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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2009.

De literatura...y algo más

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En enero de 2009 cumplí un año con buena salud.

Hoy, primero de marzo, cumple años mi coordinadora.

Por este simple acontecimiento me pidió que haga la apertura de este mes.

No tengo facilidad idiomática, pero sí sé que el agradecimiento es inherente a toda actividad que recibe colaboración ajena. Por tal motivo nombro a

Blogia , porque nos aloja virtualmente, y a los escritores porque siempre están.

No voy a dejar pasar el pedido que mi coordinadora hizo en su día, es el siguiente:

Paz , Amor y Libertad.

Ella opina que con esos ingredientes la vida de todos mejora.

Les recuerdo que recibo poemas, relatos, y artículos breves, escritos en el cuerpo del mail, fuente tamaño 12.

Colaboran

Raúl Astorga, Liliana Chavez … y muchos más.

Hasta el próximo mes

De

literatura … y algo más

*********************************************

Contacto: bettybadaui@yahoo.com.ar

 

01/03/2009 00:33 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Breves

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Cuida los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco.-

FRANKLIN

Simplificar, es así el principal secreto de la enseñanza.-

JUAN XXIII

Considera en cada placer no cómo comienza, sino cómo termina.-

CICERÓN

En el plan divino todo es útil. No sólo los seres, sino la multiplicidad y las diferencias de sus vivencias.-

ELANIO

Si el hombre es breve mundo, la mujer es cielo breve.- *

P. CALDERÓN DE LA BARCA

* Frase enviada por Anahí Duzevich Bezoz

Gracias Anahí por colaborar

01/03/2009 00:36 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Poema - Madre Teresa

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RECUERDA QUE LA PIEL SE ARRUGA…

Siempre ten presente que la piel se arruga
el pelo se vuelve blanco,
los días se convierten en años.....
Pero lo importante no cambia,

tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña.
Detrás de cada día de llegada, hay una partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío

Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas.....
Sigue aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en tí.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón...
! Pero nunca te detengas !

   MADRE TERESA DE CALCUTA

01/03/2009 00:39 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Narrativa - Liliana Chavez

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PEQUEÑO MUNDO

Después que el tren de las nueve pasaba, mi abuelo, Jefe de Estación, cerraba la oficina y regresaba a la casa. Muchas veces me pregunté si el estado le había asignado aquel puesto o era un título propiciado por él, aprovechándose de ser el único ferroviario en Los Cardos.

Su vivienda estaba a sólo metros, en el mismo predio del ferrocarril, con ingreso por el sector de andenes y frente a la bomba de agua. Yo tenía la impresión que la nona lamentaba la rapidez con que partían los vagones y cargueros. En cuanto la figura retacona y obesa del marido se acercaba, interrumpía la regada y apresuraba su paso hacia la cocina. Era hombre impaciente. El mate debía estar sobre la mesa, caliente y espumoso para cuando llegara y el pan, más tostado de un lado que de otro. Todo controlaba, incluso aquellas tareas que no eran de su competencia. Le decía a mi nona como colocar el apresto y repasar los cuellos de las camisas, nada menos a ella, que llevaba años en comunión con la plancha. En lo único que no intervenía era con las tareas escolares. Esa es cosa de mujeres, decía, logrando que su falta de conocimientos pasara desapercibida. La abuela en cambio, con sólo segundo grado, parecía una maestra. Buena en aritmética y mejor, corrigiendo ortografía.

El hombre de la casa tenía otras particularidades. Le gustaba dormir en el catre del cuarto de planchado y debía hacerlo desde mucho tiempo atrás, porque la nona descansaba en cama de una plaza. Nunca acertaba mi nombre, me llamaba Damiana o Adriana, quizás por olvidadizo o porque pronunciar Mariana le recordaba a mi madre. Tampoco acostumbraba almorzar ni cenar en familia. Yo lo prefería así, odiaba los privilegios: verlo ingerir aquellos bocados jugosos de lomo al romero o porciones dobles del budín con nueces.

