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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2009.

deliteraturayalgomas

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   El fallecimiento del escritor y amigo cercano, Víctor Hugo Tissera, moviliza los sentimientos ,dando lugar a un atropello

de palabras que deambulan con menos seguridad que otras veces.

   Este mes de mayo, renuevo mi agradecimiento a todos por las colaboraciones , y me animo a pensar que  el material que hemos publicado va a ser muy bien recibido.

   Gracias a  BLOGIA por el alojamiento.

    Así también para esos seres que siempre están, por ellos el sitio continúa.

 

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RAÚL ASTORGA es el colaborador de Rosario.-

LILIANA CHÁVEZ colabora desde Córdoba.-

ELSA FLORIT también contribuye desde Cañada de Gómez.-

DELFINA ACOSTA continúa  enviando  comentarios literarios del Diario ABC Digital Color.-

                            Gracias

                         Betty Badaui

                Otoño-2009-hemisferio sur

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                         °°°°°°°°°°°°°°°

Para publicar en este sitio pueden enviar poemas, escritos en el cuerpo del mail, también relatos o comentarios de diversos temas, que sean breves y en letra tamaño 12

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Mi propuesta: PAZ, AMOR Y LIBERTAD

                             Betty Badaui

 

 

01/05/2009 15:53 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Breves

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Vemos las cosas no como ellas son, sino como somos nosotros.-

   TOMLIMSON

 

Para que el cuerpo descanse, es necesario que el alma esté tranquila.-

   SENECA

 

Ganar un proceso es adquirir una gallina y perder una vaca.-

   PROV. CHINO

 

Cada día es una pequeña vida.-

   HORACIO

 

El mejor profeta del futuro es el pasado.-

 

   LORD BYRON

 

  

  

 

 

 

01/05/2009 16:05 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Narrativa: Delfina Acosta

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HISTORIA DE AMOR

DELFINA ACOSTA

Era caída la tarde. Pude saber que llegaba a casa porque el portón rechinó.
El perro de la casa lo recibió festivamente.
Yo le dije el mimo al que lo tenía acostumbrado cuando abrí la puerta: “Pero si vas a resfriarte con el fresco de la calle”
Los hombres son niños. Y son las mujeres quienes los transforman en adultos.
Ellos están acostumbrados a convertirse en gente mayor - recién - cuando se enamoran y deben aguardar bajo la farola de la cuadra, golpeados por los insectos de luz, que el reloj de la iglesia dé las ocho, para encarar la noche de luna llena.
Es entonces cuando el alma de los murciélagos se apodera de los hombres, y comienzan a merodear alrededor de tu casa, para después convertir su amor en aquel golpeteo incesante de la rama del boj contra los vidrios de tu ventana.
Si lo sabré yo.
Mario entró. Me dijo que estaba bonita.
- Tienes un brillo especial en los ojos. ¿Entonces has leído “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”? - me preguntó, mientras besaba mis mejillas.
- Todavía no - le contesté.
Debo contar que me amaba. Me reprochaba que no le permitiera besarme más tiempo, aunque le explicaba que la cuestión era que no me mordiera la lengua. Lo adoraba.
Me miraba en el espejo y esperaba que el espejo me mirara para empezar a dibujar una especie de grabado artístico sobre mis párpados.
Así, cuando cerrara los ojos, subida sobre el piano, mientras él golpeaba las cuerdas con los macillos, Mario sabría sacar el verdadero espíritu de Chopín de esas teclas de marfil.

