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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

Primavera - Raúl Astorga

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-Faltan unos días para la primavera-

 

    Cuando uno se encuentra con gente en cuanto se aproxima septiembre (sí, así con “p”; tal vez me quedó por el tema de Neil Diamond “September morning”), aparece una enorme enumeración de referencias artísticas. Desde obras pictóricas de maestros universales hasta alguna escultura olvidada por el arte moderno, pasando por la Esther Primavera de Roberto Arlt, la primavera de Vivaldi, o el “Prohibido suicidarse en primavera”, de Casona.

    Sin embargo, uno no puede evitar remitirse a las propias vivencias, aquellas que quienes pertenecemos al hemisferio sur, relacionamos inmediatamente con la cercanía del fin de año. Porque, al menos en lo que a mí concierne, desde épocas de escuela primaria, he asociado la llegada de la primavera con el comienzo del fin, con las últimas notas, con la elección de las remeras que iba a usar una vez guardados para siempre los pulóveres y camperones. Ya instalado en la secundaria, la llegada de septiembre estaba asociada con la eterna lucha contra el peligro de examen en algunas materias (muchas para el gusto promedio). No obstante, la primavera metía presión para resolver problemas rápidamente y despejar el camino hacia un verano con tiempo para leer literatura y recorrer la ciudad en bicicleta. Un párrafo aparte merecería la asistencia a los pic-nics, en la Ciudad Deportiva de Central o en el Monumento a la Bandera, con jóvenes por doquier, música, mates y una idea latente de que la vida puede vivirse de verdad.

    Quienes nos hemos criado lejos de vetustos edificios y amargos paredones sin color, sabemos que un barrio populoso te deja ver la llegada de la primavera (cuando era primavera, diría alguien con vocación de abuelo) en todo su esplendor. La invasión de mariposas en toda su variedad, el rebrotar de los árboles y el technicolor (para quienes adoramos el cine) en los jardines vecinos, y propios por qué no, el sol puro de todos los días, nos enjugaba el rostro de vida y la irreparable noción de esperanza, de vida que puede durar para siempre.

    Si hay una palabra que debiera ligar a primavera es ésa: esperanza. Por todo eso, dale, che, Primavera, entrá. Sos como esas minas que tienen, para siempre, las puertas de nuestro corazón abiertas.

 

Raúl Astorga

 

01/09/2009 04:34 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

deliteraturayalgomas

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     DE ORIENTE UNA NOCHE

Y soñé

que soñaba

un cuento

de las mil

y una noches.

Y tú eras

Scheherazada

y yo un humilde

esclavo,

fascinado

de luna y canto

en una mágica noche

mágica.

      ORESTE ABIATTE

          °°°°°°°

   He comenzado este mes con un poema de Oreste Abiatte como pequeño homenaje, in memorian, a quien fue un gran escritor, noble persona y entrañable amigo.

   También tuve la satisfacción de publicar, en setiembre, a los siguientes autores:  Acosta Delfina, Astorga Raúl, Borgogno Alicia, Duzevich Anahí, Fasolís Rosita, Galliano Gustavo, Machado Antonio, Migliarini Miguel A., Muñoz Lilí, Revagliatti Rolando, Salguero María A., Taboro Stella Maris.

   En frases famosas: Pablo Neruda, Matsuo Basso, Yosa Buzon, Khalil Gibrán.

   Mi agradecimiento a todos, asimismo a Blogia por el alojamiento y a los lectores por el apoyo.

   Felicidades

                          BETTY BADAUI

Colaboradores: Raúl Astorga, Liliana Chávez, Delfina Acosta, Elsa Florit.

         °°°°°°°

Recibimos  poemas, relatos y artículos breves, escritos en letra Arial u otra semejante, tamaño 12, en la siguiente dirección:

bettybadaui@yahoo.com.ar

 

         °°°°°°°

LA PROPUESTA DEL MES:     POR AMOR A LOS NIÑOS NO CONTAMINAR EL AIRE.-

 

01/09/2009 02:55 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Breves

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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.-

   PABLO NERUDA

 

¡Débiles son mis piernas!

pero está en flor el monte Yoshiro.-

   MATSUO BASOO

 

La puesta del sol en primavera camina sobre la cola del faisán dorado.-

   YOSA BUZÓN

 

En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.-

   KHALIL GIBRÁN

 

¿Por qué los árboles esconden el esplendor de sus raíces?

