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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.

De literatura y algo más

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Hay olor a primavera…

Olor a jardines grávidos de colores.

Aromas a palabras que se multiplican en el espacio y reúnen “dolores -alegrías” , que se concentran y desconcentran.

Volcánicas o sosegadas, las palabras pilotean los hechos y son transformadas según la voluntad de cada uno.

“De literatura y algo más” recoge, este mes, un puñado, las disfruta y les devuelve su libertad para que las goce quien lo desee.

La primera será: GRACIAS. Por colaborar con escritos, por leer a los autores y por los comentarios que envían.

En noviembre invitamos a Cañada de Gómez, ciudad de destacados poetas y artistas.

Le damos la bienvenida a Liliana Céliz, quien se hace presente con su palabra trabajada como pieza de orfebrería.

A Delfina Acosta la valoramos mes a mes por su escritura creadora y vital.

Las breves frases de los grandes pensadores nos siguen acompañando y los poemas para niños también.

Ramón María Del Valle Inclán, Edgar Piñeiro y Rubén Vedovaldi, se imponen cada uno con su estilo personal.

Alfonsina Storni, Marta Roldán (Carmiña Candido Daverio) y Noemí Merlo, constelan nuestras emociones.

De Raúl Astorga digo que es el impulso permanente para este blog , y de Liliana Chavez comento que siempre está.

En lo personal, mi propuesta es : un abrazo entre todos.

               Betty Badaui

 

Pueden enviar poemas, relatos o artículos breves, escritos en el cuerpo del mail, con letra tamaño 12 a: bettybadaui@yahoo.com.ar

 

01/11/2008 04:04 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Breves

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Empeñémonos un poco en ser niños, aunque seamos viejos; no tengamos miedo al ridículo, que nunca fue ridículo aquello de reír y cantar, soñar un poco y ser niños.-

JUVENAL

El secreto es tu prisionero, si lo dejas escapar serás prisionero de él.-

BACÓN

¿Dónde está el niño que yo fui, sigue adentro de mí o se fue?.-

PABLO NERUDA

Caridad no es la dádiva, la limosna, sino la entrega de amor a los demás, al prójimo, es decir a quien está próximo a nosotros.-

MADRE TERESA

01/11/2008 04:08 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Poema

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   YO ELEGÍ

Yo elegí este silencio

este salmo de quietudes

que extrapolan recuerdos.

Elegí rodearme

   -apenas-

de las cosas simples

que un día tuvimos.

¿Dónde comenzó el desgaste,

el minúsculo gesto altanero?

Yo elegí este silencio

porque de tanto

auscultar la vida

supe abrir los ojos

y cerrar los puños

   -a tiempo-

cuando aún en ellos quedaban

algo de mieses

       un poco de sueños

            y bastante amor

    BETTY BADAUI

  Rosario-Argentina

 

JO VAIG TRIAR *

Jo vaig triar aquest silenci

aquest psalm de quietuds

que extrapolen records.

Vaig triar rodejar-me

-de penes-

de les coses simples

que un dia tinguérem.

On començà el desgast,

el minúscul gest altiu?

Jo vaig triar aquest silenci

perquè de tant auscultar la vida

vaig saber obrir els ulls

i tancar els punys

-a temps-

quan encara hi restava

deixalles de messes

deixalles de somnis

i prou d’amor

Poema de Betty Badaui traduït al català per Pere Bessó

Desde este sitio agradezco al Licenciado Pere Bessó, la traducción que acabo de recibir, es un verdadero obsequio

Betty Badaui

9/ 11/ 08

01/11/2008 04:12 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Para niños

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EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO

El lagarto está llorando.

La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta

con delantalitos blancos.

 

Han perdido sin querer

su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,

Ay, su anillito plomado!

 

Un cielo grande y sin gente

monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,

lleva un chaleco de raso

 

¡Miradlos qué viejos son!

¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran!

¡Ay! ¡ay! cómo están llorando!