Sólo faltaba que perdiera la salud y se muriera en víspera del otoño para que nuestro amor se convirtiera en una tragedia de esas que se llevan a la pantalla de cine o de aquellas otras que cuentan las madres religiosas a sus hijas, para echarles miedo encima y espantar al primo pobre, el inesperado pretendiente de la familia.
Un último sol de oro, el sol crepuscular, intentaba levantar el ánimo de la tarde, posándose sobre las rosas amarillas de los canteros de mi jardín y sobre aquel chorro de agua que salía de las fauces de un león por cuyas melenas trajinaban lagartijas amarillas.
De golpe, el sol se desplomó. Había oscurecido.
Mario bajó la tapa del piano. Pero ya no era él.
Había muerto.
No recuerdo qué ocurrió luego; sólo sé que semanas después, cuando el viento soplaba con fuerza en las calles y hacía rechinar el portón, yo me encontraba contando las cucharadas de azúcar que revolvía en mi té de tilo, y en mi otro té, el de las semillas de manzanilla, buenas también, según decían, para los nervios.
El perro se volvió tristón.
Un día él vino de nuevo a casa.
Caí semi-desvanecida sobre la alfombra.
- ¿Pero cómo has hecho? - le pregunté.
- Ah..., creí que tú lo sabías mejor que yo. Me has invocado, Margarita. No has hecho más que llorar y llamarme durante mi ausencia, cuando estaba...
- No digas esa palabra.

- Se quedaron con la propiedad de San Telmo mis hermanos María y Alberto, de modo que tendré que vivir aquí, por un tiempo, y dormir sobre el sofá. Haré el café para los dos esta vez - me dijo muy animado.
Me sentí conforme al escucharlo resolver con tanta simplicidad su muerte y su permanencia en la casa.
Cada noche, cuando me levantaba para asegurarme de que las barretas cilíndricas de hierro estaban corridas, lo encontraba escribiendo con entusiasmo.
¿Qué podría escribir un hombre muerto?
Me figuraba que tendría poco apetito. Pero todas las mañanas se servía un tazón de leche de cabra acompañado con rosquillas untadas con dulce de higos. Como a las nueve y media tomaba más de cinco o seis tazas de café.
Almorzaba en una pieza, que funcionaba como ático. Un almuerzo importante: tortillas de arroz con una guarnición de ensalada rusa, y otra vez, un café espeso y caliente.
Al principio no me incomodó que dejara los cubiertos sucios en el lavadero, y que la leche hervida se añadiera como costra a las mesas de la sala y del comedor.
Pero luego me saturaron tantas cáscaras de huevos, tantas semillas de cítricos arrojadas fuera del basurero que atraían a las cucarachas, las cuales, una vez reventadas por mis zapatillazos, atraían a su vez a las hormigas.
Me sentía disgustada.
Tantas cosas no funcionaban bien en nuestra relación.
Y Mario era el menos interesado en escuchar los planteamientos que le hacía.
- Pero es que ya no puedo. Estoy cansada de lavar los platos sucios - le grité una tarde de fina llovizna sobre los bulbos de los crisantemos.
El viernes 23, a la noche, cuando me levanté para ver si los cerrojos estaban corridos, no lo encontré. Hallé sobre la mesa sus papeles, medio barridos por un gesto desesperado.
Era su diario. No quería leerlo porque sabía que ésa era una de sus tantas estrategias para volver a la vida y empezar a discutir, a aflojar, a fingir indiferencia, a pedir perdón.
Y yo ya no estaba en condiciones de discutir con un muerto.

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Este mail fue enviado desde el WEBMAIL de ABC Color

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                            NOTICIAS

 Este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

Homenaje a Sara de Ibáñez en su centenario

Una merecida recordación le brinda la famosa editorial Torremozas de España a la poetisa Sara de Ibáñez en el centenario de su nacimiento.
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 Este artículo ha sido enviado por Delfina Acosta

El estallido de un ideal

El libro El estallido de un ideal ha sido presentado recientemente al público lector. Esta es una narración autobiográfica que nos lleva a un pasado no muy lejano, cerca de la década de los cuarenta y pico, cuando el autor del texto, el Sub Tte. Inf. Miguel A. González Vierci, trae a la memoria las aventuras y las desventuras que le costaron su formación en la Escuela Militar.
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01/05/2009 16:21 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Víctor Hugo Tissera

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        SOLEDAD DE POETA  *

Soy un instrumento

de las pasiones.

Equívocas o acertadas

son mías,

En medio de ellas

la vanidad convoca

al juego de la notoriedad.

Soy consciente

que el poeta existe en mí

esclavizado a las palabras.