Las mujeres comíamos más tarde: verduras, un caldo con trozos de pan tostado entre el aroma a carne asada que aún, impregnaba la cocina. Después, en el patio, bajo el parral, la nona me ayudaba con las divisiones. Adentro era imposible, la radio se escuchaba a máximo volumen en el cuarto de planchado.

Don Cañas está?,

preguntaba cada tanto algún asiduo al club del pueblo y mi abuela, sin decir palabra, sacaba dinero de la lata del arroz y se lo daba. El dominó y el truco perdían al abuelo y, muchas veces, debí buscarlo con algún pretexto para que, al menos, durmiera unas horas antes que pasara el tren. Comprendí entonces, la devoción de la nona por Santa Rita y sus prolongadas cadenas de oración a la patrona de lo imposible.

Por momentos, la abuela me apenaba, siempre tan tolerante, guardando silencio, dejándose retar como un niña y siendo protagonista de sus propios dichos, no se encierra una sirena en un lata de sardina, rezongaba por lo bajo. Nunca le dije nada para no mortificarla ni agregarle condimentos a su callada furia. Hacía tiempo que se venía quejando de no poder comprar un simple diario. ¡Eso sí que es tirar la plata!, reiteraba el abuelo, aunque él, en el club, se gastara todo en jugadas, tabaco y oportos o lo que era peor, en innecesarias camisetas de frisa que le vendía su amigo el turco. Entonces la nona – sin otro remedio – leía repetidamente su misal, viejas anotaciones en el reverso de boletas o las cartas que mamá le escribió alguna vez desde Chivilcoy. La cosa era leer y apaciguar la impotencia que le cruzaba la garganta. Sin embargo, algo debió suceder en ella cuando, de un día para otro, cambió su rutina. Me acompañaba a la escuela y de allí se iba a la huerta de los Ordóñez en busca de verduras. ¡Por qué no lleva el canasto?, le pregunté en una oportunidad y, por toda respuesta, frunció los hombros. La noté repentinamente más informada, comentaba cosas de las que antes no hablaba, conocía sucesos acontecidos en lugares distantes. Supuse que escuchaba radio a escondidas del abuelo, aunque él siempre la llevaba consigo o la guardaba en su ropero, bajo llave.

Durante cierta fecha patria, el abuelo se pasó el día en los festejos del club y en mi escuela, una pared se desmoronó en el patio, en pleno acto. Nos dejaron salir antes. Al regreso, me asomé por la ventana de la cocina para sorprender a la nona. Ella, ensimismada en lo que estaba haciendo, ni siquiera advirtió mi presencia. Sobre la mesa tenía todo listo para planchar y, a un costado, un pequeño baúl abierto que, a distancia, parecía contener recortes de periódicos. Ocupó el otro extremo del mesón para retirar las verduras de los envoltorios que don Ordóñez le improvisaba en papel de diario. Colocó los repollos, las papas y zanahorias en el canasto y luego, sacudió las páginas con un paño seco hasta dejarlas limpias, las alisó con la mano para, finalmente, pasarles la plancha encima. Ya sentada, estiró las piernas sobre la banqueta baja de mimbre y la vi leer, ansiosa, aquellas hojas de diario todavía humeantes.

Bajé la cabeza hasta perderme de su posible mirada. Decididamente, Bernardo Cañas no merecía aquella mujer.

 

2º Premio Internacional Novelarte 2006

 

 

   LILIANA CHAVEZ

01/03/2009 00:42 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

la mujer en la poesía

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XIV *




Entonces yo, lejana.




Un vértigo en mis pasos cada vez.




Una vaharada de perfumes extraños.




Un ramalazo




de pasiones casi olvidadas.




Un amanecer repetido a costa de tantas horas




y de tantos ocasos,




Y a cada paso yo, lejana.




Yerma de soles, ahíta de pesares. Con sed.




Apagada de sal, grietas en la piel.




Mordiendo desiertos.




Tal vez. Tal vez…




Un día, una mañana.




Ahora yo. Lejana.