FEDERICO GARCÍA LORCA

España 1898-1936

01/11/2008 04:14 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

narrativa

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GUIA DEL CEMENTERIO
Delfina Acosta


Íbamos mis amigos y yo al cementerio, a menudo, durante la siesta.
En casa ya sabían que si estaba ausente, lo más seguro era que andaba de curiosidad por el camposanto, y se quedaban lo más tranquilos.
Si pudiéramos profanar las tumbas, lo haríamos, pues se hallaba a gusto en nuestra naturaleza el hábito del saqueo.
El enojo de los gatos monteses, en vista de que crecimos apaleados, nos guardaba de la doctrina católica que se enseñaba cada domingo a los niños en la parroquia de la iglesia Virgen del Rosario. Éramos pues, diablos.
Pero los panteones estaban a salvo de nuestros propósitos. Las puertas eran no sólo de metal pesado; estaban además cubiertas por rejados de hierro y cortinas oscuras.
En el interior, los cajones oficiaban de tálamos, donde dormían los muertos, a los que deseábamos ver.
¿Quiénes eran ellos? ¿A qué cosas y costumbres se dedicaban cuando la salud los hacía conversar y reír animadamente? ¿Estaban, acaso, en paz?
- No han sido gentes muy amadas por sus parientes - comentaba yo.
- ¿Por qué dices eso ?- me preguntaba Felicita; siempre mostraba curiosidad, si no debilidad por mis preguntas, pues sospechaba que había en ellas mentiras que deseaba sacudir a la luz del sol.
- Pues está claro. ¿No te das cuenta? ¿No lo ves? - contestaba.

Entonces les recordaba a mis amigos que cuando había entierros, los parientes se desmayaban, se arrancaban mechones de cabellos, amenazaban con dispararse un tiro a la cabeza, bajaban a la fosa recién abierta mientras juraban contra Dios.
En cuántas lápidas preciosas en un tiempo y luego convertidas en nidos de comadrejas, los enlutados parientes habían hecho grabar inscripciones que inspiraban lágrimas de fuego: “¡Madre: No te olvidaremos nunca!” o “¡Amado esposo: Vivirás por siempre en el corazón de tu desconsolada esposa!”
Les hacía pasear a mis amigos frente a esa literatura dramática escrita con letra gótica en las lápidas; yo era la guía de los sepulcros que hacía justicia a los olvidados.
“Pues bien. ¿Qué tenemos junto a estas tumbas sino costillas de gatos muertos, floreros vacíos y abandono...?”, reflexionaba.
No hablaba en balde, por cierto. Junto a la estatua de una mujer abandonada como un sauce al llanto, subía rápidamente la hiedra, cual segunda cabellera de la obra artística.
Una caravana de hormigas entraba por un pequeño orificio de un tronco podrido y venía a salir por la parte trasera del panteón, donde crecían en abundancia los musgos blancos.
¡Qué espectáculo grosero!
La rama de una higuera golpeaba, cuando el viento empezaba a soplar, la fotografía enmarcada en bronce de una dama muy joven y bella.
- ¿Qué le hace ya a esta difunta su fotografía en la pared del panteón, y el marco precioso, y el lujo de su morada, si nadie la visita ni siquiera en el día de todos los muertos? - seguía razonando.
- Y eso, ¿cómo lo sabes? - decía Felicita.
- Pues basta con observar el estado de la construcción. Este sitio, a sola vista muestra que hace años nadie pone un pie aquí. Las paredes dejan ver los ladrillos. Cuando mueres te quedas solo. Tus parientes se divierten de lo más lindo sin ti. Ya no les molestas con tu respiración asmática. Ya no les sobresaltas a la noche con la noticia de que la mierda viene en camino. Y si te descuidas no te recuerdan. Pero si se acuerdan de ti es para coincidir en que lo mejor que te pudo pasar es que hayas reventado - decía yo, satisfecha, y escupiendo, pues ésa era mi manera eficaz de poner fin a una oratoria.
Mis amigos me miraban felices. Aquella maldad que ellos tenían en algún lugar del pensamiento y que no sabían expresarla, salía muy bien pintada de mi boca.
Por lo demás, el escenario del cementerio se prestaba para conversaciones a propósito de olvidos y de un mundo infame.
Pero luego, cansada de mis maldades, me quedaba callada. Era el tiempo de ellos. Y mientras les oía decir lo suyo, observaba cómo, lánguidamente, la siesta recorría los pasillos del cementerio. Y cómo los cuervos giraban alrededor de una vaca convertida en carroña, en la colina. Y cómo el viento movía el ramaje de los árboles del camposanto trayendo un ruido de alma que corre y se despeña...



