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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2013.

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 Los desocupados-1934-óleo de Antonio Berni;  rosarino que nació el 14 de mayo de 1905 y falleció en Buenos Aires el 13 de octubre de 1981.

Una frase que muestra su pasión por el arte: “El arte es una respuesta a la vida. Ser artista es emprender una  manera riesgosa de vivir, es adoptar una de las mayores formas de libertad, es no hacer concesiones. En cuanto a la pintura es una forma de amar, de transmitir los años en arte”.-

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      DE LITERATURA Y ALGO MÁS

 

   A pedido de un lector he colocado esa foto, si bien no puede admirarse en ella la genialidad del cuadro es grato tenerla en este sitio, espero que les agrade, el tema tan profundo está captado con la misma hondura en belleza.

   Así también espero que les complazca el material seleccionado.

   Gracias por participar desde el lugar que haya sido.

       

                       Betty Badaui

Colaboradores:        Raúl Astorga

                       Lily Chávez

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Contacto:   betty.badaui@gmail.com

 

01/08/2013 19:21 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Breves

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Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación.

Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida.-

     JUAN PABLO II

 

Escribo de la realidad y los sueños son una parte de la realidad.-

     WILSLAWA SZYMBORSKA

 

Una cosa podría estar bien en este momento y podría ser un error al momento próximo. No intentes ser consistente; de otra forma, estarás muerto.  Intenta estar vivo con todas sus inconsistencias.-

     OSHO

 

No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo.-

     DULCE MARÍA LOYNAZ

 

Lo blando es más fuerte que lo duro, el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.-

     HERMAN HESSE

01/08/2013 19:24 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Miguel Ángel Migliarini

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         NOSTALGIA PIANÍSTICA

 

   En el campo de la música, hago un viaje retrospectivo y me parece cada vez más habitar el mundo de la nostalgia, pese a que a diario sigo escuchando muchas grabaciones y que poco a poco he ido acrecentando el conocimiento sobre los grandes compositores y escuelas musicales, como al mismo tiempo del mundo de los intérpretes.

   La nostalgia se remonta a los años de mi adolescencia y juventud, cuando mis prácticas pianísticas se traducían a ocho horas diarias.

   Y sobre todo, cuando esas horas cobraron particular desahogo, debido a una cruel enfermedad que frustró mis estudios de medicina apenas iniciados, en la Facultad de Rosario de la Universidad Nacional del Litoral (1953).

   Mis batallas por la existencia han sido lentas y tenaces, pero nunca solapadas. Tal vez en el campo de la música me autopostergué, pero creo que se debió a la instancia límite del altruismo sin barreras, de lo cual no me arrepiento. Lo cierto es, que desde Juan Sebastián Bach, pasando por la gestualidad barroca, por el romanticismo, por el verismo, hasta la actualidad, en música siempre encuentro elementos constitutivos de su lenguaje que en sus distintas etapas y escuelas, disfruto sin cansancio. Preludios y fugas, motetes, cantatas, composiciones corales, sinfonías, nocturnos, oratorios, conciertos, baladas, improntus, óperas, zarzuelas, etc. etc., me tienden un puente entre la música y DIOS...

   Reconozco que la música ha ejercido benéfica influencia sobre mi espíritu llenándome los ojos de lágrimas, y con la emoción transformándose en inimaginable.

   Pese a que psicofísicamente estoy sujeto a contingencias de difícil manejo, GRACIAS A DIOS, sigo disfrutando de la música que me acerca a ÉL, y me transporta más allá del dolor, vibrando mi alma a flor de piel...

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Fuente: FRAGUA DE LARGO ALIENTO (Recuerdos y reflexiones de mi vida)

Autor: MIGUEL ÁNGEL MIGLIARINI

yaguarón - ediciones   (Colección Bicentenario)

Marzo 2011, San Nicolás de los Arroyos, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

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Nota de la Redacción: El relato presentado lo hallarán en la página 7, del mencionado libro, que contiene 26 relatos.-

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Regreso desde la lectura con el silencio como cómplice.