ROSA FASOLÍS




Rosario-Argentina




*Del libro TRAMAS Y CONSTRUCCIONES




1er. Premio XII Certamen de Poesía,




“ROSALINA FERNÁNDEZ DE PEIROTÉN”




Ano 1989




 




LA OTRA ORILLA




No voy a cruzar a la otra orilla…




presiento un gris sin vuelta.




Me resisto a ese trozo de mar




que nos separa.




Me aferro a esta latitud paciente,




de un mundo delineado ya hace tiempo.




No quiero exponer mi piel en ese intento,




vacilar en el aire de una luna incierta,




incendiarme por un sol ensangrentado,




ni tejer a ciegas en la niebla.




Hoy despierto serena




sin pensar en mañana.




Me visto con mis años




en la aurora encendida,




me calzo campanadas




para estar despierta,




aligero palabras en plegarias austeras,




y paseo mis mañanas




por las playas desiertas.




No habrá nunca otra orilla




de vientos desgarrados,




y aunque remiende velas




quedaré de este lado.




ALICIA BORGOGNO




 






Ángel Rebelde




 







 





 




Hoy lo supe,




no tendremos adiós ni mañana.




No preguntamos nada.




Solo tratamos de vivir




y en el cielo breve




de la vida nos amamos.




Intentamos el acercamiento,




primero por instinto,




después nos fue creciendo el amor.




Por cada sonrisa




pagamos cien lágrimas,




En cada mirada




adivinamos el renunciamiento.




En cada beso




gustamos el sabor de la separación.




No dijimos nada.




Las preguntas quedaron




en el olvido de la piel.




Y las respuestas




se supieron por ósmosis




después que nos amamos.




Fueron pocas las palabras




y muchas las penas




que debíamos afrontar.




Y como un ángel rebelde




nos creció el amor.




ROSA LÍA CUELLO




( del libro "Dentro de mí")




 




 




 TUS CALLES, BUENOS AIRES




Voy caminando lento por la acera




con la pesada carga de los años;




arrastrando conmigo desengaños,




avanzo hacia el final, que me atempera.




 




Voy sumando fracasos en la espera,




descienden los recuerdos sus peldaños;




me desangro en tus calles, con extraños




que no advierten mis penas desde afuera.




 




El calor va agobiando mis sentidos,




calcina el sol con tórridos desaires,




como el dolor incendia mis gemidos.




 




Mis llagas las oculto con donaires;




al cerrarse mis párpados, vencidos,




me impiden ver tus calles, Buenos Aires…




     MARTA LUZ DINO




      Rosario-Argentina

01/03/2009 00:49 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

El hombre en la poesía

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TRISTE JARDÍN *

Con cada muerte,

con cada destello de cuerpo quemado

el bosque se cubrió de penachos rojos.

Cada guerra sembró semillas de verdes brotes

y entre gemidos y desgarros

un aluvión de orquídeas nos invadió.

Cada inocente abatido fue de pétalos cubierto

y a mayor dolor

un aroma de azahares inundó el aire.

Es una tristeza ver el jardín tan florecido…

  GUSTAVO TISOCCO

*(Del libro “ENTRE SOLES Y SOMBRAS”

 

VINCENT VAN GOGH *

Brillantes coloridos

de trasegar sanguíneo.

Juegos nobles

de ingenua esencia.

Relámpagos

de travesuras infantiles.

Girasoles

de dinástico reflejo.

Y un hombre

prisionero de las formas

diciendo:

“quiero ir a casa”.

MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

San Nicolás-Argentina

*Fuente: Perfiles del Fuego

Segunda Antología del Taller de Expresión Poética

de la Escuela Municipal de Lengua y Literatura

“Andrés del Pozo”, Subsecretaría de Cultura de la

Municipalidad de San Nicolás. Año 1993.-

 

TIEMPO DE LOS PÁJAROS *

Llevamos sobre la textura de la piel

las huellas de los soles

que invernaron en silencio

en la nervadura del polen.

Somos destellos que giran

alrededor de un eje vertical

sostenidos por hilos invisibles

de sueños que navegan.

Todos los genes se nos parecen.

Socavamos el fulgor de la vida

inyectándole huecos de intemperie

hasta quedarnos sin lámparas encendidas

y a merced de la imperfección.