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Delfina Acosta este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

A favor de los poetas

El escritor polaco Witold Gombrowicz ha escrito un libro llamado Contra los poetas. El texto lleva dos títulos, que son: Contra la poesía (1947) y Contra los poetas (1951). La obra viaja por Internet.
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Liderazgo de la poesía clásica

Se ha hecho una encuesta en el portal “Poemas del alma” sobre poesía. Las gentes que participaron con su opinión en la encuesta de marras (de distintos estratos sociales y gustos diversos, oportuno es mencionarlo) han sentado una posición que quizás pueda sorprender a los mismos críticos literarios.
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Palabras posibles



Cherea Daniel es el nombre de una joven poetisa paraguaya. Su libro Palabras posibles lleva el sello editorial de Arandurã. Ella, inteligente, intuitiva, conoce el lenguaje poético; lo identifica a primera vista y lo plasma en una hoja de papel con la sabiduría del poeta que encuentra las palabras adecuadas, precisas, para cada mal y para cada bien que caben en la compleja personalidad del ser humano.
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01/11/2008 04:22 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Autores cañadenses

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CRUZ
La llevo cargando a cuestas,
sobre la saliente de los laterales,
en los extremos
de mi medida,
incrustada
piel contra piel,
sal contra sal
por los sinuosos caminos
del desierto pecador
que me legaron.
Estigma de nacimiento.
Estigma de cada hombre
crucificado,
en el laberinto extraño
del viacrucis.
Piedra contra piedra
sin mutación de vida,
ni trechos desandados
por el irredento territortio
de hombre y cielo.

VÍCTOR HUGO TISSERA

Cañada de Gómez

Argentina

 

SIN TUS HUELLAS

…Y mis pasos se hacen lentos

cuando descubren tu ausencia.

El comienzo se vuelve final.

Una telaraña de recuerdos

se despereza.

Vuelo en un desierto

herrumbrado de sueños.

Bosquejo de aleteos,

cielos amarrados,

muecas ondulantes,

se desvanecen

como el último vestigio

de otro tiempo.

Cabalgo entre preguntas,

desgajo respuestas

en una inmensidad

que no te tiene.

…Y mis pasos se hacen lentos

cuando descubren tu ausencia.

Me despertaste a la vida,

hoy, que quedé sin tus huellas,

me regresaste a las piedras.

ALICIA BORGOGNO

Cañada de Gómez

Argentina

 

EL ÁNGEL PÚRPURA

El crepúsculo derrama su sangre

en el hueco de mi pena,

y un ángel púrpura oscila

entre los inviernos apergaminados

de mi soledad.

Una ausencia de auroras

me desgarra sin piedad

y me deja inerte entre dos tiempos,

clausurándome el último resplandor.

Me duele esa memoria acompañada siempre

por una lágrima prematura,

y una impotencia que subleva,

me deja sin fuerzas

bebiéndose hasta la última gota

de mi empeño.

Me resisto a creer que todos mis días

llevarán encadenados mis sueños.

Tal vez en una noche tardía,

se despedacen mis vuelos augurales

y aprenda a caminar con pisadas eternas.

Entonces tatuaré mis huellas

sobre el cemento firme de la esperanza.

Quizá un ángel me sobrevuele

en el espacio indefinido de las pérdidas.

Entonces recordaré el penúltimo adiós

y me arrancaré la última quimera.

ELSA FLORIT

Cañada de Gómez

Argentina

01/11/2008 04:26 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

El hombre en la poesía

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ROSA DEL CAMINANTE

Álamos fríos en un claro cielo azul,
con timideces de cristal
sobre el río la bruma como un velo,
y las dos torres de la catedral.

Los hombres secos y reconcentrados
las mujeres deshechas de parir,
rostros obscuros llenos de cuidados,
todas las bocas clásico el decir.

La fuente se seca, en torno el vocerío,
los odres a la puerta del mesón,
y las recuas que bajan hacia el río....