“Fragua de largo aliento” con reflexiones del escritor Miguel Ángel Migliarini, lleva en sí evocaciones como temblores de vida; distintas épocas y recuerdos donde la música impregna, desde la palabra, nuestro interior.

“En vivencias filosóficas” se percibe las lecturas de “Vida de los filósofos más ilustres” con citas y a la vez las propias conclusiones del autor, un recorrido corto y hondo donde nos deja la posibilidad de entrar en la lectura con nuestras opiniones.

Vida, música, dolor, consuelo, interrogantes y el idioma con sus requisitos para hallar mejores expresiones…

Este libro logró que como lectora me identifique en algunos tramos, disienta en otros y me emocione al final que late por la fe en Dios y el logro del ser que acepta la vida con sus designios modificando la ruta para lograr:

“Abrir atónito los ojos

ante cielo y luz,

caminar por las aguas,

recoger el horizonte,

enmudecer en éxtasis

y respirar hondo

llenándonos de Dios…”

Libro templado en la vivencias y en la fe que robustece al autor, simplemente, al hombre.

Ojalá muchos lo tengan en las manos y lo disfruten como lo disfruté yo.-

        BETTY BADAUI

01/08/2013 19:27 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Poema: Víctor Hugo Tissera

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    EL AMOR, NO ES POCA COSA

 

        En las entrañas del ocaso

los violines ejecutan la danza del milagro.

   Una flor, nacida del destiempo

          suelta la lágrima,

   y cae en el ardor de una herida.

         Eternidades de soles

          tejen equinoccios

       en la urdimbre de la noche.

       En ese arrullo de sinfonías

    late la vida su costal sagrado,

          en esta existencia,

          demencial y breve.

      Así la noche se va pariendo

  con galanteo de siembra frutecida,

 y la mañana despierta en llamaradas

con sueños tatuados entre las sombras.

  La vida cobra esplendor de aurora,

        y vuelve todo a renacer.

          El hombre entonces

     puede encontrase con la cordura

  y comenzar de nuevo desde su piel intacta,

porque sabrá que llega el instante de la muerte

    y si apostó al amor, no ha sido poca cosa.

 

   VÍCTOR HUGO TISSERA

 

Fuente: DETRÁS DE LA MIRADA  -  Poemas

Editorial DUNKEN  - 

Ilustración de tapa: Rosa Lía Cuello

Foto: Dr. Norberto García

Publicación, año 2005

Fallecimiento, año 2009

 

 

 

 

01/08/2013 19:32 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 7 comentarios.

Narrativa: Gonzalo Salesky

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ROSAS ROJAS

 

 

En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que le aplicaban en el rostro.

Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz –que por su ropa parecía ser el taxista– le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.

Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.

Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.

 

 

Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho.

Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes...

Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.

Entramos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada.

Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.

Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

Habló como si estuviera leyendo mi mente.

No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.

Se desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.

Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.

En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba.

Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

 

 

Ya en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.

Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.

Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.

Pero no iba a poder hacerlo.

 

 

Unos minutos más tarde estaba camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.

Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.

Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.

Les agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.

 

 

Después de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas.

Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.

 

 

Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.

Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.

Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.

Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.

Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.

Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que aceptara.

Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…

Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo.

Nos refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.

Caí sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.

 

 

Gonzalo Salesky

 

01/08/2013 19:35 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Para niños: Raúl Astorga y María del Mar Pérez López

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Cuento: NO HAY FIN DEL MUNDO (Diciembre de 2012)
Por Raúl Astorga. Rosario, Provincia de Santa Fé, Argentina
Ilustración de María del Mar Pérez López (Didi), Guadalajara, España



Analí, Dadita y Raly eran tres primos que se habían preparado mucho para el fin del mundo. A tal punto se habían preparado que hacía como un mes no dejaban de hacer cálculos y de buscar herramientas y bolsos y alimentos para sobrevivir a la catástrofe.

El 20 de diciembre, penúltimo día del calendario maya, ya tenían todo listo para el viaje. Habían lavado sus bicicletas, habían cargado sus pertenencias más entrañables: sus libros, sus juguetes diarios, sus ropas preferidas y sus chocolates y galletitas que podrían extrañar.