Sobreviene la noche y nos abraza

con su lastimada soledad

ahogando el tiempo de los pájaros

que nos invitan a volar.

VÍCTOR HUGO TISSERA

*Fuente: “desde la luz y la palabra”,

Ediciones Amaru

 

DEL AMOR

Delicada materia la del amor.

Iluminados por él, cruzamos el día

toda su vastedad e incertidumbre.

Cuenco donde bebemos sin saciedad…

Argamasa a moldear en los días por venir.

Somos crónica del amor y de su contracara

somos el lugar donde se refugia

donde crece y muere.

Delicada materia la del amor.

OSCAR ÁNGEL AGÚ

Santa Fe

01/03/2009 00:55 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Bienvenido, Camilo Valverde

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SIEMPRE LOS NIÑOS

Niños del terremoto revientan inconscientes,

saben de risas blancas, no de dolor y llanto;

gritos de los escombros, madres de desencanto

que desangran horrores y esperanzas pacientes;

 

 

y vendrán los cometas en corceles ardientes,

llenos de rabias rojas, blandiendo ayes de espanto

por la mujer que llora jirones de quebranto

en negra adversidad y usuras de pudientes.

 

¡Humanidad doliente, codicias de mezquinos!

Jerarcas y santones, por ganancias malsanas,

trafican con el mal, y venden la vileza.

 

 

¡Hados de mala suerte, dioses de agrios destinos!

Desastres naturales, ignominias humanas

se llevan a los niños y roban su nobleza.

 

 

            HARTOS DE HAMBRE

Pueblos hartos del hambre y sequedad

alzan hoscos sus voces indigentes,

censuran los repartos negligentes

y el cúmulo feroz de propiedad.

 

En su voz de rasgada soledad,

reivindican ayudas indulgentes;

necesitan acuerdos contundentes

que traigan paz y libren de impiedad.

 

 

Viven su diaria muerte en la zozobra

del cielo que no llueve la cosecha

y del niño que llora su quebranto.

 

Vive el rico en placer lujos de sobra,

amontona en los bancos sin sospecha

y, de momento, goza mesa y manto.

 

 

     ANDO PERDIDO

Sin ella, ya no sé vivir latente,

mi propio yo en el tú se ha sustanciado,

la siento junto a mí tan inmanente,

que, sin su aliento, vago desquiciado.

 

 

Sé que la agobio, a veces insistente,

que egoísta le exijo demasiado,

y que vive en la oferta deferente,

mientras deja lo suyo descuidado.

 

Hoy desdeñado y solo en la distancia,

tras su pérdida, muero en mi extravío,

contrito en el dolor de mi inconstancia.

 

 

¡Cuánto quise salir de mi vacío

y pedirle perdón por mi arrogancia

y, en abrazos, diluir su olvido frío¡

  Camilo Valverde-Mudarra y Carrillo

                  España

-

01/03/2009 01:03 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Bienvenido, Fernando Sorrentino

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EL IRRITADOR

 


El 8 de noviembre fue mi cumpleaños. Me pareció que una buena manera de festejarlo consistía en entablar un diálogo con alguna persona desconocida.

Serían las diez de la mañana.

En la esquina de Florida y Córdoba detuve a un señor de unos sesenta años, muy bien vestido, con un maletín en la mano derecha y con cierto aire vanidoso de abogado o escribano.

—Discúlpeme, señor —le dije—, ¿usted podría por favor indicarme cómo debo hacer para llegar a la plaza de Mayo?

El señor se detuvo, me observó de pies a cabeza y me contestó con una pregunta ociosa:

—¿Usted quiere ir a la plaza de Mayo o a la avenida de Mayo?

—En principio me gustaría ir a la plaza de Mayo, pero, si tal cosa no fuera posible, me conformaría con ir a cualquier otro lugar.

—Muy bien —dijo, ansioso por hablar y sin haberme prestado la menor atención—. Tome hacia allá —señaló el sur—, y va a cruzar Viamonte, Tucumán, Lavalle…

Me di cuenta de que iba a encontrar placer en enumerar las ocho calles que yo debería cruzar, y entonces decidí interrumpirlo:

—¿Usted está seguro de lo que dice?

