. Nunca he tenido hijos..., quizás por eso aquel día dejé  de lado mis prevenciones y le abrí mi casa. Fabriqué una mamadera con una botella y un trozo de guante de látex, y miré fascinada cómo Pablito, que así se llamaba el niño, acababa en un segundo con la leche tibia, y cómo lloraba desesperado al advertir que ya no había nada en la botella. Corrí a la cocina por más. Esa mañana convertí en pañales mis sábanas viejas, y un pullover, casi nuevo, en una manta abrigada. Adriana sólo sonreía, agradeciendo. Pero no con la confianza de quien considera que al fin ha encontrado una mano amiga y un refugio, sino con la helada convicción de que ésa era una mañana algo especial que, seguramente, no se repetiría nunca.            Sin embargo, volvió muchas veces. Incluso diría que tenía la suficiente dignidad como para no venir a golpear mi puerta todos los días. Pensé que tal vez no querría deber su reconocimiento a una sola persona, porque sería como ceder un poco de libertad. Y Adriana era libre, pavorosa, solitariamente libre.            Una tarde, ya cercano el invierno, llegó con su hijo en brazos. Me horroricé cuando vi la cara de Pablito: marcas rojizas surcaban sus mejillas siempre sucias.            - Ratas...- explicó Adriana - lo muerden y yo no puedo echarlas...            Me estremecí y la hice pasar para curar al niño. Y entonces  escuché, entre alucinada e incrédula, una larga historia de horror que Adriana contó, con resignada indiferencia, mientras acariciaba la cabeza de su hijo. O de su hijo-hermano, porque harta del reiterado incesto, había escapado del lastimoso rancherío para vivir su embarazo en la calle. Sola, desamparada.  Sus dieciocho años, ingenuos y sin inocencia, manchados y pisoteados, dormían en cualquier rincón, sin soñar. Vivía de lo que le daban, porque nadie quería tomar como sirvienta a una chiquilina sucia, descalza y con un gran vientre habitado.... Y a pesar de todo, después que nació su hijo, la vida comenzó a tener otro sentido para ella. Y Adriana, sólo por eso, estaba siempre contenta....            Halló una vieja casa semidestruida, cerca del río, y allí, entre malezas, murciélagos y alimañas, fundó su hogar. Un ruinoso palacio destechado del que ella y Pablito eran los únicos dueños, y al que defendía como una tigresa cada vez que se veía amenazada.            Desde ese día pensé en ayudarla. Le ofrecí conseguirle un trabajo, en otra casa, con otras gentes que no supieran nada de su pasado, con alguien que no hubiera atisbado en su interior, como yo.  Y temiendo que interpretara mi interés como la intención de quedarme con Pablito, le ofrecí encontrar un lugar para él en la guardería del Hogar del Huérfano. Allí lo cuidarían mientras ella trabajaba. "Como hacen tantas otras madres, Adriana", le aseguré. Le hablé de sus dieciocho años, de que había posibilidades de una vida mejor, de que sí, era posible, sí, Adriana, sí, ahora que estás a tiempo todavía...            Ella escuchaba en silencio, restregando cada tanto las pantorrillas desnudas una contra otra. Miró un largo rato la punta de sus pies mugrosos, después miró hacia un costado, hacia algún punto de la calle. Noté que sus ojos se habían vuelto duros, noté que le costaba hablar.            - ¿ Y si me lo sacan...? - articuló por fin - Me lo van a sacar a él... Me lo van a quitar...y yo...            