A veces, duele la poesía

como hiere la verdad,

si es arrancada,

y ofrecida sin remiendos.

Languidece la soledad

en la isla del confín.

Un vacío nuevo,

con la voz pegada a la saliva,

se sostiene en la burbuja

de un insulto.

el poeta poco a poco

va entregando su interior

y al final se queda solo,

imaginando el destino

de sus versos.

           *fuente: Por si vuelvo

            Ediciones Amaru-1994

 

   TIEMPO DE LOS PÁJAROS   *

Llevamos sobre la textura de la piel

las huellas de los soles

que invernaron en silencio

en la nervadura del polen.

Somos destellos que giran

alrededor de un eje vertical

sostenidos por hilos invisibles

de sueños que navegan.

Todos los genes se nos parecen.

Socavamos el fulgor de la vida

inyectándole huecos de intemperie

hasta quedarnos sin lámparas encendidas

y a merced de la imperfección.

Sobreviene la noche y nos abraza

con su lastimada soledad

ahogando el tiempo de los pájaros

que nos invitan a volar.

*Fuente: libro “desde la luz y la palabra”

       Ediciones Amaru

 

         AMO       *

Amo todo lo que tengo

   que no es poco.

   Amo el amor

porque el amor es todo.

   Amo a los que amé

   y no me amaron.

   Amo lo que perdí

   y ya es pasado.

   Amo la plenitud

   de los que aman.

   Amo la sencillez

   de la palabra,

y el silencio vitral

   de la mirada.

   Amo la vida

porque ella es canto.

   Amo la noche

con su ataúd de plata,

   y amo la muerte,

porque ha de llegar

   y es mía.

*Fuente: libro “Detrás de la mirada”

          Editorial  Dunken

              Junio-2005

VÍCTOR HUGO TISSERA

        Cañada de Gómez

               Argentina

 

01/05/2009 16:35 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

El hombre en la poesía

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¿A DÓNDE IREMOS?

     ¿ A dónde iremos
   donde la muerte no existe?
 Mas, ¿por esto viviré llorando?
   Que tu corazón se enderece:

   Aquí nadie vivirá por siempre.
Aún los príncipes a morir vinieron,
 los bultos funerarios se queman.
    Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

NEZAHUALCÓYOTL

MEXICO

1402-1472

 

PAISAJE  *

Remolino de deseos

gira en esfera celeste

acecha a macho y hembra

palpitantes y apasionados

 

seres anónimos planetarios

presos de enajenación

en heredad de erotismo

con fatiga de lidia

 

goce

atrapado en torrentes de delirios

cascada de ímpetus

locura de sensaciones

 

presencia perceptible

somos en ese paisaje

obra maestra de quien inventó

el juego maravilloso del amor.

LELIO R. GURRUCHAGA

Rosario

*Fuente:CONTORNO - Editorial C.A.D.A.N.

Año 2004

 

 

GLADIADOR

Derrama tu sangre

Muere

entre osadías

de gritos y lanzas.

Proclamaré

el vino dulzón

que dejas en mi boca.

Eres gladiador

de mis mordiscos,

yo tigre sediento.

GUSTAVO TISOCCO

Fuente: “Entre soles y sombras”,

Ediciones Vigilias,

Argentina-2005

 

01/05/2009 16:48 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La mujer en la poesía

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  EL GRITO

La luz ilumina todo

lo que podemos ver,

sin embargo,

después de mirar la nuca,

de pisar el barro,

de encarcelar los recuerdos,

de moderar la vergüenza

 y de presentir la muerte,

la luz viene de la ceguera

para iluminar lo invisible,

lo recóndito,

la última señal,

el grito.

MARTA BROSSA

Cañada de Gómez

Prov. De Santa Fe

 

   ESA MIRADA

Se perdía en el mar

vagaba noches,

aguas, caracolas,

y tú lejos

tan lejos

que no te hallé.

  ELENA BEATRIZ TOLOSA

    

     DE LLOVIZNAS Y DE AUSENCIAS  *

   Después que se aquietan las tormentas

   mi cuerpo vuelve a su morada solitaria.