Y las niñas que acuden al sermón.
¡Mejillas sonrosadas por el frío,
de Astorga, de Zamora, de León

RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN

ESPAÑA-1869-1936

LUZ

claridad inmaculada

me espera

al cruzar enmohecidos umbrales

espaciotiempo

hacia una calle cualquiera

donde bulle la vida

Dulces cabecitas carmesí

imaginando aleatorias coreografías

frente a yermos ojos

que sin embargo

cobran vida

…………………………..

fugaz instante

en la quietud eterna

del espejo.

EDGAR PIÑEIRO

Corrientes

 

Tenga cuidado, amigo,

 

eso que tiene a tiro es la humanidad

en la persona de alguien, cualquiera

tenga el mayor cuidado siempre

porque lo humano es tan fuerte y tan frágil

tan sensible al amor en cualquiera de sus formas

tan vulnerable al desamor tan pájaro

 

tenga tacto en el trato

             con esa delicada criaturita

puede matar al ángel

puede helar para siempre la sonrisa

puede arruinar al niño dentro del hombre

o malograr al hombre dentro del niño

puede romper tan fácilmente un alma

y es tan difícil después reparar

 

tenga piedad al ver su torpe modo

su gran error su más querido vicio

al oír su mentira o su verdad

la hora de su puño o de su canto

 

tenga cuidado incluso antes que nada

con usted mismo a solas para sí

en el espejo en el lecho del sueño

en el trabajo en el recreo mire

 

cada humano conduce a un amor

y cada odio conduce a un infierno

 

no le prohíbo odiar ni me prohíbo

también eso es humano

sólo me pido y le encomiendo amigo

         mucho cuidado con esa materia

RUBÉN VEDOVALDI

Capitán Bermúdez (Santa Fe)

ARGENTINA

01/11/2008 04:29 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La mujer en la poesía

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V I D A

MIS NERVIOS están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.


S A B A D O

Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
tirada en la grama;
me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan. Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
comedor en sombra; manos que aprestaban
manteles.
Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
fijos. Te esperaba.

ALFONSINA STORNI

Argentina - 1892-1938

 

HEROICO

Empuña tu espada, sé mi caballero

en la lid mohosa de guerras perdidas,

mi quijote.

Refugie tu escudo a esta fiel cobarde,

quien prefiere huir de la contienda

contra otro camarada.

Dame tu mano, rige mi vera

cuando el laberinto se anule en espejos.

Aléjame de engañosas matas

con espinas.

Cubriré mis ojos, escoge el pasaje,

dirígeme afuera de este bosque.

Atribúyeme tu nombre,

horada un grafema en la red de alambre;

concédeme un punto en tu granero.

Seré tu imagen amada;

tú mi guía,

el acero defensivo,

vencedor de guerras,

la triunfal salida de mi laberinto.

   Carmiña Candido Daverio


LLOVIZNA

Austero es el silencio que trepa a los balcones,
la lengua de llovizna ya lame el edificio,
mis ojos son embudos que filtran el resquicio
de luz de una ventana que gime en reflexiones.

La triste geometría de un cuerpo hecho jirones,
transita los insomnios abiertos al suplicio,
su espalda en la encorvada miseria del desquicio
recibe el latigazo que nubla sus razones.

Raíces silenciosas me ataron a su vida.
Mi boca ya no quiere gritar que fue mi amada
tampoco que mi entraña se agoste por la herida.

La observo , fileteo su piel que en llamarada,
ayer trepó a mis bordes febril y enardecida.
Hoy lloro en la llovizna, que huele a madrugada

NOEMÍ MERLO

Rosario-Argentina

01/11/2008 04:33 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Bienvenida, Liliana Celiz

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en la detonación del todo
(el campo en lo visual gira a la escena de ser niñas)
y no la huella desde el fondo
en la disolución de tiempo hacia el olvido
lo opuesto de los rostros como extracción del sí
multiplicándose
la copa acorazada del silencio
no el último contorno

 

de la constitución enésima de imagen
(el paralelo de los lagos sin los ojos)
a la caída del torso desde el cielo
al punto interno de las aguas
-no algún nido desde el ave-
sin la resquebración acuosa de los ojos
descascarada a la humedad de lo absoluto de la ausencia
como tangente la mano sin la hoja
sin la nervadura acuosa de las hojas
en el circuito apenas de lo próximo

 

como contradicción mayor del nido en algún pájaro
despeñándose
mi rostro en nervadura hacia las aguas (las aguas a la inversa)
en la estocada abrupta al solsticio de verano
el fluir de la conciencia
el aro del recuerdo en plegación de las visiones
despeñándose
ensimismada a la sílaba no escrita aquí en mi carne
en compulsión del verbo múltiple aplacándose
la cara en el vacío
no la visión maligna del espacio

LILIANA CELIZ

01/11/2008 04:37 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Relato - Betty Badaui

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ROSALÍA ENTRE LOS PINOS

Ella no sabe que la estoy mirando, casi como un espía…

Está desnuda como las piedras que descansan sobre su tocador.