No dijo nada más. En vano le aseguré que su hijo no correría peligro, que si trabajaba nadie se lo quitaría. No me escuchó. Y se fue. Tampoco volvió a mi casa...            Desde entonces, cuando por casualidad la veía al salir de compras, me evitaba, cruzaba la calle, ni siquiera me saludaba, temerosa quizás de mis palabras. Y yo, mirándola desde lejos, sentía cómo se me estrujaba el corazón cuando presenciaba las tiernas escenas entre madre e hijo, en algún otro umbral del vecindario.            Pasó mucho tiempo. Volví a verla una tarde, arrastraba a Pablito de la mano, golpeando puerta por puerta. Y él, tan chiquito, caminando cuadras interminables con su pasito de pájaro, con sus pantalones demasiado grandes,  con sus ojos serios y su futuro desolado. Hubiera dado todo por tenerlo conmigo, por cuidarlo y protegerlo. Ella debe haber leído en mi expresión - porque suelo dejar traslucir cuanto siento - y lo tomó en sus brazos, alejándose vida abajo.            Más adelante la encontré al doblar una esquina y casi embestí su vientre nuevamente crecido. Me miró con mansedumbre, sin pesar, pero algo había cambiado en el fondo de sus ojos negros. Yo me incliné para saludar a Pablito, y él retrocedió, huraño y desconfiado. Le dije "vení cuando quieras, Adriana". "Sí". dijo ella y se fue con la nueva carga que le demoraba el paso. Regresé a mi casa intentando, vanamente, de justificar mi inmovilidad con el recuerdo de aquella mano tendida y rechazada. Pero ¿qué era en realidad lo que ella deseaba? ¿Qué clase de ayuda esperaba de mí?...            Ahora comprendo que, fatalmente, Adriana ya no esperaba nada.            La próxima vez que la vi cruzar la vereda, llevaba a otro niño, su segundo hijo, en brazos. A su lado, la ausencia de los menudos pasos de Pablito, oscurecía la mañana. Una o dos veces la vi cumplir con el nuevo niño la ceremonia del umbral, pero ya no era lo mismo. El sol iluminaba, entre la fronda crecida de los plátanos del verano, la cabecita oscura que se volvía a recibir los trocitos de pan, en tanto, Adriana tenía perdida la mirada en algún punto lejano, y erraba el camino a la boquita abierta.            Jamás me atreví a preguntarle qué había sido de Pablito. Tenía terror a escuchar la respuesta... Sólo sé que Adriana se había convertido en una pordiosera más, porque ya no estaba siempre contenta.            Pasó más de un año. La vida, siempre acuciante, suele dejar de lado males menores - los que no son nuestros - , y olvidamos así que formamos parte del dolor del mundo, porque nuestra razón pone barreras que nos aseguren la necesaria cordura para seguir andando...            Hace muy poco volví a verla. Su sonrisa ausente pintaba un rostro desconocido,  y era  descreída, y desafiante, la expresión del abismo de sus ojos. Ya no tenía aquel pelo suyo, negro, enmarañado, ni su carita de niña inconsciente. En su cabeza  peinaba rulos amarillentos una permanente barata y calzaba sus pies toscos con sandalias. Vestía una pollera corta y una blusa. Estaba sola. De pie, en una esquina, esperaba el eslabón final de esa fatal costumbre de vivir. Nos miramos sólo un instante, sin preguntas, sin gestos. Y comprendí, de pronto, desde qué rincón del alma le llegaba el frío a la mirada.            Me alejé, con la vergüenza de todos sobre la espalda.