   PABLO NERUDA

 

01/09/2009 03:05 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

La mujer en la poesía

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                                  AMANECERES DE ALAS DISTENDIDAS

                                         Se frustraron partidas,

se malgastaron instantes…

En el cuenco de mis manos,

heridas desnudas

delatan naufragios.

Me habitan relámpagos

en giros desbordados,

                                          apelmazo crepúsculos,

engendro amaneceres

de alas distendidas…

y en esa convalecencia

fijo anclas,

transmuto las cenizas

de fuegos emigrados

a umbrales

donde la razón

señala su cordura.

ALICIA  BORGOGNO

 

ÉSTA ES LA CALLE...

Ésta es la calle donde las escobas

tejen los chismes

con los hilos y las palabras que se desprendieron

sobre los dinteles tuertos.

Ésta es la calle de la guerra de las escobas

contra las hojas secas,

de los vecinos enjaulados,

de los sueños entre rejas,

de los que miran para otro lado para no ver

tanto cartonero desharrapado

jugando a las canicas

con los copos de paina seca de los palos borrachos

y de los borrachos que fueron.

Ésta es la calle de las rayuelas ausentes

y las puertas siempre cerradas;

esta es la calle que alguna vez fue de los enamorados

y de los viejitos soñolientos

y ahora es de las escobas cansadas

de tanta hoja y de tanto viento enmascarado de humo

porque los poetas ya no se paran

a ver cómo llueven desde los árboles

lánguidos destellos amarillentos.

Pero volveremos.

   ROSITA FASOLÍS

,

 

 

                                                   Y EL ESPEJO MUDO

                                    “No perturba el estar sino la ausencia.”

JULIA P. FARNY

 

Cuando me gane el tiempo,

dejaré, lo sé,

un silencio encendido,

un calendario marcado con cruces,

redondeles y flechitas,

muchas fotografías,

mi perfume en algunas prendas

 

 

y el espejo

mudo.

 

Mi recuerdo será

un llanto inmerso en la alegría.

El movimiento en alguna melodía

será una  sombra agónica

que parecerá que aparece.

 

Cuando me gane el tiempo, dejaré, lo sé,

todo aquello que amo

y él , en su carrera loca

se llevará mi voz, mi carne

y me ganará el olvido.

ANAHÍ DUZEVICH BEZOZ

 

 

 

 

01/09/2009 03:17 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 8 comentarios.

El hombre en la poesía

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   LA PRIMAVERA BESABA

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

 

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

 

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

-recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

 

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida

quién te volviera a soñar!

   ANTONIO MACHADO

 

 

Las patas

 

 Las patas en el aire

despotrican

contra las patas

enterradas

 

Histéricas en el aire

y obsesivas enterradas

me convidan con pancito

al dirimir con ellas

sus recelos

en mi consultorio.

 ROLANDO REVAGLIATTi

 

 

 

 

 

01/09/2009 03:26 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Miguel A. Migliarini y María A. Salguero

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   SUEÑOS Y RESONANCIAS

 

El río es ancho

en las moradas

del llano donde vivo...

 

Los senderos

que recorro entre árboles,

son secretos y colores

de aguas profundas...

 

¡Me asomo al sueño

de pensar y sentir...!

 

Que no se haga silencio

porque amo...!

 

¡Que nadie se extrañe

que estoy soñando...!

 

¡Grito a viva voz mis libertades...!

escribo con los vientos

sobre un lecho de hierbas

y pienso...

 

Solo pienso

que el tiempo sin cansancio...

 

Se va con la lluvia...

 

MARÍA ANGÉLICA SALGUERO

                y

MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

San Nicolás, 26 de marzo de 2009

 

01/09/2009 03:34 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Gustavo Marcelo Galliano

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                                 DE CUMBRES Y GOCES

Por Gustavo Marcelo Galliano 

 

 

 

Irrumpo en la cima

turgente de tus pechos,

y me deslizo

bañándote de luna.

                                    Por la planicie marfil,

donde tu vientre,

desemboca  afiebrado

en plena tundra.

Y a paso de machete,

embisto enceguecido,

contra la húmeda oscuridad

del Gran Deseo.