          El estallido desbordó su cauce.

                        Indetenible,

       humedeció con su sal mi paciencia,

acechó con su insipidez las palabras del amor

            que se hundieron en la arena.

            La embriaguez de su torrente

            me liberó de ajenos cansancios.

            Más allá del grito que desolló

   las ramas secas, ha vuelto ha envolverme

                    el trémulo silencio,

    como si las aguas no se hubiesen agitado

                 en esta tarde insostenida

               de lloviznas y de ausencias.

                   SORAYA RIGHETTI

                     Cañada de Gómez

                           Argentina

* Fuente:En este desierto en que me dejas

                 Ediciones Amaru

                     Junio 2005

 

        LACERADA DE PREGUNTAS

 Un murmullo de voces cansadas

surca los muros de mis sueños.

Arrasa memorias que dormitan

en la quietud del tiempo.

Allí donde el amor y el dolor se confunden,

me regalo un instante

para mitigar ansiedades…

Y esbozo una plegaria

implorando razones.

Lacerada de preguntas,

vacía de esperanza,

suplico desterrar rencores

que lastiman mi encierro,

mientras intento perdones.

                           ALICIA BORGOGNO

 

 

No sé adónde los ángeles

se llevaron tus poemas;

si al paraíso o al cielo.

Lo cierto es que en sus alas

llevan prendidos mis besos,

los recuerdos, el llanto,

mis plegarias, tantos rezos

y el dolor que se agazapa,

porque sé que tú has partido

solo para ver el borde eterno

del cielo.

Pero estás, con tu palabra escrita,

y estás con la marca indeleble

de quien ha tatuado almas

y ha cincelado corazones,

no solo con la pluma,

sino con el calor humano

que abrigó el invierno

de quienes seguimos

tomados de tu mano.-

    °°°°°°

Para Víctor , donde sea que estés.  Tu incondicional amiga y alumna

                          ELSA

Enviado por Elsa Florit, Cañada de Gómez

 

01/05/2009 17:08 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 13 comentarios.

Ana María Rodríguez Francia

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Atardecer de otoño

 

         Para Betty Badaui

 

No es fácil pensar este crepúsculo

cuando se mira allá,

sobre la bruma,

la población que dibuja la memoria

como una onda violácea, tan perdida

 

Ahora, cuando el tiempo se ha estirado,

cristales de amapola en una costa intensa,

no es fácil amar el sol, amiga mía,

esfera displicente, empecinada,

que ahora se está yendo

como se van todas las cosas.

 

Decir la niebla sobre el río,

la niebla que se envuelve en velos pálidos,

velos como serpientes, llamaradas inhóspitas...

 

Se dibujan espejos en el aire de abril,

cuando  abril se ha quedado vacío

y sólo me resguardo en el paisaje...

 

La tarde está brumosa,

amiga mía...

Escucho música, contemplo el río

y la pena se inclina hacia el asombro.

 

Ya la noche se abisma

como una esclava insomne.

Ana María Rodríguez Francia

   

El Poema “Atardecer de otoño” está dedicado a la memoria de la escritora y amiga, ALICIA CÁMPORA.

Agradecemos a la Doctora Rodríguez Francia este envío.

 

01/05/2009 17:17 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Escuela Juan Arzeno, Concurso de Literatura

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-Acerca de este concurso-

 

    Ya me he manifestado acerca de la satisfacción que implica colaborar en un concurso de estas características. Donde no importa lo consagratorio, sino la formación creativa de nuestros niños.

    En esta oportunidad me toca agregar algo acerca del jurado, todos creativos capaces de prenderse de esta aventura sin más interés que el de contribuir con la propuesta. Si bien la actuación en estos casos es transparente desde el origen mismo del certamen, aparece una responsabilidad, grata por cierto, para elegir con precisión.

    En la categoría que involucra a los más chicos, participaron Susana Rozas, enorme escritora de poesías y cuento, profesora de Literatura con extensa experiencia en ese arte de tratar con chicos; Marcelo Valenti, prolífico autor que se destaca como poeta y cuentista, publicado internacionalmente; y Ariel Suárez, también profesor de Literatura, autor de cuentos, publicado en diversos medios.