                                                                    CARMEN LANDABURU

                                                                     San Nicolás - Argentina

                                                

Calle Nueva

      Llegó con paso lento, como lo hacía de costumbre. Decía, con convicción, que caminar despacio con la valijita de chapa gris, bien limpia aunque estuviera rayada, era también una especie de publicidad. Afirmaba que la gente lo veía y le tomaba el teléfono que exhibía en una calcomanía que llevaba pegada a los costados de la valijita: si paso rápido, me pierdo una enorme cantidad de clientes, y los tiempos no están para desperdiciar changas. Golpeó la puerta de esa casa señorial y, mientras esperaba que alguien abriera contemplaba la calle, el empedrado, el paredón y los añosos árboles que ofrecían una generosa sombra.     Abrió Matilde Ribolza Núñez. Ella misma lo había llamado, porque se lo había recomendado en un té de otoño una amiga con la que, en otros tiempos, había recorrido el mundo. Lo miró de pies a cabeza, se acomodó los anteojos de carey y lo invitó a pasar. Matilde le pidió que la siguiera hasta la cocina.     Cruzaron la sala de estar, un ámbito oscuro de cuyo techo colgaba una araña del siglo diecinueve que tenía dos lámparas de bajo consumo solamente y apagadas. Algo de luz entraba por el ventanal. Él casi se lleva por delante el antiguo piano que descansaba a un costado tapado por una enorme tela de raso de color cobrizo. Cuando llegaron a la cocina, Matilde le explicó cuál era el problema: la canilla goteaba demasiado y no la dejaba dormir de noche. Él le comentó que había que cambiar el vástago completo y que eso le podía salir unos setenta pesos. Matilde le dijo que no había inconveniente, si el trabajo estaba bien hecho. Él le aclaró que tenía que llegarse hasta un negocio de repuestos para sanitarios que había en la calle Mendoza, y que para eso tenía que cortar el agua, sacar el vástago y llevarlo para que le vendieran la medida exacta. No importa, dijo ella, total estoy viendo la novela de la tarde, vaya tranquilo.    Él salió. Antes de tomar hacia Mendoza contempló una vez más la cuadra, el empedrado, el paredón, los árboles. Recordó que, cuando era pibe, su padre pasaba en bicicleta por allí y le llevaba las pelotas de tenis que caían sorpresivamente desde atrás del paredón. Un día lo trajo en la bicicleta, un domingo, y a él le pareció mágico que las pelotas pasaran como si nada, porque no veía a los jugadores. Movió la cabeza para ahuyentar el recuerdo y caminó en busca del vástago.    En media hora estuvo de vuelta. Mientras esperaba que Matilde le abriera, su vista recorrió el empedrado, el paredón, los árboles. Matilde le abrió y le pidió que se apurara, porque se perdía el capítulo de la novela. No sabe lo linda que está, dijo con entusiasmo. Muy pronto estuvieron los dos en la cocina, ella sin sacar la vista de la pantalla y él en la faena de cambiar el vástago con su manera tan meticulosa de reparar.     ¡Claro, ahora la maltratás, pero en “Las siete rosas” bien que te gustaba porque ella era rica y vos un triste jugador! exclamó repentinamente Matilde. Él la miró sin comprender. Matilde notó esa mirada y le aclaró que se refería al actor, que ya había trabajado junto a la actriz con la que jugaba la escena en ese momento. ¡Ahora te quiero ver! ¿Qué le decís al padre? ¡A ver si sos tan guapo, ahora! Se envalentonó Matilde. Él giró la llave caño y reclinó el cuerpo para espiar la pantalla del televisor. Matilde notó esa curiosidad y le aclaró que el padre de la chica había sido el protagonista de “Pendenciero”, una telenovela nocturna que tuvo al país en vilo hacía ya casi treinta años.  Cuando él terminó su trabajo se dio cuenta de que también terminaba la telenovela. Matilde apagó el televisor y le ofreció un café. Él aceptó. Se había levantado demasiado temprano y aún tenía que hacer un par de domicilios más. Mientras él saboreaba el café, Matilde fue a buscar el dinero para  pagarle. Al volver a la cocina le dijo: usted no va a creer, pero estas cosas que muestran en las novelas pasan. Y le confió: yo conocí un caso, la sobrina de la hermana de la nieta de mi bisabuela, porque eran tres nietas, se enredó con un hombre que parecía tan caballero, y sin embargo, supimos por la hija de la hermana de la madre de esa sobrina que le digo, que el hombre, el que parecía caballero, le pegaba cuando volvía borracho del hipódromo. Él se limpió la boca con la servilleta de papel que Matilde le puso en la mesa, entrecerró los ojos como haciendo un cálculo y acotó: usted me habla de una prima hermana suya. ¿La conoce? preguntó espantada Matilde. No, señora, la escuché atentamente y todo es cuestión de recorrido genealógico. Se levantó de la silla y le dijo que la canilla no iba a gotear por mucho tiempo. Matilde le pagó y le pidió que la acompañe hasta la puerta.     Él contempló el entorno y le dijo: usted sabe, creí que ya era una calle nueva ésta, que estaba pavimentada con macadam; yo pasaba por aquí con mi viejo cuando era chico. No me diga, sonrió Matilde, nosotros vivimos aquí de toda la vida, esta casa era de papá. Él le tendió la mano. Matilde le dijo: si tengo otro problema lo llamo. Y lo vio alejarse con la valijita gris, y vio que, de tanto en tanto, se daba vuelta para ver el empedrado y el paredón y los árboles que, ya a esa altura de la tarde, cubrían con su sombra la mayor parte de la cuadra.

Raúl Astorga

Este cuento, “Calle nueva”, integra su próximo C.D. multimedia (Textos, fotos, videos, audio) “Diez cuentos acerca de mi ciudad” Febrero 2008 

  

   LUZ (Verano)

Oro y amarillo,luz.                                                                       

La tarde se hizo centella, globos estallando, reverberar de los colores.

Todo se había transformado en luz radiante, intensa.

Azules, ¡hermosos azules! Azules cielos, mar, nube, agua marina, azul, alegría, azul vida. Y oro, todo dorado, resplandeciente, refulgente. Y plata, plata de espadas, de teteras luminosas durmiendo en mansiones señoriales. Y verdes, verde selva, verde esmeralda. Y luz, luz.

Desperté a la vida, a la alegría, a los problemas, a los proyectos. ¡Qué sensación, qué deseos de aspirar profundamente el aire, la vida y absorberla, incorporarla a mí!