—Absolutamente seguro.

—Discúlpeme si dudo de su palabra —expliqué—, pero hace unos minutos un hombre con cara de inteligente me dijo que la plaza de Mayo quedaba hacia allá —y señalé en dirección a la plaza San Martín.

El señor se limitó a decir:

—Será alguien que no conoce la ciudad.

—Sin embargo, como le decía, era un hombre con cara de inteligente. Y yo, como es lógico, prefiero creerle a él, y no a usted.

Mirándome con severidad, me preguntó:

—A ver, dígame, ¿por qué prefiere creerle a él antes que a mí?

—No es que yo prefiera creerle a él antes que a usted. Pero, como le dije, ese hombre tenía cara de inteligente.

—¡No me diga…! ¿Y yo tengo cara de burro, acaso?

—¡No, no…! —me escandalicé—. ¿Quién dijo tal cosa?

—Como usted dijo que el otro hombre tenía cara de inteligente…

—Es que, en verdad, era un hombre con un rostro muy inteligente.

Mi interlocutor mostró alguna impaciencia:

—Muy bien, caballero —dijo—, estoy bastante apurado, así que lo saludo y me retiro.

—De acuerdo, pero ¿cómo hago para llegar a la plaza San Martín?

Hubo en su cara un breve gesto de contrariedad:

—¿Pero no me había dicho que quería ir a la plaza de Mayo?

—No: a la de Mayo, no. A la plaza San Martín quiero ir. Nunca se habló de la plaza de Mayo.

—En ese caso —ahora señaló hacia el norte—, tome por Florida, y va a cruzar Paraguay…

—¡Usted me está volviendo loco! —protesté—. ¿No me dijo antes que tenía que tomar hacia el lado opuesto?

—¡Porque usted me dijo que quería ir a la plaza de Mayo!

—¡En ningún momento hablé de la plaza de Mayo! ¿Cómo se lo tengo que decir? ¿Usted no entiende el idioma o todavía está medio dormido?

El señor enrojeció; vi cómo su mano derecha se crispaba contra la manija del maletín. Me dirigió una frase que es preferible no repetir y se puso en marcha con pasos rápidos y violentos.

Daba la sensación de estar un poco enojado.



[“El irritador” forma parte del volumen de cuentos de Fernando Sorrentino titulado Costumbres del alcaucil, Buenos Aires, Sudamericana, 2008.]

 

03/03/2009 01:04 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Escuela Juan Arzeno: Concurso Literatura





-Por qué apoyamos este concurso de cuentos-


Cuando surgió esta propuesta, el año pasado, me interesó de entrada porque estamos en el siglo XXI. Estamos en el siglo de la informática, de las comunicaciones fáciles y caras, pero fáciles, lo de caro sería otro tema a discutir. Y uno no está tan equivocado cuando en pleno siglo de las nuevas tecnologías decide apoyar un certamen de cuentos. Y uno nota ese acierto leyendo los cuentos, porque los pequeños y los juveniles escritores que han participado de este certamen, están leyendo nuestro tiempo. En el despliegue de fantasías que se extiende en las páginas que han presentado está latente nuestro siglo XXI, con sus tecnologías como herramientas para desarrollar historias de enredos, de amor, de desamor, de amistades, de aventuras, de terror, historias... al fin y al cabo. Con influencia de nuestro presente, de las películas que ven, de los libros y revistas que leen, los participantes de este certamen han puesto todas las cartas sobre la mesa.


Quienes hace un tiempo nos dedicamos con placer a esta tarea de escribir, de contar historias que luego circulan en diversos formatos: libros, revistas, cuadernillos, sitios de internet, sabemos que lograr que un lector quede atrapado no es fácil. Todo depende de una cuestión técnica que en este contexto, el de la Escuela Juan Arzeno, es responsabilidad de nosotros, los educadores y los padres y amigos que podemos colaborar en ésto.