Con todo el cargamento a cuestas, el 21, antes de que salga el sol, fueron hasta la montañita que estaba en el parque del pueblo. Desde allí partirían hacia la salvación. La idea era hacer un conjuro con todas sus fuerzas para lograr que sus bicis volaran hacia la Luna. La frase principal del conjuro era: E.T., E.T., ayúdanos a volar de una vez.

Empezaron a practicar la frase, a decirla a coro y con todas las fuerzas del corazón, sin darse cuenta de que los tres ya estaban volando hacia el espacio sideral. Con algo de temor, mientras miraban hacia atrás, y veían que la esfera donde habían vivido toda su vida se alejaba cada vez más, se hablaban de bici a bici, sin escucharse, hasta que Raly alunizó dando tumbos similares a los que daba cuando atajaba en el equipo de la escuela.

Los tres ya habían alunizado cuando se dieron cuenta de que como no había demasiada gravedad, comenzaron a flotar las galletitas y los chocolates, y los libros y los bolsos y mientras se preocupaban por atraparlos, el día 21 fue pasando: la tierra ya había dado una vuelta sobre sí misma desde que ellos se habían ido de allí.

El día 22, desde la estación central de la NASA, verificando que todo estaba normal en el espacio visible desde la tierra, con un telescopio muy potente, los científicos se asombraron al descubrir que tres niños, bah, dos niñas y un niño, hacían señas con los brazos en alto, como diciendo: hey, ¿no nos ven? ¿Pueden venir a buscarnos? ¡¡Queremos volver a casa!!

El director de la NASA dio la orden: Bueno, gente, ya que no hay fin del mundo, preparen el transbordador SIGLO XXI, hay que ir a rescatar a esos chicos.


 

01/08/2013 19:38 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Bienvenida: Beatriz Elías

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-Cuando escribir abre caminos-

 

Algo que me encanta vivir es el momento en que una persona se acerca al taller y comenta que nunca o, en todo caso, muy pocas veces narró una historia escrita. Detrás de esa confesión se esconde el secreto que necesita esa magia que es capaz de unir algunos elementos que permite avanzar dentro de una aventura que, por suerte, nunca se sabe dónde va a terminar ni cómo va a terminar. Esos elementos que necesita la magia para convertir una idea en literatura son: imaginación, constancia, lecturas y muchas, pero muchas tachaduras y correcciones interminables que hay que aprender a intuir dónde alcanzaron su fin. Y la consecuente prosecución de ejercicios que permiten visualizar lo que antes pasaba de largo.

Con Beatriz Elías ocurrió eso, y por eso ya está involucrada en este viaje sin paracaídas que la llevará a donde ella quiera ir, contando todo lo que quiere contar y diciendo todo lo que quiere decir con el incomparable sabor de todo lo nuevo que se comienza sin saber cuándo ni dónde culminará.

Aquí, sus primeros pasos en cuanto a publicación. A disfrutarlos.

 

Raúl Astorga

 

 

 

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-Relato de Beatriz Elías (Tallerista de "Otro cielo")-

 