    En la categoría que permitió la participación de los más grandes, me acompañaron Betty Badaui, incansable trabajadora cultural, y talentosa autora de poesía y cuentos, moderadora de este blog que ha posibilitado la publicación de estos textos; y Alejandro Guarino, versátil y talentoso, capaz de conmover tanto con un guión de radioteatro, como con un cuento o un poema, explorador inagotable de las vetas humorísticas de nuestra literatura.

    A ellos les debo gratitud por acompañar esta iniciativa que por estos meses provoca la alegría de llegar a todo el mundo con los textos de estos nuevos escritores que, quién sabe, algún día nos estén dando un libro producto de algún tiempo de trabajo.

 

                                                                                       Raúl Astorga

01/05/2009 17:24 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Concurso de Cuentos Escuela Juan Arzeno

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 -Menciones Turno Mañana, Categoría “A”:

 

-Ñoquis y verduras-

de Franco Brumatti

 

    La ciudad de “Ñoquilandia”, ocupada solamente por ñoquis, era un lugar donde durante siglos reinó la paz. Allí convivían los ñoquis de papa, los de acelga, los ñoquis rellenos, los ñoquis con salsa y los ñoquis con crema.

    Pero un día esta tranquila ciudad fue atacada por todos los habitantes de “Verdulandia”. En ésta convivían distintas familias como los Lechugas que eran muy saludables, los Camotes que estaban  siempre enamorados, los Ajos que iban todos los días al dentista, los Zanahorias que le tenían mucho miedo a los conejos, los Remolachas que siempre se ponían colorados, los Cebollas que se la pasaban llorando, todas estas familias compartían la ciudad con los Naranjos, los Manzanas, los Bananas y otras tantas.

    Los ñoquis se sintieron indefensos y decidieron pedir ayuda al Rey de “Empanadopolis” que no dudó en mandar a su ejército para colaborar con sus amigos. Un escuadrón de jamón y queso, otro de atún, una división de carne y otra de choclo acudieron inmediatamente a Ñoquilandia.

    Los días de paz terminaron y comenzó la guerra. Volaban tomatazos y cebollas hacia el fuerte de los ñoquis que resistían como podían arrojando desde la altura de sus torres empanadas de todos los sabores.

    Las verduras continuaban atacando, haciendo caer sobre el fuerte ajos y morrones de cualquier color.

    Luego de tres días los ñoquilenses se dieron cuenta de que podían hacer una riquísima salsa con todos los tomates, cebollas, ajos y morrones y de esa manera proponerle a las verduras un pacto de paz. Por suerte, las verduras aceptaron y nunca más se pelearon.

    Es recomendable cocinar bien los ñoquis, en una olla de agua hirviendo para que no se acuerden de la guerra y no se peguen entre ellos. También se aconseja lavar bien las verduras para que no se pongan nerviosas y les dé por declarar la guerra al primer fuerte que se les cruce.

 

 

-Malos entendidos-

de Josefina Pilotti

 

    Había una vez dos amigos: uno se llamaba Zanahoria y otro Rabanito. Zanahoria vivía con su esposa Teresa, su hija Flor y su hijo Manuel.

    Su casa era de color celeste y tenía un gran patio con flores de muchos colores.

    Un día Zanahoria fue al mercado a comprar papas y se encontró con Rabanito, le preguntó qué hacía por allí.

    Rabanito: -Vengo a comprar tomates.

    Zanahoria: -¿Qué? ¿me invitás a tomar unos mates? Nos vemos hoy a la tarde en tu casa, entonces.

    Fue rápido a comprar papas y salió corriendo a su casa.

    Cuando llegó le dijo a su esposa:

    Zanahoria: -Teresa, rabanito nos invitó a tomar unos mates.

    Teresa: -¿Qué? ¡A tu amigo le pegaron con un bate!