Sus manos acarician el rostro con la crema rosada, la vincha, del mismo color, está pegada a la frente; esa frente ¡Dios! esa frente… Pulida, con una suave curva que se divisa de perfil, algo enigmático traspasa el espacio que nos separa.

Veo en esa frente gotas antiguas, aguas rumorosas, arroyos claros que reflejan bermejas piedras…

Bajo ese marco, el misterio de sus ojos… ¿me permitirá, alguna vez, conocer el color verdadero de sus ojos? Hoy son lilas, de un lila casi rosado; podría decir que desde este lugar, cercano y en penumbras, los identifico con la vincha.

Sus orejas desprovistas de aros (sólo mientras se masajea la piel) tienen ese peculiar encanto del caracol y sus sonidos. Está escuchando a Lucas Braulio Areco; se emociona, los alargados ojos se humedecen, agua clara con leve tinte róseo; ahora unta su cuello elástico y fino.

Conozco esa galopa que tanto la conmueve: se llama Misionerita; nunca me dijo quién le regaló el casette cuando fue a Misiones, con sus libros y nostalgias.

Sus lágrimas se mezclan con la crema y “Misionerita” le dio lugar a “Canción de cuna Guaraní”; algo cortante y frío baja hasta mi hombría: celos.

¿Dónde dejé mi carácter de quebracho colorado?

Creo que perdí el arrojo bestial del músculo alerta y arrollador… Pero la amo.

Sus pechos están enrojecidos, vuelvo a sentir celos, tomó sol totalmente desnuda; treinta años de piel masajeada y estimulada. Treinta años con curvas ardientes bajo el sol, desnuda como el aire.

 

-¿Te gusta?

-Me gusta porque estás vos, sólo por eso.

-Ahora vas a poder contarles a tus amigotes que Rosalía te obligó a venir a Sedona. Y falta lo mejor: el bosque de pinos.

 

No sabía si estaba sonrojada por el sol y el clima, o por la excitación que le causaba llevarme al bosque de pinos de Flagstaff. El día en que fuimos llovió; ella, palpitante, me dijo: -”no lo puedo creer, llueve, qué belleza; es un privilegio la lluvia aquí”.

Y corría entre los pinos con su liviandad etérea, casi… casi parecía un ave Fénix agradecida de la lluvia después de los cuarenta grados de calor. Yo sentí mi sangre agolpada en mi sexo, como coces de potro sin domar.

Corrimos. Rosalía bajo la lluvia… y yo tras de ella.

Cuando llegó el sosiego frené el impulso de mi tropilla para contemplarla… Deidad de mis sueños, con milenarios recuerdos inasibles para mí.

El encanto lo quebró ella, sólo ella; Rosalía, bajo la lluvia exclamó: -”cómo le gustaba a Manuel el olor a pinos mojados”.

Y calló.

Volvimos una semana después. Hace un mes.

No me atrevo a preguntar; presiento que la verdad nos alejará.

¿Y qué es la verdad? “Lo que es verdad en un tiempo es error en otro”.

¿Te acordás toro implacable, de la frase de Montesquieu…?

Trato de aferrarme al pensamiento del filósofo, tomo impulso…, ya dejaré de espiarla y mientras la bese depositaré la pregunta en su lengua…

Montesquieu… tonteras; no soy filósofo, soy un músculo herido. Y ella es una rosa.

Puedo perderla; puede punzarme o devolverme la tranquilidad.

Músculo débil y herido… Seguiré con la espina.

Las cuerdas de Braulio Areco me llegan con “Rocío”…

BETTY BADAUI

 

23/11/2008 06:21 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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