Ya es un paso gigante, en estos tiempos, que un chico o una chica se siente a escribir una historia; pero sería un enorme salto que lo hicieran bien. Y ese es el objetivo de este certamen, más que la competencia. El objetivo es incentivar a los chicos a soñar historias, luego contarlas, y más luego, corregirlas, para que llegue al lector de la manera más interesante posible.


Quiero, necesito agradecer a las autoridades de la escuela por permitir esta iniciativa, a las docentes que trabajan denodadamente para llevarla a la práctica, a la cooperadora que apoya constantemente, y muy especialmente a los miembros del jurado: amigos que han dedicado un tiempo valioso dejando de lado alguna ocupación para apoyar este emprendimiento con dedicación sincera, honesta y con la única idea de contribuir con la educación y la creatividad de nuestros chicos.


Quiero agradecer también a los escritores participantes que, espero, sigan volcando en papel toda su energía creadora, teniendo en cuenta que para contar una buena historia, a veces, basta con mirar alrededor y tener en cuenta ese sinfín de hechos cotidianos que transcurren en todo momento.


Raúl Astorga


 




03/03/2009 07:31 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Escuela Juan Arzeno: Premios

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-Cuentos premiados en el Segundo Concurso de Escritura Escuela Nº 83 “Juan Arzeno”-

 

 

 

Estos son los cuentos premiados en el certamen, en sus respectivas categorías:

Categoría A

Turno Tarde:

 

 

-Beatriz y los tres chicos-

 

de: Santiago Silvagni

 

 

 

En las Termas Ricura, vivía Beatriz, una señorita de Matemática muy dulce, que odiaba las maldades.

Un día ella iba caminando por una calle y vio a tres chicos pegándole con una cadena a un caballo. Se las sacó de la mano y les preguntó:

-¿No les da lástima pegarle al caballo?

Uno de los chicos la miró en forma burlona y le respondió:

-Señora, nosotros hacemos nuestro trabajo para conseguir comida.

Beatriz los miró asombrada y les pidió que la esperen un segundo. Al rato, volvió con empanadas y pizzas. Los chicos le agradecieron un montón.

Al anochecer, Beatriz fue a tirar la basura y, de casualidad, pasaban los tres chicos en bicicleta. Muy contentos, la miraron y le gritaron:

-¡¡Chau, Bety!!

La señora sonrió porque iban sin la cadena

Turno Mañana:

 

 

-Juan Agüita”-

 

de: Camilo Márquez

 

 

 

Había una vez un niño llamado Juan Agüita.

Era feliz pero tenía un inconveniente en casi todos los deportes: su problema de transpiración.

Una vez que Juan Agüita empezaba a moverse no paraba de transpirar en grandes cantidades, en cantidades exageradas, increíbles.

Por ejemplo, cuando intentó con el atletismo, a la jabalina no la pudo lanzar porque se le resbalaba de las manos. Lo mismo le pasó con el testimonio cuando quiso correr la posta.

Tampoco tuvo suerte con los patines, por cada paso que hacía, un charco de agua dejaba.

Con cada deporte era lo mismo.

Pero un día descubrió, mirando los Juegos Olímpicos, que su deporte era la natación.

Después de su primera clase, el entrenador entendió que debía vaciar la pileta a la mitad porque Juan la llenaba con su transpiración.

Así ¡al fin! encontró su deporte.

Categoría B

Turno Tarde:

 

 

-La furia del jaguar-

 

de: María Luz López

 

 

 

Hace mucho tiempo en una tribu vivía el cacique y su hijo Jouse. Jouse era muy obediente, una tarde su padre le pidió que vaya a buscar alimento, él, como siempre, lo hizo.

En el camino encontró a un pequeño niño llamado Chad, le pidió que lo ayudara. Jouse lo subió a un nido de loros para que recoja los huevos y luego se los diera. Los loros se fueron pero al irse dijeron: “Ya van a ver ladrones”, cuando Chad tiró el huevo se convirtió en piedra y el segundo huevo, pasó, lo mismo. Jouse se enojó, lo dejó colgado en una rama y se fue.