Y en el vórtice  fugaz

de lava y fuego,

inundo de semillas tu caverna,

con vértigo ciclópeo, jadeos.-

 

GUSTAVO MARCELO GALLIANO

[1]  Poema seleccionado finalista, integrando la III Edición Especial sobre Erotismo, de Revista Literaria “Groenlandia: Tierras Verdes”, edición Marzo de 2009. Córdoba, ESPAÑA.

 

 

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01/09/2009 03:44 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Delfina Acosta

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OJALÁ QUE LLUEVA
DELFINA ACOSTA
Aquella mañana, mientras iba a comprar alpistes para los canarios de la despensa de don Francisco, me encontré con Luisa; ella también se dirigía al mismo destino, de modo que nos largamos a conversar. Luisa  nunca tuvo imaginación para hablar sobre cosa distinta, filosa y resbalosa. Todo en su decir, que no salía corrido de su boca, pues su dentadura postiza le movía las palabras, daba vueltas en  torno al clima.
¿Y qué se puede decir de lo que está raso, vale decir  del cielo, sino lo mismo, o sea que el día está hermoso, con lo cual ya queda todo concluido? Pero ella se afanaba en darle estiramiento a la conversación y me preguntaba si hacia mi casa habían caído algunas gotas.
Cierto es que también preguntaba  cómo se encontraban mis flores con lilium, mis hojas de esterlicia, y mis gerberas, y, para incomodidad mía, insistía en que me fuera hasta su depósito  pues allí me daría abono y mantillos con un racimo enorme de lombrices.
- Tus flores levantarán cabeza; mis gusanos son de primera materia y condición - me decía.
Yo le respondía que mañana iría. La costumbre de prometer sin cumplir se fue  convirtiendo en el pueblo en  una cortesía que era de estilo, de manera o de modo meter en la conversación.
Al llegar al almacén, me atendió la esposa de don Francisco. Ella también era mujer de hablar sobre el conjunto atmosférico; le gustaba  llevar la contraria a lo que era de conocimiento público en el pueblo. O sea que si soplaba  un viento malo sobre los techos de las casas y un rayo caía sobre un árbol de eucaliptus,  decía que tan buen  tiempo no había habido  nunca; largando  un  suspiro  de satisfacción desaparecía  por la puerta trasera del almacén y dejaba contrariados  a quienes   la escuchaban, que era  gente  de tomar muy a pecho el clima.

Me miró fijamente don Francisco cuando le pedí un quilo de alpistes.
- ¿No siente frío, señora Mercedes? Mire que está girando el viento. Estos cambios de tiempo nos echan a descomponer los bronquios. Y usted, sin pañuelo,  sin abrigo...
- No se preocupe - le dije, y ya no hablé más.
Salí a la calle. Vi a la señora Manuela echar la llave a la cerradura de  su puerta y echarse a andar por la vereda.
Se acercó sonriendo a mí.
En el pueblo resultaba común llevar conversación. En otras palabras, era la conversación misma, apurada o lenta,  la que nos hacía llegar  temprano o tarde a  nuestras casas.
La señora Manuela me contó que su cabra  se había pasado el día anterior mirando fijamente hacia el  galpón  de la municipalidad; allí  se solía desollar al ganado vacuno e iban las  cuñadas de la gente pobre a recoger las vísceras  y otros estropicios en canastos. Daba por seguro que iría a llover.
Le tenía sin cuidado lo plano, liso   y estable que estaba el cielo.
A mí me iba cansando  aquella fe que le tenía a su cabra.
 
Me descomponía que no me escuchara cuando  le contaba lo armonioso que cantaban mis jilgueros mientras   caía la tardecita, y dos, tres  plumones - casi transparentes - giraban en el aire durante  un largo rato, para después depositarse  sobre la baldosa  del comedor.
Al llegar a casa,  me senté, impaciente, en la silla, como si quisiera apurar al viento a quebrarse en dos para dar paso a la tormenta anunciada por la cabra.
Pero no llovió.