    Teresa fue a contarle a su hija:

    Teresa: -¡Flor, Flor! Al amigo de papá le pegaron con un bate.

    Flor: -¿Qué? ¿Papá se compró un yate?

    Ella fue a contarle a su hermano.

    Flor: -Manuel, papá se compró un yate.

    Manuel: -¡Que vienen papas de chocolate!

    Así entre tomates, mates, bates, yates y papas de chocolate, se termina esta historia de enredos y disparates.

 

 

 -La salchicha maligna-

de Patricio Wnuk

    Un día lluvioso y aburrido un niño llamado Amareti Cabrone salió de la escuela. Como no tenía ningún plan para esa tarde decidió invitar a su amigo Chichito De la Kasa a jugar. Antes que llegaran a su casa pensaron que comer panchos sería un buen programa antes de jugar. Juntos caminaron hasta llegar al bar más cercano llamado Salchilandia.

    Allí pidieron su menú preferido, un hot-dog con salchicha extra grande y salsa picante para compartir. Mientras esperaban su merienda charlaron tranquilamente sobre juegos y deportes favoritos.

    Había pasado un largo rato cuando el mesero sirvió el plato, se veía delicioso y ellos estaban hambrientos. Ansiosos se abalanzaron sobre él, pero antes que pudieran disfrutar de la gigante salchicha, ésta abrió una gran boca de cada lado y mordió las narices de Amareti y Chichito. Sorprendidos los niños gritaron por lo que había sucedido.

    De un salto la salchicha escapó del pancho y corrió por la calle asustando a otros niños. Los amigos salieron del bar y corrieron en vano para alcanzarla.

    La gente en las calles gritaba y corría pidiendo ayuda.

    Entonces policías, bomberos y ambulancias persiguieron a la salchicha durante horas sin poder atraparla.

    Cansada de tanto correr, la salchicha maligna descansó escondida en un callejón. Pero tuvo tanta mala suerte que pasó un perro salchicha y se la comió. Y el cuento del pancho se terminó.

 

 

 -Mi tío loco-

de Santiago Riccobelli

 

    Un día de invierno, me mandó una carta mi tío.

    La carta decía que me venía a visitar a principios de la primavera, me di vuelta y miré aterrorizado el almanaque, ¡faltaban dos semanas!

    Yo no quería que viniera porque él está muy loco y me haría pasar vergüenza fente a todos mis amigos.

    Me inventé muchos versos para que él no viniera, como que había una guerra, pero él se creía que era una guerra de tortas, entonces no le importó.

    Después le dije que llovían gatos-araña, que cuando caían arriba de alguien, se enganchaban con las uñas en la cabeza de la víctima y le enredaban con su telaraña.

    Él insistió en que como era un hecho tan gracioso lo filmaría con el celular. Hasta que me cansé y le dije que en París había un nuevo circo que tenía los trucos más graciosos entonces se pegó la vuelta y partió a París.

    Ahora no sé que voy a inventar para cuando venga el año que viene.

 

01/05/2009 17:31 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Narrativa: Lucila Tolari Guimarey

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La muerte de Julia (cuento)

 

Julia caminaba lentamente hacia su muerte por la interminable escalera, buscando el elemento esencial para la construcción humana más importante: el ser.

Ya grande, enorme, gigante, alta pero no esbelta, inmensamente alta corría por los pasillos del albergue Altamar, en Vigo, la ciudad del olivo, y donde también el verde paradisíaco se reflejaba en los ojos tibios de Julia cuando tomaba esos deliciosos helados en la Praia do Bao.

Julia hundía sus pies intensamente en el tiempo.

Julia fallecía cuando su mirada se clavaba en unos ojos griegos, que vaciaban su alma y la transportaban hacia la línea deshecha del abismo, producido por la maldita desesperanza de estar o no estar, de reír o llorar, de correr o…

Sus pies se remontaban por encima de las ostras, vieiras, almejas y demás bichos desconocidos por los amantes del aire. Distraída comenzaba a soñar la alternativa de correr más rápido que la reacción de una gaviota al desplegar sus alas cuando es atacada. Sin embargo, ¿cómo lo lograría? Si su cabello se mezclaba con  la paja, su boca estaba agrietada por el desequilibrado sol, su nariz había perdido sus pétalos, sus manos ásperas sostenían  aire, y los ojos, sus ojos, los que alguna vez fueron amarillos, se tornaban azules, azul petróleo, azul marino, ¿azul cielo?¿azul alma?¿azul cobija?¿azul dulce de leche?