Chad estaba muy asustado y más ahora que vio a un jaguar con un arco y flechas. El jaguar lo ayudó a bajar y lo llevó a su casa con su esposa que no era una hembra de su especie, si no que era una mujer humana. A ella no le gustó mucho la idea de que el chiquillo se quedara, el jaguar le mostró una gran fuente con fuego y le explicó cómo lo descubrió, cierto día el animal se fue a buscar alimento y cuando el felino no estaba más, la mujer le pegó y lo arañó, entonces el pequeño la apuntó con una flecha para asustarla y se le escapó, Chad antes de que el felino venga se llevó el fuego el arco y flechas. Cuando el jaguar llegó se decepcionó mucho y se enfureció.

Por eso es que ahora el jaguar caza con las garras y los dientes, es que le han sacado el arco y flechas, come todo crudo, porque le sacaron el fuego, cuando se acuerda de aquella mala pasada ruge y si ve a algún humano se lo come, por temor a volver a ser traicionado

Turno Mañana:

“El alemán”

de: Nuria Romeu

 

 

 

Era un lunes común y corriente, salía del trabajo, ocho de la noche, la hora exacta donde se formaba ese tumulto de gente seria con portafolios, corbatas arrugadas, mirando sus relojes. En parte yo era uno de ellos, pero en parte no, no tenía ganas de volver a casa aun, tenía ganas de hacer algo nuevo, interesante. Así me decidí por hacer algo que desde que era joven tenía ganas de hacer, fui hasta el mini-market de la esquina y compré una tarjeta de colectivo y lo esperé en la esquina, tomé el primero que llegaba, estaba casi lleno, pero un asiento al fondo al lado de la ventanilla estaba libre, me senté y empecé a mirar a la gente que pasaba, mientras pensaba. Ese había sido mi sueño: subirme a un colectivo y quedarme ahí; pensando, pasando las paradas...

Debí haberme quedado dormido, porque cuando quise darme cuenta sólo quedaban tres o cuatro personas, decidí que era el momento de bajar. Lo que más me llamó la atención fue un bar que parecía acogedor, tenía sed así que entré por un café caliente. Lo pedí con unas medialunas a la simpática cocinera cuando me lo entregaron me sorprendí muchísimo, ¡era todo casero! Rarísimo de encontrar en Buenos Aires. Ese bar tenía el olor que más me gustaba: el olor a libros viejos. Cuando salí observé el nombre: “El alemán”.

Tanto me gustó que se hizo la tradición de todos los lunes; además era el lugar perfecto para pensar mi nueva historia, sí, soy escritor, pero sólo como pasatiempo, me sirve para escapar de mi verdadera profesión: la abogacía.

Así fue que me hice amiga de la cocinera: una señora regordeta, simpática, y muuuuy charlatana; me contó que el bar había pasado de generación a generación, y que pertenecía a una familia justamente alemana.

El bar no tenía mucho materialmente: una barra de madera y alguna que otra mesa con taburetes; éramos los clientes de siempre, la mayoría de gran edad. Cada tanto entraba un grupito de adolescentes pero se terminaban yendo.

El mes siguiente tuve trabajo de más y no pude ir a mi fiel bar, pero apenas logré entregar todo, lo primero que pensé ese lunes fue ir a “El alemán”. Tomé el colectivo de siempre y bajé en la famosa parada; al principio creía que me había equivocado: ya no veía por ningún lado el querido cartel. Pero luego vi un cartel nuevo, luminoso, innovador, que decía “El alemán”; no era feo, pero no era el de siempre. A pesar de su nueva imagen decidí entrar, nada podría haber cambiado de un día para el otro. Pero me había equivocado, adentro había mesas color fluor, rebalsadas de adolescentes que formaban un bullicio insecable.

Sabía que el bar tenía algunas deudas, pero nunca me había imaginado tal punto; el bar se había transformado en algo artificial, abstracto.

Salí atónito, y miré melancólicamente por última vez a mi bar ; luego partí bajo la lluvia, buscando un nuevo lugar donde confortarme, buscando un refugio en este enorme ciudad.

03/03/2009 07:37 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.


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