Sí vino corriendo hasta mí, la hija menor del afilador de cuchillos mangorreros para  contarme que ya estaban echando lenguas su madre y dos vecinas sobre el tiempo. No se ponían de acuerdo. Juliana y Margarita daban por hecho que el cielo pasaría a la llanura, pero su madre, que le tenía confianza a sus huesos, comentaba  que éstos estaban como traspasados por enormes alfileres y  la lluvia caería en cualquier momento.
- En seguida se nos baja el cielo; vine a avisarle nomás - me dijo.
En fin, la cosa es que no llovió.  Habiendo tanta casa  que se venía abajo por obra de las hormigas, cientos de  ratas que contagiaban la rabia a los perros callejeros, y el viejo vehículo azul que partía del puerto una sola vez al día con un retraso de dos horas, la gente se ponía a hablar, a profetizar sobre el conjunto de las condiciones climatológicas. Que sí, que la humedad estaba gorda. Que no, que el viento no giraba hacia el norte sino hacia el sur. Y mientras tanto el pillaje. Los muchachos de otros pueblos subidos a los árboles de duraznos y llevando  delante de nuestras propias narices cajones tras cajones de nuestras mejores  frutas para cambiarlas  por bebidas alcohólicas en el mercado central.

La radio local echaba a funcionar desde las ocho de la mañana. Pasaba al aire  “El servicio del clima mundial”. No había posibilidad de escuchar alguna vidalita, el parlamento de un radio-teatro, cualquier noticia que destapara  un escándalo político.
Prendía  la radio y salía al éter la voz neutra de un hombre. Y él contaba que la marea en la costa de muchos  puertos  estaba alta por  efecto de la luna, y que los vientos  propiciaban el retorno de las   aves marinas comedoras de los calamares de los océanos, y que al sol, por simple observación a través de anteojos obscuros, se le podían ver las escaras  producidas por el desgaste ambiental.
  Era una locura escuchar la radio.
Y sin embargo, la gente del pueblo, seguía la audición. Y se preguntaba qué iría a pasar si el sol seguía en su descompostura.
El locutor profetizaba: ¿Se extinguirían  las algas? Acaso las plantas del fondo del mar que poseían propiedades antimicrobianas y antifúngidas hallarían, aún dentro de la discordia del mundo marino, voluntad para sobrevivir.
 Y la chusma calculaba que en el caso de que las escaras avanzaran y el sol ya no siguiera echando luz pareja sobre el pueblo, deberían arreglárselas  con  las velas, las alcuzas y las lámparas a gas.
Un día dije basta. Dejé el pueblo para siempre.
Me vine  a la casa de rigor, en plena ciudad.
Este es un sitio enorme, rodeado de árboles. Las paredes del comedor están adornadas con cuadros que reflejan la madurez de las más diversas floras y faunas.
Una mujer, en la sala, toca un  piano de tres pedales. No habla, si bien no es muda. David, vestido siempre de arlequín, parece estar muy enamorado de ella.
Ayer, al caer la tarde, Blanca, mi compañera de habitación, me contó que un duque aficionado a la colección de estampillas le envía rosas rojas todos los viernes.
Me hizo gracia su confesión.
Ya me advirtió el arlequín que me guardara de hacerle   caso pues desde su llegada a  la casa de rigor no hablaba sino de lo mismo.
Por eso, esta mañana, cuando dos enfermeras le aplicaron una inyección de hipnótico y la dejaron encerrada en otra habitación, suspiré aliviada.

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Noticias enviadas por Delfina Acosta

 

Te recomendaron una nota publicada en ABC Digital

   “BUENA LECTURA”

Palabras para los niños

Del niño, de aquel pequeño de ojos grandes que mira el cielo y mucho parpadea al ver caer una estrella, son los santos derechos que pueblan la Tierra. Primero ellos, los de las manitos que tocan, que ensucian, que arrastran el hermoso jarrón; primero ellos, que nos cuentan mentirillas, y se ríen felices de nuestro gesto de asombro cuando nos dicen que somos feas; suelen escapar de nuestro falso enojo por un corredor donde el perfume del viento golpea sus jacintos contra las baldosas blancas y negras.
Para leer el texto completo de la nota hacé click en el siguiente link:
http://www.abc.com.py/abc/nota/14393-Palabras-para-los-niños/

 

“BUENA LECTURA”

LUIS  FRAYLE  DELGADO

Erasmo, el lamento de la paz

Luis Frayle Delgado ha publicado un libro que versa sobre los pensamientos de Erasmo de Rotterdam. Si bien Erasmo se parece mucho a los sabios de su tiempo, y se encuadra dentro de los humanistas del Renacimiento europeo, aquel modo suyo de ser, de observar la sociedad, y de analizar el comportamiento humano en el plano espiritual, lo sitúan como un hombre sui géneris, único e irreemplazable.