Como si un poderoso pincel sin mano que lo guiara hubiera pasado por sobre calles y edificios, cielos y aceras, puertas y caras para colorearlos, la luz corría alocada. A su paso, en esa tarde lluviosa, pintó cada cosa, dio brillo a los grises, a los ocres, a los marrones y transformó todo en oro y azul límpido.

Era la manifestación en colores, de la felicidad, era la manifestación en aromas, de la felicidad.

Siempre aún, en mis grises y negros, valoré lo aparentemente mínimo o trivial. Siempre saboreé la vida con fruición, en una charla, en una mano sobre mi hombro o en un hombro bajo mi mano, para brindar apoyo, pero esta vez fue diferente.

Creí que los síntomas de un malestar marcaban el final de una etapa de mi vida: la de vivir sin limitaciones. El fallo absolutorio del médico me dijo que ese día y los siguientes serían iguales a los anteriores.

Mi vida aparentemente tonta, casi infeliz continuaba y allí, todo fue oro y azul y luces en el firmamento y un gracias a Dios, al Dios de todos, sin nombre, sin religiones ni dogmas ni ritos que lo cerquen o lo anulen.

MARÍA ROSA BERDOU DE BELLO

Rosario - Argentina

 

05/01/2008 15:33 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Poesía

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             El viento es un caballo

                 óyelo como corre

             por el mar, por el cielo.

             Quiere llevarme: escucha

             como recorre el mundo

 

             para llevarme lejos.

            Escóndeme en tus brazos

                por esta noche sola,

             mientras la lluvia rompe

             contra el mar y la tierra

               su boca innumerable.

            Escucha como el viento

               me llama galopando

                para llevarme lejos.

            Con tu frente en mi frente,

            con tu boca en mi boca,

            atados nuestros cuerpos

              al amor que nos quema,

               deja que el viento pase

             sin que pueda llevarme.

            Deja que el viento corra

               coronado de espuma,

            que me llame y me busque

            galopando en la sombra

               mientras yo, sumergido

                bajo tus grandes ojos,

                 por esta noche sola

            descansaré, mi amor.

                                   PABLO NERUDA

                                    Parral . Chile

                                     1904 - l973

                         

 

                   CONFIDENCIAL

            Fueron jóvenes los viejos

            pero la vida se ha ido

            desgranando en el espejo

            y serán viejos los jóvenes

            pero no lo divulguemos

            que hasta las paredes oyen.

                                         MARIO BENEDETTI

                                           Uruguay - 1920

 

                RÉPROBOS Y ELEGIDOS

            Miro

            los cuerpos sin vida

            cubriendo el campo de batalla

            donde contendieron

            los unos y los otros

            y mis ojos, perplejos,

            se preguntan

            cómo saber,

            para la dispensa de glorias,

            cuáles son los cadáveres

            vencedores

            y cuáles los vencidos;

            quiénes son los elegidos,

            Dios

            y quiénes los réprobos...

                                    ORESTE ABIATTE

                                     Santo Tomé - Argentina

 

                      SIMPLE

            el hallazgo es siempre

            un silencio entre dos voces

 

           un torrente de luz

 

           se desborda

           recorre las columnas

           alumbra las pupilas

           y las manos

 

           soy geografía

           en la pirámide de Dios

 

           rescate

           humildad

           presencia

 

           dejen que habite en mí

           ahora

           que me tientan los espejos.

                                          DANIEL RUIZ RUBINI

                                          San Nicolás - Argentina

 

 

                    EL RITUAL DE LA ÚLTIMA SEMANA

                                                                             (a Alicia Cámpora)

                                                                                San Nicolás

        Tu Ritual, amiga,

        es el silencio depuesto

        por palabras

        que tienen sabor

        a lejuras.

        Recoge más palabras, amiga,

        y vuélvelas a ordenar

        con tu frescura.

                                               Betty Badaui

 

            ROMANCE DEL EMIGRANTE:(del libro "Perfiles y Roles")

 

         Sin profesión ni dinero.

         Sin casa ni hogar de vuelta.

         No en barco sinó en avión

        y a la deriva completa,

        como otros miles de errantes

        almas que dejan su tierra.

        El sufrimiento con sangre

        se va arrastrando en las venas.

        Corazón empantanado

        con lágrimas de tristeza

        y de esfuerzo y de angustias

        y de ansiedad pasajera.

        Sin mantener la mirada

        de los que amas y se quedan

        sin pensar que en la otra orilla

        no hay ninguno que te espera,

        emprende viaje tu cuerpo

        mutilado por la pena.