Julia se estremecía cuando las montañas le resguardaban la espalda mientras la empujaban a su propia seguridad de gritar, mirando al fantasmal cielo y a una tortura infernal: el inquieto mar oculto en las nubes, “sólo quiero ser feliz”. Mas, pasados unos ratos de falsedad se reincorporaba y emergía de la pantalla protectora que montaba su cambiante madurez  y exquisita elección de tomar el conocido tren hacia su nada.

Julia se perdía en los eucaliptos al mismo tiempo que se comía el aire isleño y hacía crujir a los esqueletos  por siempre vivos de preciosos, fuertes y a la vez indefensos animales y plantas con edades de sabiduría indeterminables.

Julia se tocaba el pelo sorprendida por la espuma catártica que desprendía la unión de tres fuerzas inseparables y aisladas. Burbujeantes pedazos de espíritus vagando ruidosamente y peinando a las rocas, que nada podían hacer para obtener su alivio.

Julia se desesperaba cuando sus pies se enterraban cada vez en el centro de su cuerpo deforme, arenoso, casi desaparecido. Entonces de sus adentros algo se lo prohibía y recogía bichotes libres de la playa.

Julia se mostraba tranquila, indiferente, había aprendido las suficientes habilidades para crear la barrera perfecta que expulsaba a todas las bacterias y virus existentes en este Sistema Solar. Pero claro, se estaba muriendo por dentro, porque algo la perturbaba: una mano le estrujaba el alma, le originaba un escalofrío que se desprendía desde la espalda hacia arriba y también hacia abajo. El segundo llegaba hasta sus pies y la hacían temblar. El otro se dirigía hacia el cuello y la nuca. Aunque el más doloroso le trituraba los pulmones, obviamente no la dejaba respirar. Al mismo tiempo que perdía la voz, las compuertas eran activadas y el mar oculto fluía  transparente recorriendo su piel ruída por la felicidad. Ella sentía que bailadoras de Flamenco zapateaban en su tejido inteligente.

Julia se unía antropomorfológicamente a las piedras. Buscaba su proveniencia, su estado natural, la pequeña paz que necesitaba para empezar a pisar verdaderamente, insinuando a su planta a ocupar toda la huella y aferrándose a la tierra pura para hallar su conexión, su anti-soledad, su continuación descontrolante con el pasado y la ruptura con el futuro.

Julia necesitaba una mano, un apoyo, una sonrisa, una buena noticia, un abrazo, un beso. Su problema era que lo tenía por momentos. Es más, a veces llegaba a ser todo tan perfecto que no podía parar de reír. Pero otras veces lo único que repetía era: “¡Qué salga el sol! No te apresures porque también tenía una fortaleza interior a la cuál la lluvia ni el viento intentaban derrumbar, aunque todavía no habían terminado de enseñarle la canalización de la mierda.

Julia se cansaba de buscar y no encontrar. Hasta que un día lo consiguió, divisó cerca, tan cerca su mano, su apoyo, su buena noticia, su mirada penetrante, que la llevó a alcanzar su debilidad. Esto le provocó la prueba más misteriosa de este mundo.

Julia sólo quería ser feliz.

 

Lucila Tolari Guimarey

*Este cuento fue premiado en el certamen “Pomba” 2001, que organiza la Xunta de Galicia. Lucila Tolari Guimarey lo escribió tras una experiencia de actividades de campamento que se les ofrece a los jóvenes descendientes de gallegos. La autora forma parte del Cuerpo de Danzas del Centro Gallego de Rosario, y da clases de baile tradicional, allí mismo, a niños que recién comienzan.

 

 

07/05/2009 02:47 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.


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