Para leer el texto completo de la nota hacé click en el siguiente link:
http://www.abc.com.py/abc/nota/11676-Erasmo,-el-lamento-de-la-paz/

Este mail fue enviado desde el WEBMAIL de ABC Color

 

 

 

 

01/09/2009 03:51 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Lilí Muñoz

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Intemperie

 

  

Con vos estoy amor

a salvo en la intemperie

con tu olor agonizo

laten con vos

las partes  rotas de mi cuerpo

las entrañas del alma

el peso de mi muerte

 

 ¿de qué color es la memoria de tus ojos?

allí quiero quedarme

 

 frutal mi sangre pare entre los dedos

ancestrales requiebros  en la tierra

cierran heridas

la eterna herida cierra

 

 la de blanco, la que no sueña,

la chingada

se agota por los bordes de la risa

y entre  jugos

también ella se rinde a los engaños

por la sal de tus máscaras

vibra

 

 

 

 

  Otoño en el Limay

La ráfaga

la fuga

la inmediatez

tu sombra

la palabra en la entraña

álamos a contraluz en polvareda

siluetas de horizontes

en hojarasca  peinan

la tierra en  plenilunio

 

 

 los colores encienden las murgas del otoño

el destino del  ocre

enmascara  la tarde

el viento  desafina  amor

el tiempo de las pascuas

efímera es la escena

y el dibujo  frugal del maquillaje

 

bajo la luna estás

no hay  agenda

ni  olvido

madrugarán  acequias  con vos en la mañana

abril  juega a la red entre sol y deseo

y en pedregal se muere

de sed

nuestra distancia.

LILÍ  MUÑOZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

01/09/2009 04:02 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Bienvenida, Stella Maris Taboro

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LA MUJER DEL ROJO CLAVEL

 

 

Llueve. Rejas transparentes encerrando el paisaje. La plaza del barrio se llenó de charcos. Saltan los niños entre ellos. La dama del rojo clavel sale, como escapando de la casa de Juan, ya no extraña ni la pared única de yeso, ni la luz de la ventana que muchas veces desde el este la iluminó.

No siente la lluvia, camina como una estela, casi etérea y sin perfume, con su atuendo aún no terminado. La mirada fija y distante en ese mundo que no se parecía al que ella conoce. Demasiados ruidos parecían golpear a su rostro, de sonrisa suave, casi congelada.

Salió para buscarlo, a él a su Juan Azairón. Ya no resistía su ausencia, él ya no la pincelaba con amor, con los colores nacidos de un arte que olía a pasión.

A su rojo clavel prendido en su sien le faltaban algunos pétalos y él tenía la culpa, pero lo había perdonado.

Le pareció vivir una injusticia eterna el no encontrarlo y hasta sentía el frío de los arroyos en sus espaldas. Ella no habría existido así, esplendorosa si no fuese por él, no habría alcanzado sus formas armoniosas si no fuese por Juan .

!Ah, Juan , cómo lo extrañaba! ¿Adónde estaba? Tenía que encontrarlo, por eso salió a buscarlo, por todos los puntos cardinales, por toda la ciudad, por las avenidas arboladas, por las sendas peatonales extraviadas de letreros y música. Ya no sabía qué estrategia usar para encontrarlo. No quería perderlo. No se animaba a preguntar por él.

Sola, así sola, casi inmutable lo buscaría hasta el cansancio, hasta el lugar más recóndito y estaba muy decidida, iría hasta donde duermen los cuerpos sin vida.

Corrían las horas, ya no llovía y no quiso volver a la casa, sin haber encontrado a su Juan. Empezó a caminar por un camino bordado con pinos y llegó hasta la entrada del lar de paz, recorrió con su mirada a todas las tumbas. Había una que tenía flores muy frescas, y al lado una placa con el nombre de él, su Juan, su hombre.

Juan Azairon, 28 años,f alleció el 23 de marzo”. Otra placa rezaba.

A Juan , sus amigos del Arte”.

La dama del rojo clavel, no pudo llorar, dolida se retiró ansiando llegar a la casa de Juan.

Otra vez a esa pared de yeso, en ese lienzo donde él la había creado, frente a un enorme atril, junto a los pinceles y las pinturas que no pudieron terminar sus atuendos , ni algunos pétalos del rojo clavel...

           STELLA  MARIS  TABORO

             San Jorge – Santa Fe

                     Argentina

 

 

 

 

01/09/2009 04:14 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.


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