                                              CARMIÑA CANDIDO DAVERIO

                                                         Italia

 

 

             TESTIMONIO DEL EXILIO    (del libro"Testimonio de iniquidad")

 

       Es más verde el nogal si está en medio del campo

       y alberga más palomas en sus ramas.

       Una mutación dolorosa, estigmática, deja el hígado afectado.

       Los oriundos ignoran esa fuerza,

       nada los constriñe a apreciar este paisaje

       con los ojos mutilados del exilio.

       Es posible parir contra natura

       una nueva visión de este mundo.

                                                              CARMIÑA CANDIDO DAVERIO

 

 

CUCARACHA EN PEATONAL CÓRDOBA

áspera, instintiva

rompiendo el molde

de su reputación terrestre

huía

frenética barca que naufraga

hacia ninguna parte

con habilidad de flecha

aunque torpe en su brújula animal

se aferraba

a los dibujos de la vereda

como un simio se aferra

a la rama de su especie

millones de pies

-para ella eran millones

sorteaba su sentencia de muerte

ante rostros impávidos

ajenos al tormento

que supone

la asimetría de esta contingencia

por momentos  pensé

que para el mundo   su vida

era sólo una diástole en el corazón del segundo

por momentos  intuí

que poco le importaba los mitos y fábulas

construidos

a partir de su tozuda

voluntad de supervivencia

eso pensé  eso intuí

hasta que el morado

rectángulo de su morfología

crujió en la suela de mi zapato

enhebrando un ruidos más

en la febril hecatombe

de los ruidos humanos

la carrera impiadosa llegaba a su fin

como llega a su fin este poema:

apocalíptico para su recuerdo

misericorde

por donde se lo mire

             PIERO DE VICARI

            San Nicolás - Argentina


 
*****
Febrero  2008

 

DESGARRADA LA NUBE …

Desgarrada la nube; el arco iris

brillando ya en el cielo,

y en un fanal de lluvia

y sol ,el campo envuelto.

Desperté. ¿Quién enturbia

los mágicos cristales de mi sueño?

Mi corazón latía

atónito y disperso.

… El limonero florido,

el cipresal del huerto,

el prado verde, el sol, el agua, el iris …,

¡el agua en tus cabellos!

Y todo en la memoria se perdía

como una pompa de jabón al viento.

ANTONIO MACHADO

 

 

 

PROVERBIOS Y CANTARES XIII

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos …

ANTONIO MACHADO

Sevilla - España

1875 - 1939

 

 

 

AMANTES

Una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío.

ALEJANDRA PIZARNIK

 

CUARTO SOLO

Si te atreves a sorprender

la verdad de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed,

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe .

ALEJANDRA PIZARNIK

Buenos Aires - Argentina

1936 - 1972

 

 

MULTIPLO DE DOS

para el tuerto

el mundo

es la mitad de una blasfemia

no puede otorgar veracidad a lo que ve

y descree

casi siempre

de las afirmaciones categóricas

cíclope de este tiempo

diseña lámparas con su pensamiento

aunque suele sucumbir

en la más pequeña de las cenizas

su mirada posee

la proximidad del águila

y en ella reposan todas sus teorías

acaso porque entiende

que no todo es la mitad de algo

y que la mitad de algo

puede ser el múltiplo de un todo

parcial

ausente

para el tuerto

el mundo

es la mitad de un durazno

nunca podrá saber

que su circunferencia

es en parte igual a lo que falta

y sólo en el sabor

juega a jugar el juego de los justos

salomónicamente encumbrado

en la parcela de su ojo


*****

SAND CLOCK

montado sobre el televisor de la pieza

un diminuto reloj de arena

deja fluir las horas

grano a grano

como un traidor al acecho

a pesar de sus ínfimas proporciones

se yergue sobre mis días

con la moral del victimario

regodeándose

en la escena del crimen

dudo que este poema amerite

el desagravio de su odiosa tarea

pero igual escribo, piedra a piedra

estas palabras

no sea que la parca se disfrace de tiempo

y afile su guadaña entre mis dientes

justo en el umbral

en el mismísimo umbral

del último grano por caer.

                         PIERO DE VICARI

                         San Nicolás-Argentina

 

LAPIDACIÓN

La máscara del miedo

                  espanta

el salvaje viaje

por el vientre de la tierra

                calcinada.

Líneas sinuosas dibujadas

               por lavas agrietadas.

El hombre horada los surcos

              cava grutas

descifrando en la oscuridad

la piedra que lo embriaga-

            Lapidación.