Nuevas experiencias

Después de largos debates, discusiones interminables, campañas de proselitismo a favor de una u otra opción , comparación de presupuestos, solicitudes de autorización denegadas y aprobadas que pusieron de relieve la eficacia de nuestra pequeña máquina burocrática y desnudaron antiguas rivalidades y enconos entre los protagonistas, ganó la consigna ¡arriba la fibra, abajo la tiza! Y llegué yo, el nuevo pizarrón del aula. Pocos soberanos y estrellas de cine pueden presumir de mejor recibimiento. No hubo profesor que no suspirara de alivio ante mi presencia, agradeciendo al cielo, al destino, a los ángeles, al Dios de su preferencia mi tan demorada adquisición. Tan auspicioso comienzo auguraba una ardua y prolífica tarea. Me desvío del relato para develarle un secreto que sólo yo y el administrador sabemos, no soy nuevo. Fui rescatado a precio irrisorio de una escuela, que por falta de presupuesto cerrò. Esa circunstancia de mi vida me permitió compartir momentos con viejos camaradas jubilados que en nuestras largas horas herrumbrados en el rincón del sótano me hablaban sobre los antiguos buenos tiempos. Y detallada, repetidamente me contaron lo aprendido. Mi expectativa por ende, era grande ¡cuànto iba a aprender acà! Sin embargo, todo fue diferente. Lejos de los esperados debates y nuevos conocimientos, sorprendido escucho que ante las preguntas del docente, no saben quiènes fueron las damas mendocinas, no escucharon hablar de Hitler ni mucho menos Urquiza, que afortunadamente , sí saben que es una calle. De golpe me siento extraño porque soy yo el que no conoce esos pequeños aparatos que teclean a diario, a veces disimuladamente, otras con descaro. -Ustedes especularán que tanto desgano y apatía se deben a mi mala suerte, imaginando que mi destino fue un aula de escuela secundaria rodeado de aburridos adolescentes agobiados o en el otro extremo infantes que aterrorizan a su maestra. Lamento decepcionarlos. Estoy en un aula de nivel terciario en una universidad privada.-

Beatriz Elías

 

 

 

 

 

 

01/08/2013 19:40 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Bienvenido, Jhon Francis Peña Arévalo

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IDEOLOGÍA

Respirar sobre el aliento de la vida.

Comer los pétalos de alguna flor en primavera.

Tomar de bruces el sol,

sobre la pista de cualquier ciudad.

Me llamarían loco, pues tienen razón.

Estoy loco por disfrutar de mí.

Dormir con un gato sobre mi pecho.

Correr desnudo en la madrugada,

mientras todo el mundo duerme.

Escribir un poema, sin saber que escribir.

Pintar la ira con una protesta en las calles.

Gritar en alguna esquina lo que siente un vagabundo.

Me tildarían de insurgente,

yo contestaría que lo aprendí del Che Guevara.

Caminar con un perro en cualquier playa solitaria.

Ayudar al pobre y al rico, que es el más pobre.

Regalar todo lo que tengo, hasta quedarme sin mí.

Dejar que un niño me recete

algún medicamento en contra de la depresión.

Dirán que soy un soñador

o que sufro de delirio de grandeza.

Respondería que todo lo que existe

ha comenzado en un sueño.

 

Jhon Francis Peña Arévalo (Chulucanas – Perú, 1984).

Ha publicado un libro de cuentos “Hablando con la Soledad” – 2011 editorial J&M. y en el 2012 ha ocupado el tercer lugar en el “I concurso de microcuentos Lebu en pocas palabras” – Chile. Se ha reeditado dos poemarios, Dos lunas, O editores – 2007, y  Psicoanálisis de un poema, O editores – 2008, y por último, se menciona el galardón en el I Concurso de Poemas Temáticos en la Red Social de Poesía: "El mar".

 

 

01/08/2013 19:43 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 8 comentarios.

Falleció Renzo Antonelli

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Acá la tristeza, con Renzo el amor total.

 

03/08/2013 02:31 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Poema: Yoli Rotenberg

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                     E X T A S I S

 

Ahora que la tarde ya se vistió de invierno

y el frío se estremece detrás de nuestro ardor,

mientras al aire vibren acordes de Beethoven

y en arco iris ardan las leñas del hogar,

habrá en mi voz un ronco murmullo de alboradas,

será la alfombra roja un tálamo ritual.

 

 

Desplaza en cada hueco, por todos mis rincones,

tus labios y tu lengua desmayados de amor.

Registra aquellos pliegues ocultos, misteriosos,

con tu cálido aliento, con tu roce sensual.

 

 

Divídime en retazos, en flecos, en encajes,

que cuando al fin mi centro, sucumbe ante tu empuje,

y desborde en gemidos, y te bañe de miel...

intregraré mi cuerpo, mi corazón y alma,

y seré golondrina que regresa a su fuente

para beber en ella, la paz de la verdad.

 

 

             YOLI  ROTENBERG

 

08/08/2013 06:26 Betty Badaui Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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