Caras de clivaje

fragmentos de cristal

en sus manos

está el diamante

             escondido

que acepta su derrota.

           NORMA PADRA

 

 

HOJAS

Busco, desesperadamente

            el instante

            que iluminó el fresno

            mostrando

            sus púrpuras hojas.

Mezcla de cielo oro y fuego

                                 en las ramas.

Lo recuerdo:

     una tarde a la vera del río

              alondras cantaban

                        despidiendo al día.

                            NORMA PADRA

                           Buenos Aires-Argentina.

 

 

 

    

             

                 

 

  RECORDS DE CENDRES

 

Nostres mares eren com vestals
que no deixaven consumir el foc
de la llar
lluitadores i resignades
servaven encesa
la flama de la vida
la de l'eternitat.
Per la simplesa d'aquells dies
mai no saberen
que elles, només elles
mantenien l'aevum
del temple major

Betty Badaui

Traducción: Pere Bessó

RECUERDOS DE CENIZAS

Nuestras madres eran como vestales
que no dejaban consumir el fuego
del hogar
luchadoras y resignadas
conservaban encendida
la llama de la vida
la de la eternidad.
Por la simpleza de aquellos días
nunca supieron
que ellas, sólo ellas
mantenían el evo
del templo mayor

Betty Badaui

Agradezco al Licenciado Pere Bessó la traducción de “recuerdos de cenizas” al idioma catalán

Betty Badaui

 

Bienvenida al lecho de tus padres.

Ninguna diferencia

entre orgasmo y espada.

Dadora de sentido,

la muerte está de tu lado

en el acierto del puñal.

 

El anciano protector

perpetúa su insistencia

en la ventana.

No obstante,

casi sin conciencia,

me traicionan.

Tramo una escamonda de áspides.

 

Es para pocos el privilegio.

Aunque mires sobre tu hombro

no te transmutarás

en perla exquisita

e incorrupta.

El sueño insiste,

agota la aldaba de la casa.

Atiendo la llamada

con los ojos clausurados.

 

No gimas,

los trenes pasan lejos

y la noche no perdona.

El dolor se irá con el frío.

Duermen los otros

mecidos por el vaivén del escalón flojo.

No dejes de respirar,

aunque tiembles.

Viene por esta vía la muerte

y la barrera está alzada.

 

Partenogénesis de las vírgenes.

En las vetas

de la sangre castrada

por el lejano coito de los ángeles,

se acurrucan

peligrosos cuentos de viajeros.

Todo brilla

con inquietud de mercurio

en cajitas de plata.

Depravación del ícono:

la cabellera es una ofrenda perfectible.

Rasgadas.

Desnudas.

Expuestas.

Vergüenza ulterior

que el trono dicta.

La peste suicida

se detiene.

MARCELO JUAN VALENTI

Rosario - Argentina

 

TEMOR COMPARTIDO:

Si mi abrazo materno te acogiera en el aire

o sólo este cariño sostuviera el avión.

Si tu miedo y el mío se unieran en un punto

servirían de ancla o de eje o bastón.

La nada está observándote mientras yo sólo escribo.

Una in-sustancia mía, desprendida, se eleva

rodeando al monstruo horrible que te lleva en su entraña.

Debajo es ese océano poblado por mis lágrimas

y la atmósfera férrea gracias a mis suspiros.

Yo procuraría, con asfalto o raíles,

desplazarte segura y sin temor a destino.

©Carmiña Candido Daverio (del libro "Perfiles y Roles" finalista en el VI Concurso YoEscribo.com 2007)

----- Original Message -----

 

   RIMAS EQUÍVOCAS

Arde el instinto como ardiente llama

sobre un planeta que impasible rota

y no es tu ansiosa voz la que me llama:

Es la de un ángel con el ala rota.

 

Adviene luz de la escindida parte

sanada con ensalmos. Llama un río

de sueños espermáticos que parte

de las órbitas mismas con que río.

 

Y los ficticios cielos de la calle

hienden mi oscuridad cuando te amo.

No sé si soy la piedra y soy la honda...

 

¿Quiero que grite el corazón... o calle?

Flota en el aire una tristeza honda:

Ya no tengo amor, ni ángel, ni amo.

  CLARA REBOTARO

  Rosario - Argentina

 

 

   FUGA

Me agrada la cenicienta

bruma del invierno

y también la luz

refulgente del verano,

todo a su tiempo

dicen desde antiguo:

"según el cristal

con que se mira".

 

Me sostiene

un pedestal de ramas

y el pegajoso ondular

de las distancias,

es un abrir de alas

y silencios fugados

como pámpano blanco.

 

Al fin y al cabo

es un temblor de gritos

propinados al aire...

Por el místico río

de la sangre revelada

comprendo al tiempo

que se estira llorando

desesperadamente...

  MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

 San Nicolás - Argentina  (extraído del libro

DISTANCIAS SOMETIDAS -yaguarón ediciones)

 

ESTA VIDA QUE PIERDO EN POESÍA

Esta vida que pierdo en Poesía

me devuelve a la vida. La palabra

organiza mi rostro. El verso labra

cada gesto de fe, mi cortesía.

 

Desespero en la atroz alevosía

de los días que espero, la macabra

destrucción, aunque sus portales abra

eternidad de Santa Profecía.

 

Y encarnación de sueños va mi suerte

por sub-mundos de sombras tenebrosas

modelando en mi cuerpo amor y muerte;

 

pesadillas de horror, joyas preciosas,

dicha de amarte y dolor de perderte;

semilla, brote, y ultimada rosa.

RUBÉN VEDOVALDI

 

                            

                                                                                                                                         

                   MADRE

   

 

 

                       donde

                       sobra

                       es

                       tan

                       terrible

                       como

                       si

                       faltase

 

 

   RUBÉN VEDOVALDI

 C. Bermúdez-Argentina

 

11 de octubre de 1986

 

 

 

 

 

             

 

 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 
 


 
 

05/01/2008 15:34 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Comentarios

AUDAZ INDAGACIÓN HISTÓRICA

María Rosa Lojo es una de las escritoras argentinas que han ido incursionando en la novela de temática histórica con la más audaz visión de los hechos que han configurado una imagen del pasado. Lo demostró en 1994 con “La pasión de los nómades” (novela finalista del premio Planeta), editorial que ahora publica la nueva novela de la autora: “La Princesa Federal”). La libertad creadora frente a los datos controvertidos de nuestro proceso nacional muestran a la autora no como una especialista que vuelca los resultados de una investigación histórica ortodoxa, sino una novelista que recrea una temática rica en arista propicias al relato de ficción con una metodología propia.

Ya en la novela anterior, como en ésta, la realidad del acontecer se mezcla con los datos aportados por la ficcionalidad de la escritura. Así en “La pasión de los nómades” tomaba los escenarios del país recorridos tanto por la expedición hasta las fronteras del ejército argentino como por la pintoresca “excursión a los indios ranqueles” de Lucio V. Mansilla, personaje histórico que se reencarna para guiar una recorrida en nuestra época por su itinerario evocado en aquel libro famoso de Mansilla, dando así una audaz recreación manejada en un espacio fuertemente simbólico.

En “La Princesa Federal”, María Rosa Lojo toma como centro de su indagación la personalidad de Manuelita, la hija del Restaurador, con perspectivas nuevas proyectadas desde la ficción: la controvertida existencia de esta mujer que acompañó gran parte de la acción política de su padre, en la “corte” de Palermo, es seguida narrativamente a través de una triple penetración, desde diferentes puntos de vista, que en ningún momento asumen veredictos de “verdad” histórica, sino de miradas divergentes que dejan a la imaginación y al arbitrio de sus lectores la tarea de descifrarlos y asumir una actitud por ellos sugerida.

El narrador, Gabriel Victorica, un médico nieto del que fuera jefe de la policía de Rosas, que en 1893, al llegar a Inglaterra en un periplo cuyo destino final, según Lojo,, sería un probable encuentro con Freud en Francia, aprovecha, impulsado por la tenencia de un cuaderno supuestamente escrito en forma de diario por Pedro De Angelis, -el periodista italiano, colaborador de Rosas, y designado preceptor de Manuelita- para visitar a ésta, ya una anciana, que transita sus últimos años en una residencia de Londres. Este personaje ejerce una función casi de entrevistador periodístico, o si se quiere de psicoanalista pre freudiano, al ser recibido por la que es llamada “La Princesa Federal”.

La segunda perspectiva de la narración queda así en manos de Manuela -como la autora prefiere llamarla- que va respondiendo a los interrogantes de Victorica, figurando ciertos rasgos de su personalidad en la época de su padre, en apoyo de la imagen que quiere conservar de ella misma.

Como tercer punto de vista se intercalan frecuentemente en el texto fragmentos del ficcional diario de De Angelis, un pretexto para mostrar otras caras de la protagonista, que de esta manera adquiere matices de una sensualidad para muchos historiadores inexistentes, y le permite a la creadora dibujar una personalidad en juego abierto a la polémica que indudablemente la novela abre a sus lectores.

El resultado, como lo ha afirmado María Rosa Lojo en una entrevista periodística, lo da una elección propia: “En este asunto, como en los relacionados con el poder, elijo el
juego de la ambigüedad, el más rico y más ajustado a la realidad compleja y con claroscuros que fue esa realidad política argentina”, y luego define a su obra como “un texto de invención poética, de invención del lenguaje y de imaginación narrativa…” “No busco -expresa luego- revelar secretos terribles sino iluminar ese mundo, que conocemos desde la época escolar, con una luz nueva y diferente. He tratado de que mi Manuela fuera un personaje cautivante…”

Y realmente lo ha conseguido, reconstruyéndolo con su fértil imaginería novelística, al inventar esa etapa madura de la hija de Rosas, haciéndola hablar de los episodios más contradictorios del período signado por la acción de su “Tatita”, como ella en la novela lo llama, período que en esta evocación tiene como epílogo la muerte dolorosa de Camila O´Gorman.

Señalemos, finalmente, el rol fundamental que en esta novela tiene el lenguaje, que muestra a una escritora de honda penetración en los distintos niveles de habla sentados por tres hablantes fundamentales: Victorica, Manuelita y Pedro De Angelis, diferenciado así, este último, además del recurso tipográfico de utilización de textos en bastardillas para las intercalaciones de citas del periodista e historiador de la época rosista, a manera de lectura complementaria que le permite controvertir los recuerdos personales de la “princesa”.

“La Princesa Federal”, novela de María Rosa Lojo, Buenos Aires, editorial Planeta.

EUGENIO CASTELLI

Rosario-Argentina

   (Comentario extraído de la revista "De literatura... y algo más", publicada en julio de 1999)

 

05/01/2008 15:36 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Algo más...

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      Te amo hermano, dondequiera que te encuentres, ya sea que te arrodilles en tu iglesia, rindas culto en tu sinagoga o reces en tu mezquita.-

K. GIBRAN

 

05/01/2008 15:43 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

acerca de

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“De Literatura… y algo más” nació en papel en julio de 1999.

Mi propósito fue seleccionar trabajos, no autores; quise intercalar obras y las escogí con afecto y seriedad. Como efecto de esa simple causa se unieron nombres que valoro: algunos reconocidos por su trayectoria profesional excelente y otros, conocidos por sus positivas experiencias de vida.

Mi familia, amigos y también diversos medios de comunicación me brindaron su apoyo.

Esa pequeña revista, me significaba una especie de cuévano donde yo depositaría las uvas elegidas, de distintas variedades pero tratando, en lo posible, que fueran sanas y gustosas.

Por diversos motivos, principalmente el económico, en el segundo número tuve que dejar mi cuévano sin uvas.

Hoy, por esta Tecnología que me muestra mi falta de capacidad ante ella, pero me recuerda que todo se consigue con tesón y amor -dos términos que mejoran la vida de quien los aplique en sus diarios actos-, la continuaré en este blog que me abrió Raúl Astorga.

En mi trayecto vital hallé gentes amplias que me enseñaron a esperar cuando la tempestad te ahoga, para disfrutar la calma que le sobreviene.

Hace poco más de tres años que recorro internet y una de las cosas que me asombró fue el altruismo de algunos sitios -no olvidemos que detrás está el humano-; encontré generosidad y desinterés; esto lo demuestro nombrando los lugares de la web que me han publicado sin tener yo un sitio para retribuir, ellos son:

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Letralia, Tierra de Letras

Poetas del Mundo

Crear para leer

Revista Remolinos

Filosofia.tk/versoados

Misioletras.com

Poesiabreve.com

Poexia.iespana.es

Farandol

Argentina Universal

Poemanía

Leliorgurruchaga.com.ar

Letras en el andén

CaÑaSaNtA-revista de Arte y Cultura

Convozpropienlared

Revista Papirolas

Divague.com.ar

Páginadepoesia.com.ar

Foroarte

Alasalamarenor.blogspot

Las Filigranas de Perder

Página Personal de Carmen Beatriz Landaburu

Sitio web de Ana María Rodríguez Francia

Soypoeta.com

Sonetos.com.br

Artesanías Literarias

Poemaspoetas.com

Es posible que haya olvidado nombrar algún sitio, de ser así, recuérdenmelo.

Agradezco el apoyo brindado, va un abrazo

 

   Betty Badaui

Rosario - Argentina

 

 

 

 

09/01/2008 20:21 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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